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Solo había dos candidatos reales a erigirse en primer ministro en Suecia: el actual titular, el líder de los Moderados, Ulf Kristersson, y Magdalena Andersson, la ex primera ministra que lidera el partido más grande del país, los Socialdemócratas. Con el recuento ya avazado, la carrera por el gobierno se ha ajustado al máximo. La nueva proyección de la emisora pública sueca SVT, elaborada a partir de los resultados reales de un 10% de los distritos, mantiene a Andersson por delante, pero solo por un escaño. Los Socialdemócratas obtendrían un 27,5% de los votos, seguidos de los Moderados de Kristersson, que subirían hasta el 19,7%, mientras que los ultraderechistas Demócratas Suecos quedarían terceros con un 17,7%.

La proyección dibuja prácticamente un empate entre los dos bloques. La oposición de centroizquierda obtendría 175 de los 349 escaños del Riksdag, justo la mayoría absoluta, frente a los 174 que sumarían los partidos que sostienen el actual gobierno. En este sentido, entre el resto de formaciones se encuentran el Partido de la Izquierda, que llegaría al 8,3%, el Partido de Centro con el 7,3% y los Verdes con el 6,4%. En el bloque contrario, los Demócratas Cristianos conseguirían un 6,2% y los Liberales un 5,5%. La diferencia mínima deja completamente abierta la noche electoral y convierte cualquier variación durante el recuento en decisiva para determinar quién tendrá opciones de formar gobierno.

Retroceso de la extrema derecha

Si el recuento final acaba confirmando el escenario actual, rompería con la idea de un avance imparable de la extrema derecha en toda Europa. Las elecciones llegan solo una semana después de la contundente victoria de la AfD en Sajonia-Anhalt, en Alemania, un resultado que ha reforzado la percepción de un crecimiento sostenido de las fuerzas de derecha radical en el continente. En este contexto, los comicios suecos se presentaban como el siguiente gran test para comprobar hasta dónde llegaba esta tendencia. De momento, sin embargo, el retroceso de los Demócratas Suecos, que bajan tres puntos y pierden la segunda posición frente a los Moderados, muestra una tendencia más favorable al conservadurismo tradicional que a la extrema derecha.

La formación de Jimmie Åkesson sería así una de las fuerzas que perdería peso respecto de su posición actual, ya que dejaría de ser el segundo partido del país. Hasta ahora, los Demócratas Suecos habían crecido en todas las elecciones desde que se presentaron por primera vez en 1988. Todo queda, sin embargo, pendiente de un recuento extraordinariamente ajustado: si Andersson consigue conservar el escaño de ventaja y articular una mayoría, los Socialdemócratas podrían volver al gobierno; si el bloque de derechas capgira la proyección, Kristersson tendría opciones de continuar como primer ministro.

El líder de los Demócratas Suecos, Jimmie Åkesson / EFE

Condenados a entenderse

Kristersson ha gobernado desde 2022 gracias al Acuerdo de Tidö, que dejó a los Demócratas Suecos fuera del ejecutivo a pesar de haber superado electoralmente a los Moderados, a cambio de ver incorporada buena parte de su agenda en inmigración. Por otro lado, una mayoría teórica del bloque de Andersson tampoco garantizaría una investidura sencilla. Los Socialdemócratas tendrían que volver a entenderse con el Partido de la Izquierda, los Verdes y el Partido de Centro, dos formaciones —Izquierda y Centro— que ya chocaron duramente en la anterior etapa de Andersson, hasta el punto de que la socialdemócrata no consiguió aprobar los presupuestos y tuvo que dimitir a las siete horas de haber asumido el cargo de primera ministra.

Las diferencias continúan abiertas, ya que el Partido de la Izquierda reclama entrar en el gobierno, mientras que el Centro rechaza darle ministerios. Un posible escenario sería, por lo tanto, un ejecutivo minoritario de Socialdemócratas y Verdes con apoyo externo de las otras dos fuerzas. Andersson ha reiterado durante la campaña electoral que está dispuesta a colaborar con todos los partidos menos con los Demócratas Suecos.