Ducati ha decidido recuperar en los test de pretemporada uno de los recursos aerodinámicos más reconocibles de su etapa reciente: las denominadas alas de libélula. La pieza, que fue determinante en los títulos mundiales de Pecco Bagnaia en 2022 y 2023, ha vuelto a aparecer en la horquilla delantera de la Desmosedici. Sin embargo, el regreso del considerado mejor invento de Gigi Dall’Igna no ha contado con el respaldo de quien hoy lidera el proyecto deportivo de la fábrica italiana. Marc Márquez ha rechazado montar las alas en la nueva Ducati.

Las alas de libélula son dos pequeños alerones biplano, finos y de diseño aparentemente simple, ubicados en la zona inferior del frontal. Su función es generar carga aerodinámica adicional en frenada y aportar estabilidad en el momento crítico de entrada en curva. En su momento representaron una solución innovadora que ayudó a consolidar el dominio técnico de Ducati, ofreciendo mayor aplomo al tren delantero en situaciones límite.

A comienzos de 2024, la fábrica optó por abandonar este recurso, integrando la carga aerodinámica en soluciones más complejas dentro del carenado. Por eso llama especialmente la atención que en los test de Sepang se haya decidido rescatar una pieza que parecía archivada definitivamente. En un entorno donde las pruebas suelen centrarse en novedades radicales, recuperar un concepto del pasado no es una decisión menor.

Una ayuda para la moto, no para el campeón

Todos los pilotos Ducati probaron las alas de libélula durante las jornadas de test. Todos salvo Márquez. En ninguno de los prototipos utilizados por el campeón apareció la pieza, ni siquiera a modo de evaluación comparativa. La ausencia no pasó desapercibida, sobre todo por el contexto técnico en el que se produce.

Marc Márquez Ducati / Foto: Zuma - Stephen Blackberry
Marc Márquez Ducati / Foto: Zuma - Stephen Blackberry

La GP25 fue una moto extrema. Su comportamiento agresivo en frenada y su exigencia constante en el tren delantero la convirtieron en un prototipo difícil de domar para la mayoría. Solo Márquez logró exprimirla con regularidad, adaptándose a un carácter que para otros resultó indomable. En este sentido, el rescate de las alas de libélula puede interpretarse como un intento de Dall’Igna de suavizar ese comportamiento y ampliar la ventana de uso del conjunto.

Si la pieza en el pasado aportó estabilidad adicional y ayudó a construir una moto más predecible, su recuperación ahora apunta a la necesidad de hacer la Ducati más dócil. No se trata de una revolución, sino de una herramienta para ofrecer mayor margen a quienes sufrieron con la radicalidad de la versión anterior.

Para Márquez, esa ayuda podría no ser necesaria. Su estilo se basa precisamente en convivir con un tren delantero vivo, explotando el límite del neumático y corrigiendo la trazada en plena inclinación. Si la moto ya le ofrece las sensaciones que necesita, añadir un elemento que modifique el equilibrio no aporta un beneficio claro.

Una decisión que define el rumbo técnico

El gesto del español no es anecdótico. No es ningún secreto que su opinión tiene un peso determinante en el desarrollo actual de la Desmosedici. Cuando el piloto de referencia descarta una solución sin siquiera probarla en pista, la viabilidad futura de esa pieza queda en entredicho.

La recuperación de las alas podría parecer un guiño hacia Bagnaia o hacia otros pilotos que encontraron en ellas un aliado decisivo en temporadas anteriores. Sin embargo, el movimiento responde también a una lectura estratégica más amplia. Ducati comprobó lo arriesgado que resulta depender de un único piloto capaz de dominar una moto extremadamente exigente.

Lo destacable en este caso es que el mejor invento reciente de Dall’Igna no encaja automáticamente en el proyecto actual. La fábrica busca ampliar la competitividad del conjunto, pero el líder deportivo no percibe la necesidad de ese ajuste. La nueva Ducati se construye sobre las sensaciones de quien marca la diferencia en pista, y si Márquez no necesita las alas de libélula, su continuidad en la GP26 pierde fuerza.

En plena pretemporada, cada decisión técnica envía un mensaje. El rechazo del campeón no solo cuestiona la utilidad del invento rescatado, sino que confirma quién tiene la última palabra en la evolución de la Desmosedici.