¿Elecciones? La mejor decisión

La derrota de los dos decretos ley sobre la vivienda, preparados a toda prisa el pasado martes por el Gobierno español a rebufo del denominado caso Mari Carmen, es un destrozo político de tal envergadura que justifica la convocatoria de elecciones anticipadas en España. Más allá de los legítimos intereses de cada formación política sobre cuándo se deberían convocar los comicios, la legislatura española está muerta desde hace mucho tiempo y el hecho de que el Gobierno haya sido incapaz de presentar unos presupuestos generales del Estado en los más de tres años que llevamos explica a la perfección que la situación real es de encefalograma plano.

A nadie le tendría que extrañar, por tanto, que Pedro Sánchez cumpla la amenaza que verbalizan desde la Moncloa y también diferentes ministros. Hasta el lunes no sabremos cuál es su decisión, ya que, por lo que dicen, quiere meditarlo bien y conocer cuál es la respuesta de la calle durante este fin de semana. La derrota en el Congreso de los Diputados ha escocido al Gobierno, que siempre pensó que Junts per Catalunya iba de farol y que no se atrevería a tumbar los decretos. Vamos, que al final habría algún tipo de apaño porque los de Carles Puigdemont tendrían miedo de poner la cara en una cuestión tan controvertida, con manifestaciones en su contra e incluso escraches y, además, con el retorno del president a Catalunya después de nueve años de exilio.

La derrota de los dos decretos ley sobre la vivienda, preparados a toda prisa el pasado martes por el Gobierno español a rebufo del denominado caso Mari Carmen, es un destrozo político de tal envergadura que justifica la convocatoria de elecciones anticipadas en España

Era evidente que quienes lo afirmaban hacían unos análisis equivocados, estaban faltos de información directa y manejaban opiniones más que testimonios que fueran conocedores de lo que realmente se estaba cociendo. Basta un ejemplo: la decisión de la dirección ampliada de Junts, de la que forman parte unas setenta personas, de votar en contra de los decretos se adoptó por unanimidad. No fueron una decena de responsables de la organización y altos cargos, sino casi un centenar. Y la reunión duró tan solo una hora, una duración aparentemente escasa para la importancia del tema. Otro sí: desde el lunes a mediodía, que se rompieron las conversaciones entre el Gobierno español y Junts, no ha habido ninguna opción real de que el ejecutivo español pudiera sacar adelante los decretos.

Y no porque Moncloa y varios ministros no se emplearan a fondo, sino porque el Gobierno debería conocer que la presión al límite con Puigdemont no suele funcionar: ya tiene varios ejemplos de ello, desde su rechazo inicial a la ley de amnistía al rechazo a la regulación de alquileres de temporada (primavera 2026). El varapalo al impuesto a las energéticas por poner en riesgo inversiones industriales multimillonarias en Tarragona y su rechazo a la reforma de la ley de extranjería para establecer el reparto obligatorio de menores migrantes no acompañados entre las comunidades autónomas. En este caso, es cierto que ha sido su órdago más importante, dejando la legislatura en el aire, pero poniendo en práctica su advertencia del inicio de la legislatura. Contribuyeron a investirlo y, si Sánchez convoca elecciones, habrán dado la puntilla a la legislatura, siendo así imprescindibles para los dos movimientos. De mucho riesgo el primero, en 2023, y de mucho más riesgo este de 2026.

Pedro Sánchez acabará decidiendo el lunes qué le interesa más y es su prerrogativa como presidente del Gobierno. El momentum que esperaba ya lo tiene; los votos para seguir en la Moncloa no están tan claros, pero es obvio que tiene una pista de despegue si logra convencer a los votantes que ha perdido de que sus dos decretos sobre la vivienda iban a empezar a arreglar el enorme drama que es. Los expertos no lo ven así, pero una campaña sobre la vivienda tiene alicientes extras que no tiene una sobre los casos de corrupción o la inacción tras la invasión de Ceuta. Sin embargo, también es verdad que las elecciones no serían la semana que viene, sino como muy pronto a finales de noviembre, y el frame principal con el que los ciudadanos voten aquel día igual ya no es la vivienda, aunque sea la principal preocupación.

Vienen días interesantes y habrá que ver qué es exactamente lo que le queda a cada partido tras su movimiento de hoy. Quién tiene premio y quién tiene castigo. Y, sobre todo, quien ha satisfecho más a su electorado. El que ya tiene y el potencial de acabar votando.