Cuando llega el verano, muchos propietarios de un coche eléctrico descubren que la autonomía ya no es la misma que durante la primavera. Es una situación que sorprende, porque existe la creencia de que el gran enemigo de las baterías es el frío. Sin embargo, numerosos mecánicos y especialistas explican que las altas temperaturas también afectan al rendimiento de estos vehículos. En algunos casos, incluso pueden provocar una pérdida de autonomía más acusada que durante el invierno.
La primera explicación está en el propio funcionamiento del vehículo. Cuando el calor aprieta, la batería necesita mantenerse dentro de una temperatura adecuada para evitar daños. Para conseguirlo entra en funcionamiento el sistema de refrigeración, que consume parte de la energía almacenada. Esa electricidad deja de utilizarse para mover el coche y, por tanto, la autonomía disminuye. Los expertos recuerdan que la temperatura ideal para que una batería trabaje con normalidad suele situarse entre 25 y 30 grados.

Los coches eléctricos consumen más recursos en verano
A ello se suma otro factor habitual durante los meses de verano: el uso continuo del aire acondicionado. Mantener fresco el habitáculo también requiere energía, especialmente cuando el vehículo ha permanecido aparcado durante horas al sol. Dependiendo del modelo y de las condiciones de circulación, este consumo adicional puede reducir la autonomía entre un 20 y un 30 %, sobre todo en trayectos urbanos o cuando las temperaturas exteriores son muy elevadas.
Los viajes de vacaciones tampoco ayudan. Es habitual circular con el maletero completamente lleno, varios pasajeros y, en ocasiones, incluso un cofre de techo o portabicicletas. Todo ese peso extra obliga al motor eléctrico a realizar un mayor esfuerzo. Además, cualquier elemento que empeore la aerodinámica incrementa el consumo energético, reduciendo todavía más la distancia que puede recorrerse con una sola carga.
Cuando el termómetro supera los 35 grados, muchos fabricantes programan el sistema para proteger la batería limitando parte de su rendimiento. Según los especialistas, la autonomía puede reducirse entre un 5 y un 15 % solo por este motivo. En situaciones extremas, con temperaturas superiores a 40 grados, esa pérdida puede acercarse o incluso superar el 20 %, dependiendo del vehículo y de las condiciones de uso.

Consejos a tener en cuenta para conservar la batería en verano
Los mecánicos también recuerdan que el calor no solo afecta a la autonomía de los coches eléctricos. En los vehículos con baterías convencionales de plomo-ácido, las altas temperaturas aceleran la evaporación del electrolito, favorecen la corrosión interna y aumentan la autodescarga. El problema suele pasar desapercibido durante el verano y se manifiesta meses después, cuando llega el primer episodio de frío intenso y el coche ya no consigue arrancar.
Por todo ello, los profesionales recomiendan adoptar algunas precauciones sencillas. Siempre que sea posible conviene aparcar a la sombra, evitar dejar el coche durante días expuesto al sol, utilizar la preclimatización mientras permanece conectado al cargador y revisar periódicamente el estado de la batería.