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Noche de terror para los parisinos después de la victoria del PSG en la final de la Champions contra el Arsenal. Lo que tenía que ser una celebración histórica por las calles de la capital francesa acabó derivando —para sorpresa de nadie— en una noche de disturbios, vandalismo y cargas policiales en los Campos Elíseos, en los alrededores del Parque de los Príncipes y en otros puntos de la ciudad. Los incidentes empezaron incluso mientras todavía se disputaba el partido y se agravaron con el paso de las horas, con grupos que encendieron bengalas, lanzaron objetos y fuegos artificiales contra la policía, quemaron bicicletas, contenedores y vehículos, y causaron destrozos en comercios y mobiliario urbano. Los grupos más violentos destrozaban todo lo que encontraban a su paso, tiraban al suelo señales y semáforos y llegaban a parar vehículos para vandalizarlos hasta dejarlos completamente destrozados. Todo ello ocurrió a pesar del despliegue excepcional de 8.000 policías y gendarmes en París y su área metropolitana, preparado precisamente para evitar que se repitieran episodios violentos como los de otras celebraciones anteriores.

El balance provisional deja más de 400 detenidos en toda Francia, 283 de los cuales en París, y siete policías heridos, uno de ellos de gravedad. En la capital también hubo al menos dos heridos más, uno por arma blanca y otro después de caer al Sena. Según las informaciones recogidas, unas 20.000 personas se concentraron en los Campos Elíseos a pesar de las restricciones, mientras que en el Parque de los Príncipes, donde se siguió la final en una pantalla gigante ante miles de aficionados, la policía identificó unas 150 personas sin entrada que intentaban acceder al recinto.