Rusia ha limitado de manera drástica el acceso a internet móvil en ciudades como Moscú y San Petersburgo en la previa de la celebración del 9 de mayo, el Día de la Victoria, que este año se ha visto reducido por la amenaza de ataques con drones procedentes de Ucrania. Según diversas informaciones, el servicio ha quedado completamente cortado para muchos usuarios, afectando funciones básicas como el envío de SMS, el acceso a aplicaciones bancarias o la posibilidad de pedir taxis. Incluso webs que forman parte de la denominada “lista blanca” han dejado de funcionar. Las operadoras ya habían advertido de posibles interrupciones temporales durante los preparativos y la celebración de los actos.
Estas restricciones se enmarcan en un contexto de control creciente por parte del gobierno de Vladímir Putin, que en los últimos años ha intensificado las limitaciones digitales mientras continúa la guerra con Ucrania. En las redes sociales, sin embargo, también circula una teoría —sin confirmación oficial— que vincula el corte con los dos días de tregua anunciados en el conflicto: según este relato, la desconexión serviría para evitar que trasciendan posibles movimientos militares de Ucrania e impedir que se cuestione el relato oficial. Estas especulaciones chocan con el discurso que varios medios afines al Kremlin amplifican, insistiendo en que Rusia mantiene el control y está ganando la guerra. En este escenario, el dominio de la información se vuelve clave, tanto para gestionar la percepción interna como para influir en la narrativa internacional del conflicto.
Putin y 'su' Día de la Victoria: marcado por la guerra y una exhibición militar descafeinada en Moscou
Rusia se prepara para celebrar el Día de la Victoria en un contexto inusual, marcado por la guerra en Ucrania y por crecientes preocupaciones de seguridad. El 9 de mayo, una de las fechas más simbólicas para el Kremlin, llega este año con menos exhibición de fuerza y más medidas defensivas alrededor de Moscú y San Petersburgo.
Tradicionalmente, esta conmemoración recuerda la derrota de la Alemanya nazi en 1945 y se ha convertido, bajo el liderazgo de Vladímir Putin, en uno de los principales instrumentos de proyección de poder del Estado ruso. Durante años, el desfile en la Plaça Roja ha sido una demostración de músculo militar, con tanques, misiles y aviones sobrevolando la capital.
Este año, sin embargo, el formato será diferente. Las autoridades han decidido reducir o eliminar la presencia de equipamiento militar pesado, una medida poco habitual que refleja la situación actual del conflicto. Además, se han reforzado los dispositivos de seguridad y se han aplicado restricciones importantes en las comunicaciones.