La movilidad eléctrica se ha consolidado como uno de los ejes principales de la transición energética en el transporte. Sin embargo, el debate sobre la sostenibilidad ya no se limita al tipo de motorización. La Dirección General de Tráfico estudia nuevas fórmulas para reducir la congestión y las emisiones asociadas al tráfico, poniendo el foco no solo en el vehículo, sino también en su nivel de ocupación.
La idea que se analiza pasa por desincentivar el uso del coche con un único ocupante, incluso cuando se trata de un modelo eléctrico. El objetivo no es penalizar la electrificación, sino fomentar un mayor aprovechamiento de cada desplazamiento mediante vehículos más ocupados.
Más ocupación, menos congestión
En las grandes áreas metropolitanas, una parte significativa de los trayectos diarios se realiza con un solo conductor a bordo. Este patrón multiplica el número de vehículos en circulación, incrementa la densidad del tráfico y eleva la presión sobre las infraestructuras viarias.
En este sentido, la DGT plantea medidas que favorezcan el uso compartido del automóvil. La estrategia no es nueva en Europa y se basa en premiar a los vehículos con varios ocupantes mediante ventajas específicas, al tiempo que se restringe o encarece el acceso de coches con un único pasajero en determinadas zonas o franjas horarias.

Lo destacable en este caso es que el planteamiento incluye también a los coches eléctricos. Aunque estos no emiten gases contaminantes durante la circulación, sí ocupan espacio, generan congestión y contribuyen a la saturación urbana cuando se utilizan de forma individual.
La medida podría materializarse a través de carriles reservados para vehículos de alta ocupación, restricciones de acceso a determinadas áreas o incluso sanciones en contextos concretos donde se priorice la movilidad colectiva frente al uso individual del automóvil.
Un cambio de enfoque en la política de tráfico
Durante años, las políticas públicas han incentivado la sustitución de vehículos térmicos por eléctricos como herramienta principal para reducir emisiones. Sin embargo, la congestión urbana y el uso ineficiente del espacio han llevado a replantear el enfoque. No es ningún secreto que un coche eléctrico con un solo ocupante sigue siendo, desde el punto de vista del tráfico, un vehículo más en la vía.
Cabe destacar que la filosofía que se estudia no pretende castigar al conductor individual de forma generalizada, sino promover alternativas como el coche compartido, el transporte colectivo o la combinación con otros modos de movilidad.
En las grandes ciudades, donde el espacio es limitado y la demanda de desplazamientos elevada, aumentar la ocupación media de los vehículos podría reducir significativamente el número total de coches en circulación sin necesidad de ampliar infraestructuras.
El debate se sitúa así en un terreno más amplio que el puramente tecnológico. La transición hacia una movilidad más sostenible no depende únicamente del tipo de motor, sino también del modo en que se utilizan los vehículos. Fomentar coches más llenos, incluso cuando son eléctricos, responde a una lógica de eficiencia global del sistema de transporte y de optimización del espacio público.