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Flávio Bolsonaro ha dado este domingo el pistoletazo de salida a su primera campaña presidencial con un mensaje claro: presentarse como la alternativa de la derecha a Luiz Inácio Lula da Silva. El senador ha escogido la playa de Copacabana, en Río de Janeiro, uno de los principales bastiones del bolsonarismo, para iniciar una carrera electoral que las encuestas anticipan especialmente ajustada. El mismo día, Lula ha hecho su primer mitin en São Bernardo do Campo, en las afueras de São Paulo, la ciudad donde empezó su trayectoria como sindicalista y que constituye uno de los grandes símbolos de su carrera política.

Vestido con una camiseta amarilla con el lema "Mi partido es Brasil" y con un chaleco antibalas bajo la ropa, Flávio Bolsonaro ha reunido a centenares de simpatizantes delante del mar, en un acto marcado por las banderas brasileñas y algunos estandartes de Estados Unidos. El candidato del Partido Liberal ha situado la seguridad pública en el centro de su discurso y ha convertido a Lula en el principal blanco de sus ataques.

¿Cuarto mandato consecutivo para Lula?

En el otro extremo del país, Lula ha querido dar una demostración de fuerza delante de miles de militantes del Partido de los Trabajadores (PT) en el estadio municipal Primero de Mayo de São Bernardo do Campo. El presidente, que aspira a un cuarto mandato no consecutivo a los 80 años, ha reivindicado su trayectoria sindical y el legado social de sus gobiernos. "Mientras esté vivo, no me permitiré dejar de luchar y permitir que la derecha vuelva a gobernar", ha afirmado durante un discurso de unos 40 minutos.

Aunque Lula también ha situado la lucha contra el crimen organizado entre sus prioridades, ha planteado una estrategia diferente a la de su rival. El presidente ha defendido combatir las grandes organizaciones criminales atacando sus finanzas y capturando a sus dirigentes, en un país donde operan grupos como el Primeiro Comando da Capital (PCC) y el Comando Vermelho. También ha prometido reforzar la lucha contra los feminicidios.

Flávio, en cambio, ha optado por un discurso más contundente en materia de seguridad. "Brasil mira a Brasilia con asco", ha proclamado, antes de acusar a Lula de haber generado endeudamiento, perjudicado a las empresas públicas y ser demasiado blando ante el narcotráfico. También ha acusado al entorno del gobierno de Lula de estar afectado por la corrupción y ha definido al presidente como "el moroso de la esperanza".

Flávio, ¿con su padre en la sombra?

Su propuesta implica endurecer las penas contra la delincuencia y reforzar la respuesta del Estado ante las organizaciones criminales. Flávio ha defendido rebajar a 16 años la edad de responsabilidad penal, aplicar la castración química a los condenados por pederastia y establecer penas de como mínimo ocho años de prisión para los ladrones de teléfonos móviles. También ha propuesto tratar a las grandes bandas del narcotráfico como organizaciones terroristas.

La candidatura de Flávio está estrechamente vinculada a Jair Bolsonaro. El expresidente, inhabilitado y bajo arresto domiciliario después de ser condenado por el intento de golpe de Estado posterior a las elecciones de 2022, ha apoyado la candidatura de su hijo. Flávio defiende su legado e intenta convertir el apellido Bolsonaro en un activo electoral, a pesar de que necesita ampliar su base más allá del núcleo duro del bolsonarismo.

La proximidad entre ambos candidatos explica la importancia de este inicio de campaña. La última encuesta de Genial/Quaest sitúa a Lula por delante de Flávio en primera vuelta, con un 38% frente al 31%. En una eventual segunda vuelta, sin embargo, la distancia se reduce a solo tres puntos: 43% para Lula y 40% para Flávio, dentro del margen de error de dos puntos.

De esta manera, Flávio afronta las semanas que separan el inicio oficial de la campaña de las elecciones del 4 de octubre con la doble misión de mantener fiel el voto de su padre y, a la vez, convencer a los electores que todavía dudan entre la continuidad de Lula y el regreso del bolsonarismo al poder. Lula, por su parte, busca convertir su trayectoria política y su legado social en argumentos para conseguir un nuevo mandato y mantener el Partido de los Trabajadores en el Palacio de Planalto