Como decía Warren Buffett, “el riesgo proviene de no saber qué se está haciendo”. En un mercado financiero intervenido, como el que vivimos,  el factor que debe medir el ahorro y las inversiones es el riesgo, no la rentabilidad. Los bancos centrales se han erigido en el mayor hedge fund del mundo anestesiando los tipos de interés y avivando la guerra de divisas en donde las devaluaciones de las monedas sirven para, al menos intentar, mantener la competitividad.

En el campo del ahorro los efectos están siendo devastadores. Sin depósitos y con el bono español rentando al 1,534% las posibilidades para los ahorradores para mantener su capital y conseguir rentas del mismo es casi un viaje a utopía. Acostumbrados a la “facilidad” de los depósitos y los bonos del Estado, los ahorradores se ven empujados hacia activos que sí pueden reportarles mayores rentabilidades pero sí asumiendo un riesgo hasta ese momento desconocido y no deseado por ellos.

Éxito para su dinero

Los inversores, por su parte, tienen como elemento a observar y gestionar la sensibilidad a la volatilidad en términos de cómo les afecta la variación extrema de los precios y su riesgo implícito. Tal y como señaló Danièle Nouy, presidenta del consejo de supervisión del Banco Central Europeo en su reciente comparecencia, "los recientes episodios de volatilidad revelan incertidumbre en parte de los inversores, no necesariamente respecto a la fortaleza de los bancos, sino más bien respecto a su rentabilidad".

Una de las consecuencias es que el largo plazo no existe. La gestión, incluso la pasiva, debe ser gestionada casi al día. Estableciendo límites a las pérdidas y ejecutando la venta cuando dicho límite se toca y “haciendo caja” de los beneficios a medida que se produzcan. Si deciden invertir siguiendo al índice y sentarse en el, hagan lo mismo que éste hace, esto es, acumular. Sólo así este ciclo será de éxito para su dinero.

Las oscilaciones en los precios, hoy en día, pueden ocurrir en cualquier momento y ser tan verticales como se quiera. Y muy pocos inversores están preparados para ello. Principalmente, porque las inversiones suelen hacerse a golpe del denominado consenso de mercado y del titular de prensa. Invertir en base a “chivatazos” es especular. 

Hacer los deberes

Cuando uno se acerca al mundo de la inversión lo aconsejable sería hacerlo con conocimiento de causa, es decir, habiendo hecho los deberes: escoger a qué empresa acompañar implica conocer su equipo directivo (observar si hay miembros fundadores en el mismo); entender el objeto social (esto es, a qué se dedica, cuál es su propuesta de valor… y, sobre todo, saberlo explicar); conocer las principales métricas financieras; ver al mercado al que se dirige y si tiene potencial de crecimiento… En caso de que no puedan hacerlo, igual sería mejor no acercarse al mercado. El acercamiento al mercado debe partir de la pregunta ¿cuánto estoy dispuesto a perder? Y ¿qué pasará en mi vida si pierdo ese dinero? 

La consolidación y crecimiento del patrimonio propio por las decisiones de ahorro e inversión realizadas requieren conocimiento y disciplina así como estrategias de gestión adecuadas a cada objetivo marcado. El conocimiento esencial que debe tenerse es el del riesgo y, especialmente, en estos momentos de mercado. La determinación del riesgo máximo a asumir es fundamental antes de de invertir su dinero en ningún sitio y, lo más importante, debe actuarse consecuente y conscientemente. Tener prisas hoy en día por temor a perder oportunidades e ir a remolque de los titulares puede traer consecuencias desastrosas. 

El petróleo, China, la ingobernabilidad de España, los mercados emergentes,… siempre habrá motivos para la inestabilidad (en un mundo de humanos, ¿qué esperamos?) y, por lo tanto, para el ruido: muchos hablando de gráficos, tendencias, momentos… Aquello que permanece y que es necesario proteger es el individuo que sigue siendo el mismo y, así con él, su perfil de riesgo (que sólo puede mudar por variaciones en las situaciones personales: nacimiento de un hijo, divorcios, jubilación,…).

Tres preguntas

Las tres preguntas claves que deben responder en todo momento son:

Primera. ¿Qué porcentaje de mi dinero estoy dispuesto a perder?

Segunda. Ante una variación de los precios de mis activos, ¿qué hago?

Tercera. ¿Qué porcentaje del dinero invertido necesitará en los próximos meses?

 

Respuestas a la primera

a. de  0% a 10%

b. de 10% a 30%

c. de 30% a 60%

d. Más del 70%

 

Respuestas a la segunda

a. Vendo

b. Acumulo: hago una aportación adicional aprovechando la caída para bajar el precio de compra (promedio)

c. Nada

 

Respuestas a la tercera

a. Más del 70%

b. 30% - 60%

c. 10% -30%

d. 0% - 10%

 

Si en las tres preguntas la opción escogida es a no hay duda que su dinero debe estar en liquidez.

Fotografía de CC