La seguridad en los vehículos eléctricos vuelve a situarse en el centro del debate tras la difusión de un vídeo en el que un coche eléctrico comienza a arder pocos segundos después de un impacto que, a simple vista, no parecía especialmente grave. En las imágenes se aprecia cómo el conductor intenta abrir las puertas traseras para rescatar a tres pasajeros atrapados en el interior, pero los mecanismos no responden ni desde fuera ni desde dentro. Finalmente, la rotura de una ventanilla permite la evacuación instantes antes de que el fuego se propague por completo.

El episodio ha reactivado la discusión sobre el funcionamiento de las puertas en determinados modelos eléctricos. El mecánico Ángel Gaitán ha advertido públicamente que “Las puertas de coches eléctricos tienen un peligro extra en los accidentes”, señalando la dependencia eléctrica de algunos sistemas de apertura como un posible factor de riesgo en situaciones críticas.

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El suceso, todavía bajo investigación, pone el foco en una tendencia creciente en el diseño automovilístico: la sustitución de mecanismos puramente mecánicos por soluciones electrónicas, más integradas y sofisticadas, pero también más dependientes del suministro energético del vehículo.

Sistemas electrónicos y vulnerabilidad tras un impacto

Cada vez más coches, tanto eléctricos como de combustión, incorporan manillas enrasadas con la carrocería o sistemas de apertura mediante pulsadores electrónicos. Estos mecanismos, alimentados por la batería auxiliar de 12 voltios, permiten diseños más limpios y mejoras aerodinámicas, además de integrar funciones de acceso sin llave y bloqueo automático.

El inconveniente aparece cuando, tras un accidente, la alimentación eléctrica se interrumpe. Si la batería auxiliar resulta dañada o el sistema se desconecta por seguridad, las manillas pueden quedar inoperativas. En condiciones normales, esta arquitectura no supone un problema, pero en un escenario de emergencia puede dificultar la evacuación rápida.

En algunos diseños, las manillas permanecen ocultas y solo se despliegan electrónicamente al detectar la presencia de la llave o al accionar el mando interior. Si el sistema no recibe energía, el mecanismo no actúa. La consecuencia puede ser que las puertas no se abran con el procedimiento habitual, generando confusión en un momento de elevada tensión.

Muchos fabricantes incorporan liberadores mecánicos de emergencia independientes del circuito eléctrico. Sin embargo, su ubicación y señalización no siempre resultan evidentes. En determinadas puertas traseras, estos sistemas pueden estar menos accesibles o requerir una acción poco intuitiva, lo que complica su uso cuando el tiempo es determinante.

La importancia de la preparación y los mecanismos de respaldo

La transición hacia vehículos cada vez más digitalizados obliga a prestar atención a los sistemas de respaldo. La presencia de un liberador mecánico claramente identificado y fácilmente accionable constituye un elemento esencial en materia de seguridad pasiva. Su efectividad, no obstante, depende de que los ocupantes conozcan su existencia y sepan cómo utilizarlo.

Por otro lado, la rotura de una ventanilla puede convertirse en la única vía de escape cuando las puertas no responden. Los cristales laterales están diseñados para fragmentarse en pequeños trozos al recibir un impacto concentrado, pero romperlos sin herramientas adecuadas no siempre resulta sencillo.

Cabe destacar que existen dispositivos específicos, como rompecristales con cortacinturón integrado o pequeños martillos de emergencia, pensados para facilitar la evacuación en situaciones extremas. Su reducido tamaño permite colocarlos en lugares accesibles del habitáculo, listos para ser utilizados incluso en posiciones incómodas o con movilidad limitada.

El avance tecnológico ha aportado importantes mejoras en eficiencia, conectividad y diseño, pero también introduce nuevos desafíos. La dependencia de sistemas electrónicos para funciones críticas exige que los mecanismos alternativos sean plenamente funcionales y accesibles. La advertencia de que “Las puertas de coches eléctricos tienen un peligro extra en los accidentes” subraya la necesidad de equilibrar innovación y seguridad, garantizando que la evolución del automóvil no comprometa la capacidad de respuesta ante una emergencia.