El actor George Clooney ya tiene 65 años, pero no ha perdido ni un atisbo de la capacidad de seducción que siempre le ha caracterizado. El actor estadounidense llegó al Festival de Cine de Venecia para recibir un León de Oro por toda una vida dedicada al cine y acabó regalando una palabra insólita para definir la América de Donald Trump: caquistocracia. "Hay una palabra magnífica, kakistocracy, que define un país gobernado por las personas menos cualificadas. Creo que quizás ahora mismo tenemos una caquistocracia", aseguró el actor ante la prensa. Es la manera como Clooney retrató un país que se ha vuelto irreconocible, que siempre ha encarnado el papel del bueno del mundo en las películas de Hollywood, pero que actualmente, bajo el régimen del presidente republicano, se ha transformado en el gran malo de la historia.
George Clooney says the U.S. is going through an “unfortunate time” due to “cruelty” of Trump Administration.
— Oli London (@OliLondonTV) September 2, 2026
“Kakistocracy, which is a country run by the least qualified people…in 2028 with any luck, we’ll have some restoration into normalcy.” pic.twitter.com/SqOIOZs5m7
Caquistocracia no es una palabra inventada por Clooney ni una ocurrencia de Hollywood. Existe desde hace siglos y es probablemente una de las formas más contundentes de insultar políticamente a un gobierno sin necesidad de recurrir a ningún improperio: una caquistocracia es, literalmente, "el gobierno de los peores". El término procede del griego kákistos, superlativo de kakós ('malo') y krátos ('poder' o 'gobierno'). Es decir, describe un sistema en el que el poder acaba en manos de las personas menos capaces, menos preparadas o menos adecuadas para ejercerlo. No es una forma institucional de gobierno comparable a una democracia, una monarquía o una dictadura, sino un término peyorativo utilizado para denunciar la degradación de una clase dirigente. De hecho, la palabra funciona casi como el reverso de la aristocracia. En su sentido etimológico original, aristocracia significaba el gobierno de los mejores, de los áristoi. La caquistocracia es exactamente lo contrario: cuando gobiernan los peores. Y eso es exactamente lo que Clooney ha diagnosticado de la actual Administración Trump.
"La crueldad forma parte de su diversión"
El actor no se limitó a cuestionar la preparación de los responsables políticos estadounidenses. Su crítica fue un paso más allá y entró en el terreno moral. Clooney considera que dentro del poder estadounidense se ha normalizado una manera de hacer política basada en la humillación y la provocación. "La crueldad forma parte de su diversión", lamentó, antes de poner como ejemplo a Pete Hegseth, responsable del Pentágono, a quien reprochó una publicación en las redes sociales en la que se mofaba de mujeres de las fuerzas armadas canadienses. "¿Dónde está el sentido de la decencia?", se preguntó. "Me da vergüenza todo esto". La palabra caquistocracia, por tanto, no es en boca de Clooney solo una acusación de incompetencia. Es también un juicio sobre la calidad moral de quienes gobiernan.
George Clooney just absolutely demolished Pete Hegseth for his ridiculous post making Canadians in the military. pic.twitter.com/lettTI6ZHf
— Ed Krassenstein (@EdKrassen) September 2, 2026
Su discurso encaja con una trayectoria poco habitual entre las grandes estrellas de Hollywood. Clooney nunca ha escondido sus posiciones políticas. Hijo del periodista Nick Clooney, ha participado en campañas humanitarias, ha defendido la libertad de prensa y ha convertido el poder, la propaganda y la manipulación política en algunos de los grandes temas de su carrera como director, desde Good Night, and Good Luck hasta The Ides of March.
Clooney contra Trump, pero sin derrotismo
Lo más curioso de la comparecencia es que, a pesar de la dureza del diagnóstico, Clooney se negó a asumir un discurso apocalíptico. "Lo superaremos", repitió. El actor confía especialmente en las elecciones legislativas de medio mandato del próximo noviembre, que pueden modificar el equilibrio de fuerzas en el Congreso y actuar como contrapeso en la Casa Blanca. Y sitúa un segundo horizonte en las presidenciales de 2028, cuando espera que Estados Unidos recupere lo que él define como una cierta "normalidad". Su mirada es crítica, pero también profundamente norteamericana: la convicción de que las instituciones pueden resistir incluso los periodos más convulsos. Por eso, Clooney recordó otros momentos traumáticos de la historia del país, especialmente el 1968, un año marcado por los asesinatos de Martin Luther King y Robert F. Kennedy, las protestas contra la guerra de Vietnam y una enorme tensión social. El mensaje era claro: Estados Unidos ya ha atravesado periodos oscuros y ha salido de ellos.
Un país gobernado por los que no creen en la ciencia
La crítica de Clooney tampoco se quedó en Washington. El actor cargó contra el negacionismo climático de una parte del poder estadounidense. "Muchas de las personas que tienen el poder han decidido que el cambio climático es un engaño y que la ciencia no es real", denunció. Clooney hablaba, además, desde una experiencia muy concreta: este verano tuvo que ser evacuado de su casa en Francia por la amenaza de los incendios y explicó que algunos conocidos suyos lo habían perdido todo. Para él, esta es otra expresión de la caquistocracia: no solo que gobiernen personas poco preparadas, sino que los responsables políticos rechacen la evidencia científica cuando esta contradice sus intereses o su relato político.
Los multimillonarios también controlan la información
Hubo todavía otra advertencia y mirada crítica: quién controla la información. Clooney se mostró preocupado por el hecho de que algunas de las principales plataformas y cabeceras informativas de Estados Unidos estén en manos de algunos de los hombres más ricos del mundo. Citó The Washington Post, propiedad de Jeff Bezos, y X —el antiguo Twitter—, propiedad de Elon Musk. "Es motivo de preocupación", aseguró, a pesar de defender que todavía queda mucho espacio para el buen periodismo. La preocupación no es nueva en un actor que se define orgullosamente como hijo de periodista y que ha hecho de la defensa de la libertad de prensa una de sus causas públicas. Clooney hablaba de la concentración de los medios precisamente en una edición de la Mostra que ha abierto con Ink, la película de Danny Boyle sobre el ascenso del magnate Rupert Murdoch y la transformación del sensacionalismo británico.
Y la IA puede hacer todavía más difícil saber qué es verdad
Si la política y los medios preocupan a Clooney, la inteligencia artificial completa el triángulo. El actor advirtió que los deepfakes ya permiten crear vídeos en los que parece que una persona dice cosas que nunca ha dicho. Él mismo asegura haberse encontrado con vídeos falsos protagonizados por su imagen. Lo explicó con una broma muy suya: le gustaría evitar acabar "en un anuncio de tampones veinte años después de muerto". Pero el trasfondo no tiene nada de cómico. Si se puede fabricar un Clooney falso, también se puede fabricar un vídeo falso de un dirigente mundial anunciando una guerra o un ataque nuclear. La cuestión ya no es solo quién gobierna, sino cómo sabe una sociedad qué es real cuando política, poder económico, redes sociales e inteligencia artificial confluyen en un mismo ecosistema informativo.
George Clooney was asked how AI affects him personally at the Venice Film Festival and somehow gave the funniest possible answer. 😭
— MaxB (@MegaMaxing) September 2, 2026
“I would like to avoid being in a tampon commercial 20 years after I’m dead.”
But behind the joke, he’s making a real point. Clooney says he has… pic.twitter.com/EaPoFWgY7L
Humor, optimismo y gratitud
Clooney también aprovechó la comparecencia para hablar del paso del tiempo y de su edad con una mezcla de humor y melancolía. Admitió que envejecer lleva inevitablemente a mirar atrás y a fijarse en aquello que se ha perdido —incluso bromeó diciendo que antes tenía los dientes más bonitos—, pero rechazó cualquier mirada derrotista. "Tengo 65 años y es verdad que todo lo que tiene que ver con la vejez lleva a la melancolía. Generalmente, nos fijamos en las cosas malas, pero la vida es bella y tenemos la obligación de celebrar las cosas bellas que nos presenta la vida". Pero, a pesar de reconocer que el suyo es un país degradado y de las amenazas a las que se afronta el mundo, no pierde el humor, el optimismo y el sentimiento de gratitud. En su caso, dice sentirse especialmente afortunado por su mujer, sus hijos y porque todavía puede trabajar cuando quiere, una serenidad personal que contrasta con la dureza con la que describe la situación política de los Estados Unidos.