Cuando se cumple casi una semana del estallido del nuevo conflicto en el Próximo Oriente, la guerra entre Irán, Estados Unidos e Israel entra en una nueva fase marcada por una paradoja: mientras Teherán reduce notablemente sus ataques con misiles y drones, Washington y Tel-Aviv intensifican las operaciones militares. Al mismo tiempo, la guerra empieza a arrastrar cada vez más actores internacionales, con varios países europeos y la OTAN reforzando su posición defensiva.
Durante la noche del jueves al viernes se han sentido nuevas explosiones tanto en Teherán como en Beirut. Las fuerzas estadounidenses han incrementado su ofensiva contra objetivos iraníes y aliados de Teherán en la región. El comando central de los Estados Unidos ha asegurado que se utilizan “nuevas capacidades” militares en esta fase del conflicto. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, ha advertido que la escalada apenas comienza: “Si pensáis que ya lo habéis visto todo, esperad”.
¿Por qué Irán reduce sus ataques
Paralelamente, Irán ha reducido de manera significativa sus ataques. Según datos del mando militar estadounidense, los lanzamientos de misiles balísticos han caído cerca de un 90% y los ataques con drones un 83%. Esta disminución podría aliviar parcialmente la presión sobre varios países del Golfo Pérsico, que han estado entre los principales objetivos de las represalias iraníes en los primeros días de guerra.
A pesar de ello, el conflicto continúa ampliándose. Israel ha anunciado que entra en la “segunda fase” de la guerra después de haber ejecutado cerca de 2.500 bombardeos con más de 6.000 armas. El ejército israelí también ha avanzado que profundizará las operaciones en Líbano, especialmente contra zonas consideradas bastiones de Hezbolá en los suburbios del sur de Beirut. Las órdenes de evacuación emitidas el jueves afectan a barrios enteros donde viven más de medio millón de personas, lo que ha provocado escenas de pánico y una huida masiva de residentes.
¿Cuál es el balance del conflicto?
El balance humano del conflicto continúa aumentando. Según los medios estatales iraníes y libaneses, los bombardeos estadounidenses e israelíes han causado más de 1.200 muertos en Irán y al menos 120 en Líbano desde el inicio de las hostilidades. A la vez, los ataques iraníes han provocado decenas de víctimas en otros países de la región.
La tensión también se ha extendido a otros puntos de Oriente Próximo. Irán asegura haber lanzado el jueves por la noche un ataque combinado con drones y misiles contra Tel Aviv. En el Golfo Pérsico, varios países han interceptado proyectiles: Arabia Saudita afirma haber destruido drones y misiles cerca de Riad, mientras que Baréin ha sufrido impactos en un hotel, edificios residenciales y una refinería de petróleo. Catar y Kuwait también han interceptado ataques aéreos durante la madrugada.
Imágenes de satélite indican que Irán estaría intentando neutralizar los sistemas de defensa antimisiles THAAD atacando radares fabricados en Estados Unidos situados en bases militares de la península arábiga. Además, Teherán ha sido acusado de atacar Azerbaiyán, una acusación que el gobierno iraní niega.
¿Qué dicen los aliados occidentales?
Mientras tanto, los aliados occidentales se preparan para una posible ampliación del conflicto. Países como el Reino Unido, Francia y España han aceptado ofrecer apoyo militar para proteger intereses aliados, mientras que la OTAN ha reforzado su postura defensiva después de que un misil sospechoso fuera interceptado cuando se dirigía hacia el espacio aéreo de Turquía.
En paralelo, el debate político también se intensifica en Estados Unidos. El Congreso ha vuelto a rechazar una propuesta para limitar los poderes de guerra del presidente Donald Trump, que ha insistido en que Washington debería tener voz en la designación del futuro líder supremo de Irán después de la muerte del ayatolá Ali Khamenei. La declaración refuerza la percepción de que el conflicto, lejos de apagarse, podría entrar en una fase aún más imprevisible.