"Creo en la libertad de prensa más que nadie en esta sala... bueno, quizás no tanto". Con esta declaración de intenciones, Donald Trump inauguró su regreso a la tradicional cena de los corresponsales de la Casa Blanca, una gala creada precisamente para reivindicar la libertad de los periodistas. Pero el presidente de Estados Unidos fue a la cita dispuesto a demostrar que cree profundamente en la libertad de prensa. Sobre todo, en su libertad para insultarla. Durante más de una hora, el presidente de Estados Unidos mezcló bromas, reproches, exageraciones, ataques a sus rivales y fragmentos reciclados de sus mítines hasta convertir una gala dedicada al periodismo en una nueva edición, con manteles y cubiertos de plata, de su espectáculo electoral. La tradicional gala de corresponsales, de hecho, llegaba con tres meses de retraso y rodeada de una solemnidad poco habitual. La cena se tenía que celebrar el 25 de abril en el Washington Hilton, pero quedó abruptamente suspendida después de que un hombre armado intentara forzar un control de seguridad y disparara a las puertas del hotel, cuando Trump y buena parte de su gobierno ya estaban dentro del salón. El atacante, Cole Allen, fue reducido antes de llegar a la sala, pero un agente del Servicio Secreto resultó herido. La gala se reanudó este viernes en el Waldorf Astoria, donde antes estaba el Trump International Hotel, en un recinto más pequeño, con muchos menos invitados, controles reforzados y la sensación inevitable de que esta vez nadie había ido solo a cenar. "Es magnífico volver a un lugar que conozco perfectamente, porque lo construí yo", se vanaglorió Trump.
Ni siquiera el intento de asesinato de abril se escapó de su humor. Trump recordó que, cuando sonaron los disparos, todo el mundo gritaba "Get down!" ("¡Al suelo!"), pero remató la anécdota asegurando que (la rapera) Nicki Minaj "se puso a hacer twerking", jugando con el doble significado de la expresión inglesa, que también se puede entender como "ponte a bailar". El chiste provocó más desconcierto que risas.
Trump: But after hearing the gunshots, many people yelled, “get down, get down” which caused Nicki Minaj to start twerking. pic.twitter.com/ypi1omzLs7
— Acyn (@Acyn) July 25, 2026
Trump también bromeó sobre las dificultades de los invitados para encontrar zapatos que combinaran con un chaleco antibalas y advirtió que la protección podía hacerlos parecer diez kilos más gordos. Trump comenzó, precisamente, reivindicando que "el espectáculo debía continuar" y homenajeando al agente herido y al personal del hotel que intervino aquella noche. Durante unos minutos, el tono fue de recuerdo, unidad y condena de la violencia política. Duró poco. Superado el momento solemne, el presidente volvió a su hábitat natural: los reproches, los insultos y las bromas a costa de todos, incluidos los mismos periodistas que lo habían invitado a una fiesta consagrada, en teoría, a la libertad de prensa. No fue exactamente una noche de risas. Más bien una velada de sonrisas tensas, aplausos de compromiso y periodistas mirando el teléfono con la esperanza de que alguna noticia de última hora les permitiera abandonar discretamente el salón. La Casa Blanca había prometido un Trump "feroz pero unificador, serio pero divertidísimo". Cumplió la primera parte. Las otras tres quedaron pendientes para un eventual tercer mandato.
El número de la gorra, la guinda de la noche
Porque esta fue la broma-noticia de la noche, el número culminante que llegó casi al final. Trump anunció que su tercer mandato sería aún mejor que los dos primeros y se plantó una gorra roja con el lema Trump 2028, como si la 22ª enmienda de la Constitución, que impide que una misma persona sea elegida presidente más de dos veces, fuera solo una recomendación del manual de etiqueta. "Me complace anunciar mi intención de presentarme a un cuarto mandato como presidente de los Estados Unidos. Lo haré... He ganado tres veces, y ahora lo volveré a hacer. Lo haré... He ganado tres veces. Por cierto, la segunda vez me fue muy bien. Unas elecciones manipuladas". Trump aprovechó, entre bromas, para hablar de los "éxitos" de su primer y de su segundo mandato, y añadió: "El tercero será aún mejor". Después aclaró que bromeaba.
Trump: "I am pleased to announce my intention to run for a fourth term as President of the United States. I will be doing that…I won three times, now I'm going to do it again. I'm going to do it…I won three times. Did very well the second time, by the way. Rigged election." pic.twitter.com/CvYeWTwjdx
— The Bulwark (@BulwarkOnline) July 25, 2026
La gorra fue la guinda de un discurso de 64 minutos que debía ser una intervención cómica y acabó pareciendo un mitin de campaña que se había equivocado de hotel. El mismo Trump admitió que los chistes no acababan de funcionar. "El otro día, un senador que conozco recibió un mensaje de su mujer. Le decía: 'Cuando llegues a casa, quiero que subas inmediatamente arriba y hagamos el amor'. Y él respondió: 'No puedo hacer las dos cosas a la vez'. ¿Sabéis? Ja, ja. Es decir... no puedes subir las escaleras y hacer el amor al mismo tiempo". Después de que la frase preparada cayera en el silencio, y a medida que muchos de los dardos previstos en el teleprompter no provocaban el efecto esperado, Trump empezó a cuestionar el trabajo de sus redactores de discursos, hasta el punto de preguntar: "¿Alguien entiende esto?" En otro momento, después de un nuevo fracaso humorístico, sentenció que aquella era probablemente la única cosa buena de todo aquel "discurso estúpido".
Trump: "The other day a senator I knew got a text from his wife. She said, 'When you get home, I want to have you immediately come up the stairs and make love to me.' And he said, 'I can't do both.' You know? Haha. In other words, haha, you can't go up the stairs and make love.… pic.twitter.com/UKaGz1H9PB
— The Bulwark (@BulwarkOnline) July 25, 2026
"El grupo más grande de obsesionados con Trump"
Trump presumió, eso sí, de ser el presidente "más abierto y transparente de la historia", una definición que, según aseguró, le atribuye la gente. No aclaró qué gente. Acto seguido, describió a los asistentes como "el grupo más grande de personas afectadas por el síndrome de obsesión con Trump" jamás reunido en un mismo lugar. Era su manera de agradecer la invitación a la asociación que representa a los periodistas encargados de fiscalizar la Casa Blanca. La gala anual recauda fondos para becas de periodismo y reivindica la libertad de prensa protegida por la Primera Enmienda. Trump incluso compartió una lección práctica sobre comunicación política: "Hace tiempo que aprendí que, si hablas con los periodistas, al menos tienes una oportunidad de influir en lo que escribirán".
Pero Trump interpretó el homenaje de una manera muy personal: hablando sobre todo de Trump, de los éxitos de Trump, de los enemigos de Trump, de las injusticias sufridas por Trump y del desastre económico que, según Trump, vivirían los medios el día que ya no pudieran hablar de Trump. "Cuando yo no esté, todos iréis a la quiebra, se os acabará el negocio", advirtió a los periodistas. "Por eso, esta noche, para demostrar hasta qué punto me importa la prensa y que quiero salvaros las audiencias, me complace anunciar mi intención —y esto es una especie de exclusiva— de presentarme a un cuarto mandato como presidente.
Periodistas, políticos y cómicos en la diana
La lista de damnificados por el monólogo fue larga. Trump atacó a periodistas como Kaitlan Collins, Don Lemon y Lawrence O’Donnell; políticos como Gavin Newsom, Adam Schiff y Chris Christie; y figuras del mundo del espectáculo como Bruce Springsteen, Jane Fonda, Jimmy Kimmel y Stephen Colbert. Al gobernador de California, Gavin Newsom, lo volvió a rebautizar como “Newscum”, un juego de palabras con el término inglés scum, escoria. Del gobernador de Illinois, J. B. Pritzker, se burló por su peso. Y contra la congresista demócrata Ilhan Omar recuperó una de sus acusaciones habituales, reclamando que la expulsen del país, a pesar de que es ciudadana estadounidense. Tampoco se salvaron los presentadores de televisión. Kimmel y Colbert fueron calificados de incompetentes, en una noche dedicada a celebrar una prensa libre ante un presidente que considera cualquier crítica una forma de sabotaje personal. Algunos chistes fueron recibidos con una frialdad especialmente visible, como una comparación de la corresponsal de la CNN Kaitlan Collins con una creadora de contenido trans. Trump había asegurado que había suavizado el discurso original. Vista la versión definitiva, solo queda imaginar qué debía haber eliminado.
Trump: "I want to personally congratulate CNN's Kaitlan Collins on receiving her award. It was all about me. It was a fake, she shouldn't get the award, it was a fake — but I didn't mind, I said, 'Kaitlan, congratulations.' But it was fake, there's no question about it. She's a… pic.twitter.com/Sn2vzVyWmf
— The Bulwark (@BulwarkOnline) July 25, 2026
El comentario más celebrado tuvo como protagonista al secretario de Sanidad, Robert F. Kennedy Jr. En referencia a una de sus historias más extravagantes, Trump insinuó que Kennedy había atropellado a la vaca de la que procedían los filetes servidos durante la cena. Probablemente fue el momento en que más se acercó al humor tradicional de esta gala.
President Trump jokes about Health and Human Services Secretary Robert F. Kennedy Jr. at the White House Correspondents' Dinner: "I want you all to know that Bobby Kennedy ran over the cow with his car." pic.twitter.com/jvOHrJH19n
— CSPAN (@cspan) July 25, 2026
Y para rematarlo todo, así se despidió: “Ha sido una noche interesante. No sabía qué esperar”, dijo antes de despedirse. “Y ha sido mucho peor de lo que pensaba”.