El líder de Corea del Norte, Kim Jong Un, vuelve a enviar un mensaje calculado al mundo —y, sobre todo, a su propio aparato de Estado—. En el último desfile militar celebrado en Pyongyang con motivo del congreso del Partido de los Trabajadores, el dirigente ha comparecido con su hija adolescente, Kim Ju-ae, ambos vestidos con chaquetas de cuero a juego. La imagen, ampliamente difundida por los medios estatales, no ha pasado desapercibida para los analistas.
En un régimen donde la escenografía política es tan importante como las decisiones de gobierno, el vestuario nunca es casual. La chaqueta de cuero oscura forma parte de la iconografía habitual de Kim en actos de fuerte contenido simbólico, especialmente aquellos vinculados al ejército y al programa armamentístico. Ver a su hija con la misma indumentaria, de pie a su lado mientras revisa las tropas y recibe saludos de la alta cúpula militar, refuerza la percepción de que Ju Ae no es solo una presencia familiar, sino una figura proyectada hacia el futuro.
Perdura la dinastía Kim
La dinastía Kim gobierna el país desde hace décadas bajo el relato de la “línea sanguínea Paektu”, un concepto que vincula la legitimidad política con una herencia casi mítica. En este contexto, cada aparición pública tiene un peso específico. Ju Ae ya había captado la atención internacional en 2022, cuando acompañó a su padre en el lanzamiento de un misil balístico intercontinental, una escena que marcó su presentación oficial al mundo.
Desde entonces, su presencia en actos de alto perfil se ha ido intensificando. Según el Servicio Nacional de Inteligencia de Corea del Sur, la joven ha sido “claramente designada como sucesora”, aunque todavía no ocupa ningún cargo formal dentro de la estructura del partido. Algunos expertos apuntan que su edad —probablemente al inicio de la adolescencia— limita, por el momento, cualquier participación institucional directa.
¿Qué quiere decir que lleven la misma chaqueta?
Pero el mensaje simbólico es potente. En la cultura política norcoreana, la imagen del líder como garante supremo de la seguridad nacional es central. Reproducir esta estética en la figura de su hija puede interpretarse como una forma de transferencia gradual de legitimidad. No se trata solo de un gesto paternal; es una puesta en escena con lectura estratégica.
En el desfile, también apareció la primera dama, Ri Sol Ju, reforzando la imagen de unidad familiar. Las fotografías muestran a Ju Ae caminando por la alfombra roja al lado de su padre, mientras recibe honores militares. Este tipo de escenas contribuyen a normalizar su presencia dentro del círculo de poder.
Pyongyang nunca ha confirmado la edad exacta de Ju Ae, y la información sobre su vida personal es limitada. Antes de su aparición pública, la única referencia externa sobre su existencia había llegado a través del exjugador de la NBA Dennis Rodman, que visitó el país en 2013.
En un Estado donde el control del relato es absoluto, cada fotografía es un mensaje. Y esta vez, la imagen de una chaqueta de cuero compartida podría estar anunciando mucho más que una simple coincidencia estética: podría ser el ensayo visual de una sucesión dinástica que el régimen quiere presentar como natural, inevitable y, sobre todo, legítima.
