Contra todo pronóstico, Donald Trump se imponía en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos, y contra todo sentido aparente, la mayoría republicana en el Senado y en el Congreso no le garantizarán un mandato estable. El Great Old Party (GOP) mantiene la mayoría en la cámara alta, donde este martes se repartían 34 senadores de 100 posibles. Pero Trump se tendrá que ganar a partir de ahora uno a uno a los previsibles 51 representantes del GOP para poder sacar adelante leyes. La tarea no será fácil, después de que Trump haya desafiado mantras republicanos como la distancia con el presidente ruso, Vladimir Putin, o la política de libre comercio.
La polémica se profundizó en el partido después de que Trump entrara al cuerpo a cuerpo con Paul Ryan, el diputado del GOP en la Cámara de Representantes. Trump dijo que Ryan era un candidato "débil e ineficaz" que en vez de hacer campaña en contra de su líder, tenía que invertir el tiempo "equilibrando el presupuesto y creando puestos de trabajo". El congresista se cerró en redondo a hacer más actos electorales por él, pero no a apoyarlo. A su vez, el empresario rompió los lazos, libre de "las esposas" para aplicar su idea de América. Con tono desafiante, Trump dijo al GOP que él les enseñaría a ganar.
Aun así, la falta de apoyos del GOP hacia Trump no sólo vino por el lado de las políticas, sino por un presunto escándalo de abuso a mujeres. Las frases denigratorias aparecidas en un vídeo de 2005 habían golpeado a la opinión pública llevando a una quincena de senadores a pedirle que cediera la presidencia en favor de Mike Pence, su vicepresidente. Entre ellos se encontraban John Thune, por South Dakota, o Mike Crapo por Idaho. Incluso, el ex senador Arnold Swalzeneger había afirmado que no votaría a su partido, como tampoco lo haría el presidente George W. Bush, quien reconoció haber votado en blanco.
La importancia radicaba en que la batalla por el Senado se había asociado a lo largo la carrera electoral a la pugna por la presidencia. Asumido que Hillary Clinton era la preferida de las encuestas, la candidata demócrata buscaba la victoria en la cámara alta. El objetivo era garantizarse una legislatura estable y no sufrir algunos de los vetos a Barack Obama por parte de las cámaras después de que en el 2014 se volvieran rojas ante el auge de los republicanos. Estos también habían percibido la vinculación entre Senado y presidencia, hasta el punto que algunos se distanciaron de Trump para no verse salpicados por una presunta derrota electoral del empresario.
La cuestión es que los republicanos tenían mucho más que perder, numéricamente. De los 34 asientos en juego, 24 eran republicanos y 10 demócratas. Si bien, las cifras han decidido que senadores como Marco Rubio (Florida) o Rand Paul (Kentucky), que se disputaron la carrera presidencial con Trump, revalidaran en su lugar. De entre ellos, 47 están a estas alturas en manos demócratas, y 49 en republicanas. Todavía quedan 4 por repartir, conforme el escrutinio se acaba de realizar en cuatro estados: Missouri y New Hampshire, liderados por la formación de Hillary, y Pensilvània y Nevada, por el GOP. Este llegaría a la absoluta, con 51.
Ahora, la hegemonía en la Casa Blanca, irá acompañada por un bicameralismo simétrico, republicano. Eso implica un peso igual del Senado respecto del Congreso y una serie de atribuciones de relevancia para el primero. En adelante, estas pasarán por la renovación de algunos magistrados del Tribunal Supremo, así como la elección de algunos cargos diplomático. Por ejemplo, Obama quería renovar a uno de los jueces del Supremo que había muerto recientemente, y colocar en su lugar a Merrick Garland. De haber ganado Hillary, se esperaba que este tomara posesión y se confirmase al embajador nominado para Cuba.
Así, Trump deberá seducir al Senado también toma parte en la promulgación de las leyes, como los presupuestos. De hecho, uno de los aspectos que podría quedar en suspensión con el triumfo de los senadores del GOP es el Obamacare. El expresidente encontró resistencia para impulsarlo, y los republicanos que se oponían con más fuerza quedaban a la espera de poder tumbarlo. Ahora encontrarán la ocasión, como también la de acabar con el levantamiento del embargo al régimen cubano. Esta cuestión preocupaba a algunos empresarios que habían financiado campañas de congresistas y senadores para que se cerraran en redondo a las relaciones con la isla.
Catherine Cortez, primera hispana
La exfiscal general Catherine Cortez Masto serviría para desempañar la derrota demócrata. Esta haría historia, tras hacerse con el asiento en la cámara alta por Nevada. Cortez Masto conserva el lugar que hasta ahora ostentaba Harry Reid, imponiéndose al aspirante republicano Joe Heck. Los abuelos de Cortez Masto fueron inmigrantes que llegaron a EEUU desde el estado mexicano de Chihuahua. Por ello, la candidata ha apuntado que la creciente influencia de los hispanos es una señal que los tiempos están cambiando en Nevada.
Gran parte de la campaña de Cortez se había centrado en la población hispana, que en el estado llega al 28,1% del total de habitantes. Además, había contado con el el apoyo del grupo mexicano Los Tigres del Norte y el Sindicato Culinario, una organización que aglutina trabajadores del sector servicios, muchos de ellos hispanos. A ellos ha dirigido ideas como la reforma migratoria, la educación, los seguros de salud y la mejora del salario mínimo, que son algunos de los puntos más repetidos en sus discursos. Sin embargo, Cortez formará parte de la minoría de senadores que verán las políticas amenazadas por Trump, nuevo presidente de la Casa Blanca, antiestablishment.