Decenas de miles de personas han desafiado este sábado el calor extremo para participar en la marcha del Orgullo de Budapest, la primera que se celebra después del fin de los 16 años de gobierno del ultranacionalista Viktor Orbán, que el año pasado intentó sin éxito prohibir el desfile. Según el portal Népszava.hu, la participación ha sido menor que la de 2025, la cual reunió a 380.000 asistentes que salieron a la calle en respuesta a la creciente criminalización de la comunidad LGTBI impulsada durante el mandato de Orbán. La marcha ha recorrido el centro de la capital húngara, ha atravesado el puente Erzsébet y ha culminado en el parque de Vérmező, donde la jornada se ha convertido en una gran fiesta al aire libre.
La menor afluencia respecto al año pasado podría explicarse por las temperaturas extremas, que este sábado han llegado hasta los 38 grados, solo uno por debajo del récord histórico registrado en Budapest. Ante esta situación, los mismos organizadores llegaron a publicar un mensaje en las redes sociales asegurando que no asistir a la marcha este año "no es ninguna vergüenza". Lo que sí ha desaparecido ha sido el clima de miedo que había marcado las últimas ediciones. Después de la derrota electoral de Orbán en abril, el nuevo gobierno conservador ha anunciado el fin de las políticas de persecución contra la comunidad LGTBI. "Ahora hemos podido organizar el Orgullo sin problemas, de una manera legal, ya que la policía no ha puesto impedimentos", ha explicado a EFE Ede Balogh, uno de los organizadores de la movilización y portavoz del evento.
16 años de políticas homófobas
La situación de la comunidad LGTBI en Hungría empeoró de manera progresiva durante los 16 años de gobierno de Orbán. Después de llegar al poder en 2010, el dirigente ultranacionalista impulsó diversas reformas que restringieron los derechos del colectivo, entre ellas la prohibición de la adopción por parte de parejas del mismo sexo. Posteriormente, su ejecutivo aprobó leyes que vinculaban la homosexualidad con la pedofilia y, el año pasado, promovió una reforma constitucional que abría la puerta a prohibir la Marcha del Orgullo bajo el argumento de proteger a los menores. A pesar del cambio de gobierno, Balogh ha advertido que todavía queda camino por recorrer y ha recordado que el ejecutivo del primer ministro Péter Magyar todavía no ha derogado las normas homófobas aprobadas durante la etapa de Orbán.
En este sentido, Magyar ha pedido "paciencia" a la comunidad LGTBI. El jefe del ejecutivo ha asegurado que su gobierno reconoce y respeta la libertad de cada persona "de amar como ama", pero todavía no ha concretado ninguna reforma legislativa. "De momento, miramos al gobierno con una cautelosa esperanza y expectación, esperando que estas bellas palabras que se oyen en el Parlamento de boca de Magyar y otros ministros se traduzcan realmente en hechos", ha afirmado Balogh.
Mayoría a favor
El cambio político también parece reflejarse en la opinión pública. Según diversas encuestas recientes del instituto Medián, el 69% de los húngaros apoya la celebración de eventos como la marcha del Orgullo, un porcentaje que se eleva hasta casi el 80% entre los habitantes de Budapest. Los sondeos también indican que el 68% de la población es favorable al matrimonio entre personas del mismo sexo, mientras que el 57% considera que se deberían derogar las leyes que restringen los derechos de la comunidad LGTBI aprobadas durante los gobiernos de Orbán.
