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Alemania vive una ola de calor histórica que ya no solo se nota en los termómetros. Las temperaturas extremas han empezado a deformar carreteras, afectar vías ferroviarias, dejar tranvías fuera de servicio y dañar elementos del mobiliario urbano, en una muestra de hasta qué punto las infraestructuras europeas no están preparadas para soportar episodios cada vez más intensos.

El Servicio Meteorológico Alemán registró este domingo, de manera provisional, 41,7 ºC en Coschen, en Brandeburgo, la temperatura más alta medida nunca en el país desde que hay registros. El nuevo máximo llegaba después de que el viernes se hubiera notificado un primer récord de 41,3 ºC en Saarbrücken-Burbach y el sábado se superara de nuevo con 41,5 ºC en Drewitz, en Sajonia-Anhalt. Berlín también ha sufrido de lleno la ola de calor, aunque el récord nacional no se ha registrado en la capital.

El impacto más visible se ha producido en Leipzig, donde la empresa municipal de transportes LVB ha tenido que suspender el servicio de tranvía por los daños provocados en las vías. El calor extremo ha ablandado el material de sellado que hay entre el asfalto y los raíles, hasta el punto de que se ha desplazado y ha acabado afectando la circulación de los convoyes. El operador ha admitido que la red no podía funcionar con garantías de seguridad. "Ya no es seguro operar en la infraestructura de toda la red. La seguridad de nuestros pasajeros es nuestra prioridad absoluta; pedimos disculpas por las molestias", ha afirmado el director técnico de LVB.

 

Situación crítica

Los problemas no se han limitado al transporte urbano. En varios puntos de Alemania, el calor también ha afectado al asfalto de carreteras y autopistas. En la A-2, que conecta la cuenca del Ruhr con Berlín, los daños en el pavimento llegaron a afectar a vehículos. También se han difundido imágenes de barreras de plástico, carcasas de semáforos y otros elementos urbanos deformados por las altas temperaturas, especialmente en Berlín.