El presidente de Colombia, Gustavo Petro, ha advertido en una entrevista a la BBC que su país afronta una “amenaza real” de acción militar por parte de Estados Unidos, en un contexto de creciente tensión diplomática con la administración de Donald Trump. Las declaraciones llegan después de que el presidente estadounidense sugiriera que una operación militar contra Colombia “suena bien”, en medio de un discurso cada vez más agresivo hacia los gobiernos latinoamericanos.

Petro interpreta estas palabras como un síntoma de una visión imperial que, según él, Washington ha mantenido durante décadas en la región. “Estados Unidos ha tratado a otros gobiernos como si formaran parte de su imperio, al margen del derecho internacional”, afirmó. A su entender, esta estrategia puede acabar convirtiendo a una potencia global en un actor aislado: “Un imperio no se construye desde el aislamiento”.

La tensión se produce a pesar de una llamada telefónica reciente entre ambos líderes, que Trump describió públicamente como un “honor” y que fuentes colombianas calificaron de un giro de 180 grados en la retórica bilateral. Petro, sin embargo, relativizó el alcance de la conversación –“duró menos de una hora y la mayor parte la ocupé yo”– y dejó claro que las diferencias de fondo persisten, especialmente sobre inmigración, narcotráfico y Venezuela.

Crítica frontal de Petro

Uno de los puntos más polémicos de la entrevista ha sido la crítica frontal de Petro a las operaciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE. UU. (ICE), que comparó con "brigadas nazis". El presidente colombiano denuncia una política migratoria que, según él, no solo persigue latinoamericanos en las calles, sino que ya ha provocado la muerte de ciudadanos estadounidenses, como el caso reciente de una mujer abatida por un agente en Minneapolis, hecho que ha desencadenado protestas y críticas de las autoridades locales.

Trump justifica la expansión de ICE como una lucha contra el crimen y el tráfico de drogas, una responsabilidad que a menudo atribuye a países como Colombia y Venezuela. Petro rechaza estas acusaciones y recuerda su trayectoria de dos décadas combatiendo a los cárteles, “al precio que mi familia tuviera que exiliarse”. Antiguo guerrillero, el presidente ha impulsado una política de “paz total” basada en el diálogo con grupos armados, una estrategia cuestionada por la oposición en un momento en que la producción de cocaína ha alcanzado máximos históricos.

La crisis se enmarca también en el nuevo escenario regional tras la operación militar estadounidense en Venezuela y la captura de Nicolás Maduro. Petro ve una relación directa con los intereses energéticos y con la salida de EE. UU. del Acuerdo de París: “Si no se hubiera abandonado la lucha climática, no habría guerras”.

¿Qué pasaría ante un ataque?

Ante un eventual ataque, el presidente colombiano asegura que prefiere el diálogo, pero evoca la historia del país: sin grandes arsenales ni defensas antiaéreas, Colombia –dice– siempre ha confiado “en las masas, las montañas y la selva”. Una advertencia que resuena más como recuerdo del pasado que como una amenaza, en una región que vuelve a mirar con inquietud hacia Washington.