Hace más de 2.000 años que Italia imagina una manera de unir Sicilia con la península. Ahora, el gobierno de Giorgia Meloni quiere convertir esta vieja idea en realidad con un puente de 13.500 millones de euros sobre el estrecho de Messina. El proyecto, sin embargo, sigue generando tantas dudas como expectación.
El puente conectaría Torre Faro, en Sicilia, con Villa San Giovanni, en Calabria. Si finalmente se construye, tendría un tramo central de 3,3 kilómetros y se convertiría en el puente colgante de tramo único más largo del mundo. Circularían coches y trenes. El problema es que una infraestructura de esta magnitud no tiene ningún precedente comparable.
Según explica The Guardian, varios ingenieros cuestionan que actualmente se pueda garantizar la seguridad del puente a largo plazo. Antonino Risitano, antiguo decano de Ingeniería de la Universidad de Catania, considera que no existe suficiente tecnología para comprobar adecuadamente el comportamiento de los enormes cables que debería soportar. La empresa Webuild, encargada de construirlo, defiende que estas objeciones ya han sido estudiadas y rechazadas.
La Messina, zona de terremotos
Y luego están los terremotos. El estrecho de Messina es una zona especialmente activa sísmicamente. Según el geólogo Carlo Doglioni, citado por The Guardian, en los últimos cuarenta años se han registrado más de 5.000 terremotos de baja intensidad en un radio de 40 kilómetros. En 1908, un terremoto destruyó buena parte de Messina y Reggio de Calabria y provocó más de 80.000 muertos.
Webuild asegura que el puente está diseñado para resistir condiciones extremas y terremotos de hasta magnitud 7,1. Los expertos contrarios al proyecto, sin embargo, alertan que un gran terremoto podría afectar a las torres y los anclajes de los cables. La pregunta más fácil de hacer es también una de las más incómodas: ¿hay que gastar 13.500 millones de euros en este puente?
El gobierno de Meloni y Webuild defienden que sí. Según las estimaciones de la empresa recogidas por The Guardian, el proyecto podría generar más de 23.000 millones de euros de impacto económico y más de 100.000 puestos de trabajo directos e indirectos.
Sus detractores lo ven de otra manera. Argumentan que este dinero sería más útil si se destinara a arreglar las carreteras y los ferrocarriles de Sicilia, que arrastran décadas de carencias. The Guardian pone un ejemplo difícil de ignorar: recorrer los 265 kilómetros entre Siracusa y Trapani en tren puede tardar entre 11 y 14 horas y obliga a hacer varios transbordos.
¿Un puente como gasto militar?
El puente también ha acabado entrando en el debate sobre el gasto militar. El Financial Times informó en 2025 que el gobierno italiano había planteado considerarlo una infraestructura estratégica vinculada a la seguridad para poder encajar parte de la inversión dentro del nuevo objetivo de gasto de la OTAN. La Alianza permite a sus miembros dedicar hasta un 1,5% del PIB a infraestructuras y otras inversiones relacionadas con la defensa y la seguridad, aparte del 3,5% destinado al gasto militar propiamente dicho.
La propuesta generó polémica porque algunos aliados cuestionaban que una infraestructura civil como el puente pudiera contar para alcanzar los compromisos de la OTAN. Por lo tanto, no se trata simplemente de construir el puente con dinero del presupuesto militar, sino de un debate sobre cómo clasificar el gasto.
Impacto medioambiental
Y todavía queda otra batalla: la medioambiental. Según WWF, el estrecho de Messina es una ruta migratoria muy importante para las aves y los mamíferos marinos. La organización calcula que millones de pájaros pasan cada año por la zona. Los promotores del puente insisten en que el proyecto incorpora medidas para proteger la biodiversidad, pero los ecologistas continúan oponiéndose.
La lista de problemas no acaba aquí. El Tribunal de Cuentas italiano bloqueó el proyecto en 2025 por cuestiones relacionadas con su sostenibilidad financiera. Además, la fiscalía de Roma investiga presuntos intentos de influir en miembros del tribunal para que aprobaran el proyecto. Las personas investigadas niegan haber cometido ninguna irregularidad. A principios de agosto, el Consejo Superior de Obras Públicas exigió que se resolvieran más de un centenar de cuestiones antes de poder avanzar.
Mientras tanto, en Torre Faro, algunas de las familias afectadas por las expropiaciones continúan viviendo en sus casas. Según explica The Guardian, más de 400 propiedades están previstas para una compra forzosa. Algunas familias llevan años viviendo con la incertidumbre de no saber si tendrán que irse. Desde Roma, el puente se presenta como una obra capaz de transformar el sur de Italia. En Sicilia, sin embargo, la pregunta es mucho más concreta: después de tantos anuncios y tantos aplazamientos, ¿esta vez el puente se construirá de verdad?
