La Dirección General de Tráfico ha activado un nuevo incentivo formativo que permite a los conductores sumar hasta dos puntos adicionales en su permiso de conducir mediante la realización de un curso voluntario de conducción segura y eficiente. La medida está dirigida tanto a usuarios de turismos como de motocicletas y forma parte de la estrategia para reforzar la seguridad vial a través de la formación continua.
No es ningún secreto que el sistema de permiso por puntos ha contribuido a modificar hábitos al volante desde su implantación. En este contexto, la posibilidad de incrementar el saldo mediante formación específica introduce un enfoque preventivo que va más allá de la mera sanción. La obtención de los puntos adicionales está sujeta a requisitos concretos y en ningún caso permite superar el límite legal de 15 puntos.
Para poder beneficiarse de esta bonificación es necesario ser titular de un permiso de conducción en vigor, que esté correctamente inscrito en el Registro de Conductores e Infractores, y disponer de un saldo positivo de puntos. Aquellos conductores que ya cuenten con el máximo permitido podrán realizar igualmente el curso, aunque no verán incrementado su saldo.
Requisitos y estructura de la formación
El programa se divide en dos modalidades diferenciadas. Por un lado, el curso para turismos está reservado a titulares del permiso B. Por otro, la modalidad para motocicletas se dirige a conductores con permisos AM, A1, A2 o A. Cada curso puede realizarse una vez cada dos años, y los puntos obtenidos se suman hasta alcanzar el máximo legal establecido.

La duración mínima de la formación es de seis horas y se imparte de forma presencial, combinando contenidos teóricos y prácticos. En la parte teórica se aborda una introducción al fenómeno de la siniestralidad vial, revisando conceptos actuales sobre accidentes e incidentes y desmontando creencias erróneas que todavía persisten en torno a la conducción.
El temario incluye reglas de seguridad estructuradas en torno a la observación, la comunicación con otros usuarios, la toma de decisiones y la posición en la vía. Se presta especial atención a la gestión de la velocidad y las distancias de seguridad, así como al cumplimiento normativo y la correcta interpretación de la señalización. También se tratan cuestiones como la anticipación, las distracciones, la conducción nocturna o en condiciones meteorológicas adversas y los riesgos asociados al consumo de alcohol y otras sustancias.
En este sentido, la formación no se limita a aspectos técnicos, sino que incorpora la protección de usuarios vulnerables y la adaptación a los nuevos escenarios de movilidad urbana. Se analizan igualmente las comprobaciones básicas del vehículo, con especial referencia al estado de los neumáticos y otros elementos clave para la seguridad.
Prácticas en circuito y tráfico real
La parte práctica se desarrolla en dos fases diferenciadas. La primera tiene lugar en circuito cerrado y cuenta con una duración mínima de dos horas. En ella se trabaja la correcta instalación en el vehículo, incluyendo la posición de conducción, la regulación de los mandos y el uso adecuado del cinturón de seguridad y de los sistemas avanzados de asistencia.
Durante esta fase se realizan ejercicios específicos como frenadas con ABS en línea recta y con maniobra de esquiva, tanto en seco como en mojado, así como pruebas de slalom y demostraciones sobre la distancia recorrida tras una frenada a distintas velocidades. Estas prácticas permiten visualizar de forma directa la importancia de la anticipación y el control del vehículo en situaciones críticas.
La segunda parte se desarrolla en vías abiertas al tráfico durante un mínimo de dos horas y quince minutos. Con un máximo de tres alumnos por vehículo, cada participante conduce al menos 45 minutos mientras el monitor realiza una evaluación continua y corrige posibles errores. Se trabajan escenarios interurbanos y urbanos, desde incorporaciones y adelantamientos hasta intersecciones, glorietas y convivencia con peatones, ciclistas y vehículos de movilidad personal.
Lo destacable en este caso es que la bonificación de puntos actúa como estímulo añadido, pero el eje central de la medida reside en consolidar una conducción más segura y eficiente. La formación continua se posiciona así como herramienta clave de la DGT para reducir la siniestralidad y mejorar el comportamiento al volante en todo tipo de entornos.