El gobierno de la República de Irlanda debe convocar un referéndum de unificación de la isla antes de cinco años. Es la propuesta del Sinn Féin, el partido de referencia de los nacionalistas irlandeses de izquierda, hecha este sábado en la Ard Fheis, su congreso anual, celebrado en Derry bajo el lema "Tiempo de unidad". "Que les quede claro a los gobiernos irlandés y británico. Esta década se acabará finalmente la partición [de la isla] y conseguiremos una nueva Irlanda unida", clamó Mary Lou McDonald (foto), la presidenta del partido, ante la militancia.

La propuesta no es muy concreta. El gobierno de la República debe tomar la iniciativa y convocar a discusión pública a todos los ciudadanos de la isla, los de la República y los del Norte, ahora bajo jurisdicción de la corona británica. Este foro serviría para planificar "la transición hacia una Irlanda unida, que implique a todas las personas, que organice nuestra economía y nuestros servicios públicos." El referéndum "debe hacerse en los próximos cinco años", ha insistido McDonald.

"Los días de la partición se acaban, el cambio está en el aire, el Brexit lo ha cambiado todo. Por primera vez, mucha gente considera su futuro en una Irlanda unida. El gobierno irlandés y todos aquellos que dicen que ahora no es momento de hablar de unidad se equivocan. Se hará un referéndum, tal como se recoge en los acuerdos del Viernes Santo [que en 1998 pusieron fin al terrorismo en el Norte]. No se trata de si se hará el referéndum, sino de cuándo se hará", ha añadido.

La influencia del Brexit

La unificación de la isla ha reaparecido con fuerza en el horizonte político a consecuencia del Brexit, dado que el escollo final para pactar las condiciones de salida de la Gran Bretaña de la UE ha sido, justamente, la defensa férrea de Bruselas de la cláusula de los acuerdos del Viernes Santo que obliga a que la frontera entre el Eire y el Ulster sea "invisible".

Los brexiters, pues, se han visto obligados a pactar un estatus especial para Irlanda del Norte que, de hecho, equivale a la unificación aduanera y fiscal de la isla, gestionada por el gobierno de la República. La decisión de mantener este estatus dependerá sólo de la Asamblea de Irlanda del Norte y por mayoría simple.

Este acuerdo ha tomado a los unionistas irlandeses con el paso cambiado. Lo ven como el último desprecio. De hecho, el Ulster es más un problema que una ventaja para Londres. No sólo es el penúltimo residuo de un pasado colonial que hace demasiado ruido político, sino que la provincia es una carga económica.

En octubre, Boris Johnson, el primer ministro británico, aceptó el acuerdo con Bruselas sin luchar mucho. Sabe que la mayoría de los ciudadanos del Ulster (como los de Escocia) no quieren marcharse de la UE y tampoco le votarán nunca, a la vez que perder la provincia no le causará daño electoral en Inglaterra ni Gales. Solo le costó perder el apoyo de los 10 escaños del DUP, el partido unionista radical, en la Cámara de los Comunes. Le trae al fresco, porque su mayoria ya no dependía de ellos.

Pasar al frente

El Sinn Féin atiza el avispero de Irlanda del Norte con mucha intención y oportunamente. Su cálculo es que puede salir ganando tanto en la República —donde es el tercer partido en el Dáil (la cámara baja)— como en el Norte, donde es el primer partido de la Asamblea que decidirá el futuro de este territorio. Si Londres se desentiende del Ulster o cuaja allí esa percepción, el movimiento por la unificación de la isla puede sumar conversos entre los unionistas moderados y los indiferentes.

Con la actual proporción de fuerzas en el Norte, estas ganancias serían bastantes para decantar el referéndum en favor de la unificación, un siglo después de la partición de la isla. El Sinn Féin calcula que se llevaría la mayoría de los beneficios políticos de la situación, por delante de sus rivales, los partidos republicanos tradicionales Fianna Fáil y Fine Gael, que no tienen tanta prisa en plantear la unificación.

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