Muchos conductores lo hacen sin darse cuenta: inclinarse hacia delante al adelantar es un gesto de ansiedad

Hay conductores que lo hacen constantemente sin ser conscientes de ello. Basta con observar el interior de algunos coches cuando llega una maniobra delicada. El conductor se acerca al volante, adelanta ligeramente los hombros y fija la mirada en la carretera. Suele ocurrir al adelantar, al incorporarse a una autovía o al circular por una zona con mucho tráfico. Aunque parezca un gesto sin importancia, los expertos en comportamiento al volante aseguran que puede ser una señal de tensión, estrés o incluso ansiedad.

La explicación tiene mucho que ver con la forma en que nuestro cerebro interpreta determinadas situaciones. Cuando percibe un posible riesgo, activa mecanismos automáticos de alerta. El cuerpo responde preparándose para reaccionar más rápido. Es entonces cuando algunas personas se inclinan hacia delante de forma involuntaria. Lo hacen buscando una mayor sensación de control sobre lo que ocurre a su alrededor.

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Conductor EuropaPress 

Acercarse al parabrisas reduce el campo de visión

Curiosamente, acercarse al parabrisas no mejora la visión. De hecho, puede provocar el efecto contrario. Al reducir la distancia respecto al volante y al cristal delantero, el conductor tiende a concentrarse únicamente en el vehículo que tiene delante o en el hueco por el que pretende adelantar. Esto limita el campo visual y dificulta la percepción global del entorno. El cerebro cree que está obteniendo más información, pero en realidad está perdiendo perspectiva.

Los psicólogos especializados en conducción explican que este comportamiento suele aparecer en momentos de elevada exigencia mental. Un adelantamiento en una carretera secundaria es un buen ejemplo. También ocurre cuando se circula por una gran ciudad, bajo una intensa lluvia o en situaciones desconocidas. El conductor aumenta su nivel de concentración y el cuerpo reacciona modificando la postura de forma automática.

Hacer este gesto involuntariamente es señal de estrés y ansiedad al volante

El problema es que esa posición genera todavía más tensión muscular. Los hombros se cargan. El cuello se contrae. Los brazos se vuelven más rígidos. Todo ello puede incrementar la sensación de nerviosismo y crear un círculo poco recomendable. Cuanto más estrés percibe el conductor, más se inclina hacia delante. Y cuanto más se inclina, mayor es la sensación de alerta.

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Conductor con tensión cervical

Por suerte, corregir este hábito es sencillo. Los especialistas recomiendan mantener la espalda completamente apoyada en el respaldo. También es importante regular correctamente el asiento. Las piernas deben quedar ligeramente flexionadas y las muñecas deben poder apoyarse sobre la parte superior del volante sin necesidad de estirarse. Una postura adecuada favorece una conducción más relajada y segura.

Además, conviene practicar una conducción basada en la anticipación. Mirar lejos, observar el tráfico con amplitud y respirar con calma ayuda a reducir la tensión. Si en algún momento te sorprendes acercándote al volante durante un adelantamiento, quizá no sea un problema de visión. Puede que tu cuerpo simplemente te esté avisando de que estás conduciendo con más ansiedad de la que crees.