Irán está reconsiderando su participación en una nueva ronda de conversaciones de paz con Estados Unidos en Islamabad, en un contexto marcado por la tensión creciente y la incertidumbre sobre el futuro del alto el fuego vigente. Aunque inicialmente Teherán había descartado asistir, ahora un alto funcionario iraní citado por Reuters asegura que el régimen está “revisando positivamente” su presencia en el encuentro, en parte gracias a los esfuerzos de Pakistán para intentar aliviar el bloqueo naval estadounidense sobre el país persa. Este cambio de posición llega después de unas horas de mensajes contradictorios y evidencia la fragilidad del momento diplomático.
De hecho, a primera hora del mismo día, el portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Ismail Baghaei, había sido contundente al afirmar que no había planes para acudir a Islamabad, acusando a Washington de no demostrar “un compromiso serio con el proceso diplomático”. Baghaei denunció como “claras violaciones” del alto el fuego la confiscación reciente de un barco iraní, el bloqueo marítimo y los retrasos en la aplicación de la tregua en el Líbano. Con todo, fuentes pakistaníes apuntan que Irán estaría “dispuesto a una segunda ronda”, aunque admiten que “no se ha tomado ninguna decisión” definitiva.
En paralelo, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha elevado el tono y ha lanzado mensajes que mezclan presión y optimismo, como siempre hace. En declaraciones a Fox News, ha afirmado que un acuerdo con Irán se podría firmar “hoy” en Islamabad, a pesar de que ni siquiera está confirmado si estas conversaciones se producirán. Asimismo, ha advertido que, si no se llega a un pacto, hará “volar por los aires todas las centrales eléctricas y puentes de Irán”. Trump también ha anunciado el envío de una delegación estadounidense a la capital pakistaní, encabezada, de nuevo, por el vicepresidente J.D. Vance, con el objetivo de reactivar el diálogo tras el fracaso de la reunión del pasado 11 de abril.
Un escenario abierto y lleno de riesgos
A pesar de los movimientos diplomáticos, la distancia entre Washington y Teherán sigue siendo profunda. Las discrepancias sobre el programa nuclear iraní, el control del estrecho de Ormuz y el mantenimiento del bloqueo naval dificultan cualquier entendimiento, mientras el tiempo juega en contra: el alto el fuego acordado el 8 de abril está a punto de expirar. En este contexto, crece el temor a una escalada militar, con Estados Unidos reforzando su presencia en la región y estudiando diversos escenarios de intervención. Sin embargo, y como ya ha pasado en otros momentos del conflicto, no se descarta un giro inesperado de última hora que permita salvar la tregua y reactivar la vía diplomática.