La guerra contra Irán se alarga mucho más de lo que Donald Trump esperaba cuando se dejó seducir por Benjamin Netanyahu e inició una ofensiva contra la República Islámica. El republicano hace semanas que dice que la guerra está a punto de acabar, pero la realidad siempre choca con su relato. El alto volumen de ataques que se han lanzado en Oriente Medio ha llevado a las partes implicadas en el conflicto a situar la producción de armamento entre sus máximas prioridades. En este contexto, el Pentágono ha pedido a las grandes automovilísticas norteamericanas que participen en la fabricación de material militar, un movimiento sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial. Según ha revelado The Wall Street Journal, altos cargos del Departamento de Defensa han mantenido contactos con directivos de compañías como General Motors o Ford para explorar cómo pueden adaptar sus fábricas y recursos humanos a la fabricación de municiones y otros equipos.
Desde el Pentágono defienden que la estrategia responde a la necesidad de ampliar de manera urgente la capacidad productiva. “Estamos comprometidos a expandir rápidamente la base industrial de defensa, aprovechando todas las soluciones y tecnologías comerciales disponibles para garantizar que nuestros combatientes mantengan una ventaja decisiva”, ha afirmado un funcionario de Defensa al mismo diario neoyorquino. La presión que la guerra ejerce sobre las reservas estadounidenses, especialmente en lo que respecta a municiones y equipamiento táctico como misiles o sistemas antidrones, ha acelerado los contactos con el sector privado. De hecho, la administración ha situado la fabricación militar en “pie de guerra”, según el secretario de Defensa, Pete Hegseth.
Los contactos entre el Pentágono y la industria no son recientes y se remontan a meses antes de el estallido de la guerra con Irán, aunque ahora se han intensificado. Un ejemplo es el de Oshkosh, con sede en Wisconsin, que ya inició conversaciones con Defensa en noviembre después del llamamiento de Hegseth a incrementar la producción, según ha explicado Logan Jones, miembro de la compañía automovilística. Aunque la empresa fabrica vehículos tácticos para el ejército estadounidense y sus aliados, la mayor parte de sus ingresos proviene de actividades que no están vinculadas directamente al sector de la defensa.
En paralelo, el mando militar estadounidense ha admitido que está aprovechando el alto el fuego para reforzar sus capacidades en la región. Este mismo jueves, el almirante Brad Cooper, jefe del Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM), ha explicado en rueda de prensa que las tropas desplegadas en Oriente Medio están inmersas en un proceso de rearme y reorganización. Según su “evaluación personal”, después de varias visitas recientes, los efectivos están aprovechando este período para “rearmarse, reequiparse y ajustar sus tácticas, técnicas y procedimientos”.
CENTCOM Commander Brad Cooper:
— Clash Report (@clashreport) 16 de abril de 2026
We’re re-arming, we’re retooling, and we’re adjusting our tactics, techniques, and procedures.
There’s no military in the world that adjusts like we do, and that’s exactly what we’re doing right now during the ceasefire. pic.twitter.com/XHVJUwFjEt
Recuerdos de la Segunda Guerra Mundial
La iniciativa de la administración Trump recupera un modelo que no se había visto desde la Segunda Guerra Mundial, cuando la industria civil norteamericana se reconvirtió masivamente para la producción militar. Entonces, los fabricantes de automóviles de Detroit dejaron de producir vehículos para centrarse en bombarderos, motores de avión o camiones, en lo que se conoció como el “Arsenal de la Democracia”. Actualmente, sin embargo, la fabricación de armamento recae principalmente en un número reducido de grandes contratistas, y aunque algunas empresas fuera del sector de defensa ya colaboran con el Pentágono —como es el caso de Oshkosh—, estas participaciones suelen ser limitadas y enfocadas a ámbitos concretos, como proyectos tecnológicos o desarrollos en inteligencia artificial.