Roberto Vannacci se ha convertido en un nuevo factor de presión para Giorgia Meloni dentro del espacio de la derecha italiana. El exgeneral, que en febrero abandonó la Liga de Matteo Salvini para fundar Futuro Nazionale, ha conseguido situar su formación por delante de los dos socios de gobierno de la primera ministra en algunos sondeos y amenaza con alterar los equilibrios de cara a las próximas elecciones.
Las encuestas recogidas sitúan a Futuro Nazionale en una horquilla que va del 7,5% hasta porcentajes de entre el 8% y el 12%, según el sondeo. Algunas estimaciones lo colocan por encima de la Liga y de Forza Italia, mientras Hermanos de Italia, el Partido Democrático y el Movimiento 5 Estrellas continúan por delante en otros estudios.
El ascenso de Vannacci llega después de que su formación haya incorporado varios cargos procedentes de partidos de la coalición gubernamental, especialmente de la Liga. El exgeneral ya había mostrado su capacidad de movilización en las elecciones europeas de 2024, cuando, integrado entonces en las listas de Salvini, obtuvo 555.980 votos.
Del "patriarcado mediterráneo" al endurecimiento de la inmigración
Futuro Nazionale ha reforzado ahora su perfil con la publicación de un amplio programa político. Entre sus propuestas hay un modelo social que Vannacci define como "patriarcado mediterráneo", orientado, según el mismo texto, a la "formación de hombres fuertes, capaces de dominar las emociones y las pasiones, protegiendo a las mujeres y ofreciéndose para la construcción y la defensa de la sociedad".
El programa plantea restringir la presencia de personas gais y LGTBI en la televisión entre las seis de la mañana y las once de la noche, eliminar el delito de feminicidio y las uniones civiles y dejar de considerar el aborto como un derecho. También propone limitar el acceso a la píldora del día después en los ambulatorios y vincular el número de hijos al número de papeletas de voto de que dispondrían los padres en las elecciones.
En materia migratoria, Futuro Nazionale defiende un plan de "remigración" de 22 puntos, la expulsión de los trabajadores extranjeros una vez finalizado el contrato laboral y el endurecimiento de los requisitos para obtener la ciudadanía. El partido quiere exigir 20 años de residencia, un examen de italiano y una declaración de asimilación a la civilización griega, romana y cristiana.
La formación también defiende dar preferencia en los permisos de entrada a ciudadanos procedentes de países de mayoría cristiana y plantea que los inmigrantes sean examinados por médicos militares en determinados procedimientos. En el ámbito penal, propone rebajar de los 14 a los 12 años la edad de imputación de los menores y revisar la normativa sobre tortura.
El exgeneral, antiguo comandante de una unidad paracaidista de élite y veterano de misiones en Irak y Afganistán, también apuesta por incrementar la presencia de las fuerzas armadas en la sociedad. Su programa prevé educación militar en los centros escolares, cursos de defensa y seguridad nacional en los institutos y campamentos de formación castrense para atraer jóvenes al ejército.
Rusia y la OTAN, la gran fractura con Meloni
La política exterior es otro de los puntos que separan a Vannacci de Meloni. El líder de Futuro Nazionale se opone al envío de armas y recursos a Ucrania y defiende restablecer canales con Rusia. Su programa insiste en la necesidad de reanudar las relaciones con Moscú, también con el objetivo de recuperar el acceso a energía más barata.
Vannacci fue agregado militar de la embajada italiana en Moscú entre 2020 y 2022, según una de las informaciones aportadas, mientras otra sitúa el inicio de este destino a principios de 2021. Ante esta discrepancia, no consta con precisión la fecha exacta de inicio de su período en Rusia.
El dirigente ha defendido que Futuro Nazionale mantiene una posición propia y evita aclarar si acabará integrándose en una futura coalición con Meloni. "Futuro Nazionale camina con sus propias piernas, corre solo, hace su propia política teniendo como principal interlocutor el centroderecha", afirmó en febrero durante la fundación del partido. Sobre posibles pactos, añadió que las alianzas de 2027 dependerán de las condiciones del momento.
Paralelamente, la formación afronta investigaciones judiciales. La Fiscalía Militar de Roma ha abierto diligencias a raíz de una denuncia presentada por un sindicato militar, mientras otra denuncia es examinada por la justicia ordinaria por un presunto intento de reconstrucción del partido fascista. Futuro Nazionale niega que existan incompatibilidades en la presencia de militares en activo entre sus dirigentes.
La investigación llega después de que durante agosto trascendieran mensajes de un grupo de WhatsApp vinculado a militantes y simpatizantes del partido con elogios a Hitler y Mussolini, comentarios antisemitas y racistas y llamamientos contra el orden constitucional. Vannacci se desvinculó de estos contenidos y la dirección de Futuro Nazionale aseguró que no representaban la línea política de la formación.
La reforma electoral, el nuevo frente de Meloni
El crecimiento del partido también incide en los planes de reforma electoral del gobierno. Meloni impulsa desde hace meses un cambio del sistema con el objetivo declarado de reforzar la estabilidad política, en un momento en que el actual modelo ya no le garantiza repetir las condiciones que facilitaron la victoria de la derecha en 2022.
Entre las opciones que han ganado peso está la introducción de una segunda vuelta entre las candidaturas o coaliciones más votadas si nadie consigue el apoyo necesario. Este mecanismo podría dificultar que Futuro Nazionale llegara a disputar directamente el gobierno, pero a la vez podría convertir a sus electores en determinantes para decidir el vencedor final.
Esta incertidumbre deja a Meloni ante una decisión compleja a las puertas del próximo ciclo electoral: competir con Vannacci dentro de la derecha, incorporarlo eventualmente a su coalición o intentar limitar su impacto a través del nuevo sistema electoral. Mientras tanto, el exgeneral continúa ampliando un espacio político propio que ya condiciona los movimientos de los principales partidos de la coalición gubernamental.
