Por qué la crisis en Ceuta pone de acuerdo a izquierda y derecha en Europa

"Sabemos que muchos se pueden hacer preguntas sobre nuestra alianza. Venimos de diferentes posiciones políticas y, ciertamente, no estamos de acuerdo en todo. Pero estamos unidas en nuestro deseo de proteger Europa". Con este mensaje, publicado el pasado lunes en las redes sociales, Mette Frederiksen y Giorgia Meloni escenificaban una alianza que, sobre el papel, parecería improbable. Las únicas mujeres que encabezan un gobierno dentro de la Unión Europea provienen de tradiciones políticas prácticamente antagónicas: la primera ministra danesa representa la socialdemocracia nórdica, mientras que su homóloga italiana se ha convertido en uno de los principales referentes de la extrema derecha en Bruselas. Sin embargo, ambas han encontrado en el endurecimiento de la política migratoria un terreno común, y la crisis de Ceuta actúa como un nuevo argumento a favor de este entendimiento.

Las mandatarias hicieron una demostración de unidad el pasado lunes en la cuenta de Instagram de Frederiksen. Juntas, defendieron que, para frenar la inmigración irregular, Europa debe plantearse "crear centros de repatriación u otras soluciones innovadoras fuera" del bloque comunitario. Meloni y Frederiksen insistieron en que, a pesar de las diferencias ideológicas, comparten la voluntad de "proteger Europa" y sus "valores cristianos". "Ambas estamos orgullosas del patrimonio cultural de Europa y queremos protegerlo", decían.

Su mensaje es claro: "La inmigración ilegal tiene efectos negativos en nuestras sociedades". Citaban como elementos que refuerzan esta idea el aumento de la criminalidad, la presión sobre los sistemas de bienestar y la erosión de la confianza pública. En este marco, sostienen que los inmigrantes deben "respetar nuestros valores y no intentar imponernos formas de vida que no compartimos". Y no señalan solo la inmigración irregular: "Esto se aplica a los migrantes ilegales, pero también a los millones de ciudadanos extranjeros que viven legalmente en nuestros países y en toda Europa".

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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La sintonía entre Frederiksen y Meloni no es nueva, pero la inmigración siempre ha sido el punto de encuentro entre ambas. Desde que la líder italiana llegó al poder en 2022, han mantenido varias reuniones informales con el objetivo de tejer una coalición de gobiernos partidarios de endurecer la política migratoria europea. Entre sus prioridades está la de facilitar la deportación de migrantes que delinquen y modificar las normas comunitarias para trasladar solicitantes de asilo a centros de retención fuera de la Unión Europea. Esta cooperación se ha acelerado aún más en las últimas semanas a raíz de la crisis de Ceuta. Frederiksen y Meloni lideran un frente de 22 países que reclama a Bruselas un refuerzo de las fronteras exteriores y más dureza a la hora de combatir la inmigración irregular. 

Frederiksen y Meloni miran hacia casa

A pesar de presentar un problema de dimensión europea, buena parte de la estrategia responde a las necesidades internas de cada una. El tándem con Meloni da oxígeno a Frederiksen en el Folketing —el parlamento—, donde la primera ministra ha recibido una fuerte presión del Partido Popular Danés de Morten Messerschmidt. La formación le exigía abrir un debate de emergencia después de los hechos de Ceuta sobre la protección de las fronteras del país. Incluso defendía que Dinamarca abandonara el espacio Schengen, una opción que el gobierno de Frederiksen rechazó advirtiendo que podría convertir el país en un imán para los solicitantes de asilo. En este contexto, el mensaje conjunto con Meloni permite a la líder socialdemócrata reforzar su perfil de dureza en materia migratoria y neutralizar las acusaciones de permisividad que le llegan desde la derecha.

En Italia, la prensa ya interpreta este entendimiento como "la carta de Copenhague" de Meloni. Con las elecciones parlamentarias previstas para 2027, la primera ministra italiana afronta la irrupción de Roberto Vannacci y de su nuevo partido ultranacionalista y euroescéptico, Futuro Nazionale, que ha adoptado posiciones aún más extremas en materia migratoria y un discurso abiertamente hostil contra diversas minorías sociales. Esta competencia sitúa a los Hermanos de Italia de Meloni en un punto muy incómodo, ya que su posición hacia la inmigración, ya de por sí muy dura, queda lejos de la de los ultras de Vannacci. En este sentido, la alianza con Frederiksen permite a Meloni recordar a su electorado que lidera la batalla contra la inmigración masiva en Europa y, al mismo tiempo, exhibir que sus tesis ya no son patrimonio exclusivo de la extrema derecha.

Roberto Vannacci amenaza a Meloni en las próximas elecciones parlamentarias / UE
Roberto Vannacci amenaza a Meloni en las próximas elecciones parlamentarias / UE

Aparte, "la carta de Copenhague" también desvía el foco de otro frente abierto para Meloni, esta vez con Alemania. Berlín quiere retomar los retornos hacia Italia de los solicitantes de asilo que residen en territorio alemán, pero que entraron por primera vez en la Unión Europea a través del país transalpino. Con Alternativa para Alemania (AfD) ganando fuerza en las encuestas, el canciller Friedrich Merz también necesita exhibir mano dura en materia migratoria y ha decidido reactivar las devoluciones. El primer choque está previsto para el 19 de agosto, cuando Alemania quiere devolver a Italia una joven somalí de 22 años.

Resilientes y críticas con Trump

Más allá de la inmigración, Frederiksen y Meloni también han encontrado otros puntos de sintonía. Ambas han plantado cara a Donald Trump en cuestiones críticas para sus respectivos países. La danesa lo ha hecho ante las aspiraciones norteamericanas sobre Groenlandia, mientras que la italiana no ha permitido que las bases militares de su país sean utilizadas en operaciones vinculadas a la guerra de Estados Unidos con Irán. También comparten una notable capacidad de resiliencia. El 4 de septiembre, Meloni superará el récord de Silvio Berlusconi de 1.412 días consecutivos en el cargo y encabezará así el gobierno italiano más longevo desde la Segunda Guerra Mundial, un hito especialmente significativo en un país que ha tenido 68 ejecutivos desde 1946. Frederiksen, por su parte, está al frente de Dinamarca desde 2019 y, tras las elecciones de este año, ha encadenado un tercer mandato.