La semana pasada escribí un artículo en el que, haciéndome eco de unas contundentes declaraciones de Lluís Llach en la radio, advertía de que si no se aprobaban los presupuestos no sólo se marcharía él sino que nos marcharíamos muchos más. El sí definitivo de la CUP a los presupuestos, porque nada se vota condicionalmente, imprime un poco de cordura en la política catalana. Ahora el Govern no tendrá excusa para no poner rumbo hacia el referéndum y ejecutar las políticas que crea convenientes, pues mientras tanto no se celebra el referéndum la ciudadanía debe sentirse gobernada y el estado del bienestar debe funcionar correctamente.

La credibilidad del soberanismo catalán hacia el exterior pasa por no dar permanentemente la sensación de estar en crisis. El mundo independentista es plural ideológicamente, lo que es muy normal y saludable, pero estaría bien que se evitarse dar la sensación que esta pluralidad lo fragmenta. Las disputas entre Junts pel Sí y la CUP desde el 27-S han debilitado el independentismo. Entre los independentistas se detecta un cansancio muy generalizado provocado por la irresponsabilidad de los políticos. La buena gente que ha llenado las calles año tras año está harta de sectarismos. Los mesías de la revolución son, en un contexto como éste, manifiestamente anti-revolucionarios. No voy a atizar el fuego de la discordia, porque no conviene, pero tengo la sensación de que mucha gente ya ha visto lo que ha pasado e incluso entre los militantes de la CUP hay grupos que han abierto los ojos.

Ya se sabe que los jerarcas europeos son prácticamente todos de la cuerda de Mariano Rajoy. O sea que hay que andar con mucho tiento y cometer pocos errores

Los ocho o nueve meses que el Govern tiene por delante para organizar el referéndum serán fundamentales. Es necesario estabilizar la política catalana para recuperar la confianza y el optimismo del pueblo, en especial porque el PP en Madrid es cada vez más fuerte, teniendo en cuenta la crisis del PSOE, que está en estado de descomposición, como ya les pasó a los laboristas británicos y a los socialistas franceses, y de que la nueva izquierda retoma la vieja práctica comunista de dividirse por el control del aparato del partido, que es el único poder que realmente les interesa. El PP, además, se beneficia de la coyuntura internacional que amenaza a la UE. Y ya se sabe que los jerarcas europeos son prácticamente todos de la cuerda de Mariano Rajoy. O sea que hay que andar con mucho tiento y cometer pocos errores.

Es verdad que el movimiento independentista tiene un problema de liderazgo grave, que se debe, en parte, a la descapitalización, forzada o voluntaria, de la presidencia de la Generalitat. Parece increíble que el presidente, que para muchos es el guía del país, haya fomentado él mismo la debilidad de su mandato con el insistente anuncio, para mí innecesario, de que no va a seguir en el puesto. Ya fue un trauma el veto de la CUP a la investidura de Mas, por lo que hubiese sido mejor no meter más presión. Por el contrario a lo que se pueda pensar, este anuncio no fortalece al president. Al contrario. Como pasa con los presidentes de los EE.UU. en el último año de su segundo mandato, la insistencia del president Puigdemont por repetir que se va lo convierte en un “pato cojo”, ese “lame duck” presidencial norteamericano que pierde autoridad. Obama lo tenía muy claro: “En seis meses seré un pato cojo, lo cual implica que el Congreso podrá rechazar mi autoridad y que sus líderes no contesten mis llamadas”. Más claro, el agua.

Cada sector se comporta como se comporta, y por lo que parece en Catalunya los electores moderados aprecian los liderazgos fuertes

Cuando un presidente está a punto de finalizar su mandato, todo el mundo está más pendiente de su sucesor que de él. No le demos más vueltas, porque el mal ya está hecho y no lo podemos evitar. Pero estaría bien que la diligencia del PDeCAT consiguiera dar confianza a los electores moderados con la aparición de un liderazgo claro que evitara el regreso al pasado. Les conviene cirugía de verdad, porque del mismo modo que para ganar el referéndum es necesario convencer a los electores de los comunes y desistir de convencer a sus dirigentes, para recuperar a los electores moderados hoy abstencionistas es necesario que el PDeCAT salga de la inestabilidad. Cada sector se comporta como se comporta, y por lo que parece en Catalunya los electores moderados aprecian los liderazgos fuertes.

En fin, el día siguiente de la aprobación definitiva de los presupuestos no habrá excusas de ningún tipo. O se cumple con lo que se prometió en su día o bien nos rendimos sin paliativos, que es lo que desean firmemente los unionistas. Entretanto, sin embargo, tendríamos que evitar repetir episodios como el del ex-juez Santi Vidal. Los bocazas no se expresan con libertad, simplemente charlan y charlan por irresponsabilidad y delirio. El independentismo necesita líderes políticos y no iluminados que se creen que los conflictos se resuelven vía Twitter o explicando fantasías. Eso sólo puede permitírselo Donald Trump, que es el mandamás del imperio, y sin embargo los efectos negativos de su comportamiento los ve todo el mundo.

José Antich
Editorial Rumbo referéndum José Antich