Dicen de manera muy apócrifa que, en el siglo XV, cuando reinaba el abuelo de Isabel la Católica, había una mujer en León, casada con un judío converso, que admiraba de una manera irracional las virtudes del arroz. Lo consideraba la cura de todos los males, la gran panacea. Pero cuando estaba en el lecho de muerte, y por más que le preguntaran, no tuvo fuerzas para contestar si quería su plato preferido. Y se murió.

El día 13, a las 12, el espíritu de Isabel la Católica volverá a Madrid, en la plaza de Colón, convocado por una pareja de reliquias políticas, Rosa Díez y Fernando Savater, suministradores habituales, de coartadas para la kermeses de las tres derechas que se confunden, cuando se trata de Euskadi y Catalunya, en la ultraderecha de la caspa y el guerrero del antifaz. Si no existieran Díez y Savater, los ultras más ultras los tendrían que inventar. Desde la foto de Colón original en febrero del 2019, han pasado más de dos años, aunque ahora la podríamos confundir con un fotograma de unos walking dead vestidos de Armani. Desde el 2019 UpyD ha pasado a mejor vida, Ciudadanos sufre una especie de narcolepsia debilitante que cada día lo empeora, y tampoco va demasiado fuerte el partido de las gaviotas que se ha comportado, dicen desde algún tribunal, como una organización criminal constituida o utilizada para cometer delitos, con centenares de cargos procesados por actividades criminales: todos los antiguos tesoreros y una gran parte de las direcciones locales, autonómicas y estatales hasta la última imputación, la de María Dolores de Cospedal, pseudomadre política nutricia del actual presidente del PP, Pablo Casado. Pero las ultraderechas se suman el 13 a Colón, y todo sea para que los tres Jordis, Carme, Dolors, Oriol, Raül, Quim y Josep se pudran en prisión.

Si también vas a Colón, Cayetana, Maripili o Catalina, no olvides repasar las últimas conversaciones de sobremesa de tu cuñado y los mejores disparates de ForoCoches. Y haz una ojeada a los chats de militares y jusapols sobre el número óptimo de balas para demócratas. Te irá bien para tener conversación. Y pon cara de horror, estilo Munch, cuando te digan que con los indultos Pedro Sánchez y su gobierno reconocen de hecho que en el Estado hay presos políticos... (¿Presos políticos? ¡Vade retro! Solo hay que mirar las caras de los convocados a Colón para entender que Ñ es más que una democracia gloriosa y llena). Pero por más que te preocupes, nunca alcanzarás el grado de sofisticación de los actuales don Pelayo cuando aseguran que "todo es ETA" o, con puño americano bien encajado y la Taser en la riñonera, afirman que: "no nos engañan, Cataluña es España".

Sigue siendo un elaborado misterio que en el siglo XXI haya gente que confíe, de manera tan llena y con tanta facilidad, en los eslóganes del primer estafador que pide su firma para hacer daño, y acepta que se halaguen sus instintos más viscerales y primarios

Rosa Díez hace una gran campaña de convocatoria. En varias entrevistas ha tildado la conducta de Pedro Sánchez como propia de un psicópata porque detecta lo que se conoce como la Tríada Oscura': la psicopatía, que sería una capacidad de empatía muy limitada y propia de personas que no tienen remordimientos; el maquiavelismo, o sea, la práctica del cinismo para satisfacer sus intereses; y el narcisismo de la personalidad vanidosa que se cree que merece mucho más de lo que ha conseguido. Todo eso, nos dice la exUpyD, define a Pedro Sánchez. Y no seré yo quien le defienda, pero me da vergüenza ajena leer esta interpretación psicoanalítica de quien también cabe perfectamente en la descripción, y sin ni una sola referencia a la herida narcisista que viene sufriendo desde que tuvo que abandonar su escaño en el Parlamento Europeo para el PSOE por discrepar con Rodríguez Zapatero sobre el proceso de paz en Euskadi. Ella defendía la derrota de ETA por las armas. Aunque costara mucho más dolor, tiempo de angustia, y muertes. A Rosa Díez tanto le daba: ella es la némesis implacable, la defensora vengativa de la suya patria: una, grande, y libre. Pero, sobre todo, UNA. Y, además, uninacional e indivisible.

Ahora Catalunya ocupa, por gente como Rosa Díez, el objetivo de todas las iras. Y mucha gente —demasiada— anhela hacer los coros de la inflamada habladuría. Sobre todo, los que van ganando escaños trepando sobre la xenofobia, la homofobia y el racismo. Sigue siendo un elaborado misterio que en el siglo XXI haya gente que confíe, de manera tan plena y con tanta facilidad, en los eslóganes del primer estafador que pide su firma para hacer daño, y acepta que se halaguen sus instintos más viscerales y primarios. Incluso la Catalina de mediados del siglo XV, la que nos dicen que creía en las virtudes terapéuticas del cereal, entendería perfectamente la sórdida burla.

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