Cargando...

La literatura rusa vive uno de los momentos más convulsos desde la caída de la Unión Soviética. La guerra de Ucrania no solo se combate en el frente, sino también en las librerías, las editoriales y los grandes eventos culturales del país. La última edición de la Feria Internacional del Libro de San Petersburgo ha evidenciado hasta qué punto el Kremlin ha convertido la cultura en una herramienta más de movilización patriótica y legitimación del conflicto.

El certamen, que durante décadas fue una ventana abierta a la literatura internacional y un punto de encuentro entre autores rusos y occidentales, ha cambiado profundamente de rostro. Allí donde antes predominaban las novedades editoriales y los debates literarios, hoy ganan protagonismo escritores ultranacionalistas, corresponsales de guerra y figuras que defienden abiertamente la invasión de Ucrania.

Uno de los momentos más simbólicos de la feria fue la aparición de Zakhar Prilepin, uno de los escritores nacionalistas más conocidos de Rusia y firme defensor de la intervención militar. Su conferencia estuvo rodeada de un amplio dispositivo de seguridad, con controles policiales, inspecciones con perros detectores de explosivos y registros a los asistentes. La protección reforzada responde al atentado que sufrió en 2023, cuando una bomba explotó bajo su vehículo.

Cultura y guerra, de la mano

La escena refleja una realidad cada vez más habitual en Rusia: la fusión entre literatura, política y guerra. Mientras cientos de personas esperaban al autor, otros espacios de la feria acogían recitales de la llamada "poesía Z", un género surgido después de la invasión de 2022 que recupera la estética heroica soviética para glorificar a los combatientes actuales.

Los relatos del frente también ocupaban un lugar central. Periodistas afines al Kremlin presentaban libros basados en experiencias en las zonas de combate y repetían argumentos habituales de la narrativa oficial rusa, según la cual Moscú lucha contra una amenaza impulsada por Occidente. En algunos casos, estas intervenciones incluían afirmaciones sin verificación independiente sobre la participación directa de la OTAN o sobre presuntos abusos cometidos por las autoridades ucranianas.

Pero entre los discursos oficiales también emergieron voces de duda. Durante una de las presentaciones, un profesor universitario jubilado interrumpió el debate con una pregunta tan simple como incómoda: "¿Acabaremos haciendo la paz?". La intervención generó un momento de tensión en un acto donde predominaba un relato marcadamente belicista.

Preocupaciones sobre la guerra

La pregunta resume un sentimiento que, según varios observadores, continúa presente en una parte de la sociedad rusa después de más de cuatro años de guerra. Aunque las autoridades mantienen el control del relato público, las preocupaciones sobre el coste económico y humano del conflicto no han desaparecido.

Mientras tanto, la situación del sector editorial es cada vez más delicada. Desde el inicio de la invasión, numerosos autores críticos con el Kremlin han abandonado el país. Figuras reconocidas de la literatura contemporánea rusa han visto cómo sus obras desaparecían progresivamente de las librerías o quedaban relegadas a circuitos marginales.

Paralelamente, las autoridades han intensificado la presión sobre editoriales y libreros. Investigaciones judiciales, restricciones sobre contenidos relacionados con los derechos LGTBIQ+ y la amenaza constante de sanciones han generado un clima de miedo que favorece la autocensura. Muchos profesionales del sector reconocen que ya no seleccionan los libros exclusivamente por criterios literarios, sino también en función del riesgo que pueden comportar.

Una trabajadora de una histórica librería independiente de San Petersburgo lo resume con resignación. Explica que numerosos libros permanecen escondidos en los almacenes a la espera de tiempos mejores. Su empresa, asegura, decidió no participar en la feria porque considera que el evento ha dejado de ser un espacio cultural para convertirse en una plataforma al servicio del discurso oficial.

Esta transformación refleja una tendencia más profunda. En la Rusia actual, la batalla por el relato se ha convertido en una extensión del conflicto militar. Y mientras los combates continúan en Ucrania, las librerías, las editoriales y los escritores se han convertido también en protagonistas de una guerra que se libra con palabras, ideas y silencios.