Grecia despliega el Escudo de Aquiles ante la nueva amenaza de misiles y drones

Grecia está construyendo una nueva cúpula de defensa sobre su territorio. Este lunes, Atenas e Israel tienen previsto firmar en Tel Aviv un acuerdo por valor de 3.100 millones de euros para dotar a las fuerzas armadas griegas de nuevos sistemas antiaéreos y antimisiles. El objetivo es crear el llamado Escudo de Aquiles, una red capaz de detectar y responder a amenazas que vayan desde drones hasta misiles balísticos.

La decisión llega en un momento especialmente sensible para Grecia. Hace solo unos días, el país trasladó una batería de misiles Patriot desde la isla de Kárpatos hasta Creta, cerca de la base militar de Suda. El movimiento responde al temor de que Irán pueda atacar instalaciones vinculadas a Estados Unidos en el Mediterráneo oriental. Según informó El Nacional, el despliegue se hizo como medida preventiva ante la escalada regional.

Una combinación con los Patriot

Ahora, Atenas da un paso mucho más ambicioso. El Escudo de Aquiles combinará los Patriot norteamericanos que Grecia ya tiene con tres sistemas fabricados por Israel: el Spyder, pensado para hacer frente a amenazas de corto alcance; el Barak MX, para objetivos de medio alcance, y el David’s Sling, especializado en la intercepción de misiles balísticos y otros proyectiles de largo alcance.

La idea es construir una defensa por capas. En lugar de confiar en un único sistema, diferentes armas podrán actuar en función de la distancia y del tipo de amenaza. La red también incorporará sistemas antidrones y sensores que ya operan en islas del Egeo y en el continente griego.

El cerebro de este escudo será un sistema de mando y control basado en inteligencia artificial. Según explica el Ministerio de Defensa griego, el software deberá detectar las amenazas, clasificarlas y determinar qué sistema es el más adecuado para intentar neutralizarlas. El objetivo es evitar, por ejemplo, utilizar un misil caro contra una amenaza que podría ser interceptada con un sistema más económico.

La tensión entre Ankara y Atenas

La inversión no se entiende solo mirando hacia Irán. Grecia y Turquía mantienen desde hace décadas una relación marcada por disputas territoriales en el Egeo y por la cuestión de Chipre. Las tensiones continúan presentes, a pesar de que ambos países son miembros de la OTAN.

En las últimas semanas, además, Atenas y Ankara han vuelto a intercambiar gestos de tensión. Grecia ha presentado un nuevo marco para ordenar el desarrollo de las energías renovables en aguas del Egeo, una zona donde los dos países mantienen diferencias sobre sus respectivas áreas marítimas. Este viernes, según informó la cadena griega Skai, dos F-16 griegos interceptaron un dron turco que volaba en el espacio aéreo griego cerca de Alejandrópolis.

El refuerzo griego forma parte de un plan de modernización militar mucho más amplio. El gobierno prevé invertir unos 28.000 millones de euros durante la próxima década para renovar sus fuerzas armadas. El paquete incluye también nuevas fragatas, aviones de transporte, drones y otros sistemas de armamento. Según el diario griego Kathimerini, Atenas también adquirirá dos fragatas italianas de la clase Bergamini.

La relación con Israel

La relación con Israel se ha convertido en una pieza importante de esta estrategia. Atenas ha profundizado durante los últimos años en la cooperación militar con Israel, especialmente en ámbitos como la defensa antiaérea, los drones y la ciberseguridad. El nuevo escudo es la muestra más ambiciosa.

Pero el momento en que llega es tan importante como la tecnología que incorpora. La guerra con Irán ha demostrado que los misiles y los drones pueden llegar mucho más lejos del campo de batalla tradicional, mientras que las tensiones con Turquía recuerdan a Grecia que su principal preocupación de seguridad también sigue estando mucho más cerca.

Atenas, por lo tanto, no está construyendo solo una barrera contra los misiles. Está intentando prepararse para un Mediterráneo en el que las amenazas son cada vez más diversas y en el que un país que durante décadas ha mirado sobre todo hacia el Egeo ahora también tiene que protegerse de lo que llega desde mucho más lejos.