La asamblea celebrada por la CUP ha dejado un regusto muy amargo en la sociedad catalana. No sólo en la política, sino en muchos sectores de la sociedad, legítimamente cansados de una situación a la que cuesta encontrar una explicación y que ha acabado por agotar a defensores y contrarios del pacto entre Junts pel Sí y los diez diputados cuperos. Si apresurado fue sumar, sin más, a los parlamentarios de la CUP al bando independentista de JxSí, mucho más difícil de explicar resulta que una de las dos mitades de la organización haga todo lo posible y más para impedir que se alcance un acuerdo.
Era impensable que una asamblea de más de 3.000 personas, que se había convocado para decidir cosas tan importantes como el inicio formal de la legislatura, la investidura de un presidente de la Generalitat, un nuevo gobierno en Catalunya y el desarrollo de la polémica resolución de desconexión aprobada por el Parlament el pasado mes de noviembre, se cerrara en falso. Sin una decisión definitiva. Cierto que acabó en empate –un muy sorprendente empate a 1.515 votos, que ha despertado todo tipo de suspicacias–, pero al día siguiente de la asamblea no se entiende muy bien por qué no se celebró en Sabadell una segunda votación, que hubiera podido despejar los votos nulos o en blanco, el número de los cuáles, por cierto, también se desconoce aún. Y cuesta de entender que una fuerza política que se define como asamblearia traslade a órganos de decisión mucho más reducidos la sentencia final.
Un lector me trasladaba ayer una referencia al tarot para entender la cabalística del resultado de la votación de los delegados de la CUP: 1515 a 1515. Y ponía el acento en que eran cuatro números quince, que es la carta del diablo, y en la que el maligno empuña una espada con la mano izquierda. El demonio alado saca la lengua y saluda, lo que se interpreta como una burla. Los lectores siempre son muy inteligentes y Jordi sabe que en el plano material el significado del quince es la ley de la entropía, el agotamiento progresivo de las energías. Burla y agotamiento. Aquí es donde estamos.