La factura de la guerra ahoga a Rusia: el Kremlin ya busca recortes para sostener la ofensiva

La guerra de Ucrania sigue pasando factura a la economía rusa. El Kremlin prevé que el gasto destinado a la ofensiva militar supere este año en cerca de 24.000 millones de euros el presupuesto inicial previsto para la guerra, una situación que obliga al gobierno de Vladímir Putin a estudiar recortes y congelaciones de gasto en otras áreas del Estado.

Según una información publicada por el diario británico Financial Times, el ministro ruso de Finanzas, Anton Siluànov, pidió al gobierno a principios de año que se congelaran partidas presupuestarias no vinculadas a defensa para poder asumir el aumento de los costes militares. La petición evidencia las dificultades crecientes de Moscú para sostener económicamente una guerra que ya supera los tres años de duración.

El presupuesto estatal, destinado a la guerra

Actualmente, Rusia destina cerca del 40% del presupuesto estatal a defensa y seguridad, una cifra sin precedentes en las últimas décadas. A pesar de ello, los ingresos públicos no consiguen compensar el esfuerzo económico derivado de la invasión de Ucrania, especialmente en un contexto de sanciones internacionales y de fuerte presión sobre las finanzas del país.

Los datos oficiales muestran que el déficit público ruso ya equivale al 2,5% del producto interior bruto durante los primeros meses del año, el nivel más alto registrado desde que Putin ordenó el inicio de la invasión en febrero de 2022. Los expertos alertan de que esta situación podría obligar a Moscú a revisar sus prioridades presupuestarias y reducir inversiones en sectores sociales o infraestructuras.

A pesar de este escenario complicado, Rusia ha encontrado un cierto alivio temporal gracias al aumento reciente del precio del petróleo a raíz de la tensión en Oriente Próximo y del conflicto con Irán. El encarecimiento del crudo ha impulsado los ingresos energéticos rusos, una de las principales fuentes de financiación del Kremlin.

El barril de petróleo ha superado puntualmente los 100 dólares, un nivel que no se alcanzaba desde 2022, y esto ha permitido incrementar la recaudación por exportaciones energéticas. A pesar de todo, varios analistas consideran que estos ingresos extraordinarios difícilmente serán suficientes para cubrir el ritmo creciente de gasto militar que exige la guerra.

La economía rusa, perjudicada

El esfuerzo económico también está transformando la estructura interna de la economía rusa. La industria militar ha incrementado su producción de manera acelerada, mientras otros sectores sufren falta de inversiones, escasez de mano de obra y dificultades derivadas de las sanciones occidentales. A esto se suma la presión inflacionaria y la dependencia cada vez mayor de los ingresos energéticos.

Mientras tanto, el gobierno ruso mantiene el discurso oficial de que la economía resiste mejor de lo que preveían los países occidentales. Moscú insiste en que las sanciones no han logrado frenar su capacidad militar ni desestabilizar el país. No obstante, cada vez son más las voces que alertan de los costes a largo plazo que puede tener una guerra sostenida sobre las finanzas públicas rusas.

La necesidad de congelar otros gastos para priorizar el esfuerzo bélico evidencia hasta qué punto el conflicto ucraniano continúa condicionando toda la estrategia política y económica del Kremlin. Con la guerra aún lejos de una resolución, Rusia afronta ahora el reto de mantener el ritmo militar sin deteriorar aún más su situación financiera.