Los dos terremotos que la semana pasada sacudieron Venezuela no solo han provocado una tragedia humana con miles de víctimas. También han dejado al descubierto las profundas grietas de un sistema sanitario que hace años que funciona al límite y que ahora se ve desbordado ante una emergencia de estas dimensiones.
Más de 1.700 personas han muerto y al menos 5.000 han resultado heridas, según el último balance oficial, unas cifras que todavía podrían aumentar mientras continúan las tareas de búsqueda entre los escombros. Los equipos de rescate todavía mantienen la esperanza de encontrar supervivientes, aunque el paso de las horas reduce considerablemente las posibilidades.
La situación es especialmente complicada en los hospitales de Caracas. Varios centros sanitarios han sufrido desperfectos estructurales y algunos han tenido que cerrar las puertas, hecho que ha obligado a concentrar a los pacientes en los hospitales que continúan operativos. Esto ha incrementado todavía más la presión sobre un sistema que ya acumulaba graves carencias antes de la catástrofe.
Falta de personal, medicamentos y camas
La falta de personal, de medicamentos, de camas y de material médico es una realidad que profesionales sanitarios hace años que denuncian. Ahora, con la llegada masiva de personas heridas por los terremotos, estas limitaciones se han convertido en uno de los principales obstáculos para atender a las víctimas.
Según explica la cadena norteamericana CNN, en el Hospital Infantil José Manuel de los Ríos, uno de los principales centros pediátricos del país, la unidad de cuidados intensivos solo puede atender a cuatro niños a la vez, cuando años atrás disponía de capacidad para ingresar a una decena. Entre los pacientes hay una niña de doce años con heridas muy graves después de quedar atrapada bajo el derrumbe de un edificio.
La situación no es exclusiva de este hospital. Médicos consultados por la CNN aseguran que la falta de recursos afecta a buena parte de la red sanitaria venezolana y alertan de que los centros que continúan abiertos trabajan muy por encima de su capacidad. Además de la falta de medicamentos y equipamientos, denuncian la escasez de productos tan básicos como desinfectantes o lejía para garantizar unas mínimas condiciones higiénicas.
Centenares de centros educativos, dañados
La emergencia también ha alterado el funcionamiento del sistema educativo. El gobierno ha prorrogado el cierre de las escuelas y las primeras evaluaciones indican que centenares de centros educativos han sufrido daños, especialmente en Caracas. Muchos de los edificios que han quedado intactos se han convertido en refugios provisionales para acoger a las personas que han perdido su casa.
La magnitud real de la tragedia continúa siendo una incógnita. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) considera probable que el número de víctimas mortales sea muy superior al recuento oficial, dada la intensidad de los dos seísmos, de magnitudes 7,2 y 7,5. Las autoridades, sin embargo, continúan actualizando los datos con cuentagotas, mientras crece la preocupación por la capacidad del país para afrontar una reconstrucción que se prevé larga y extremadamente compleja.
