El jefe del Consejo para la Seguridad Nacional de Ucrania, Rustem Umérov, y el ministro de Economía, Oleksí Sobolev, se han citado este jueves en Ginebra con emisarios de la Casa Blanca —Steve Witkoff y Jared Kushner— para intentar cerrar el acuerdo económico que debe marcar una nueva etapa en la reconstrucción de Ucrania después de casi cuatro años de guerra. El encuentro llega en un momento en que la necesidad de una respuesta estructurada y a largo plazo es cada vez más urgente, tanto para los techos golpeados de las ciudades ucranianas como para la seguridad geopolítica de Europa.
Según explicó el presidente Volodímir Zelenski este miércoles en un mensaje de voz dirigido a los periodistas, la primera cuestión sobre la mesa será el “Paquete de Prosperidad”, un paquete que pretende describir con detalle las inversiones y mecanismos económicos que deben permitir financiar la reconstrucción del país después de la destrucción provocada por la guerra. Este paquete ha sido un elemento clave de las conversaciones entre Kyiv y Washington, con el objetivo de garantizar que las ayudas no sean solo inmediatas, sino también sostenibles y orientadas al desarrollo.
El contexto de la cumbre Ucrania y los EUA
Esta reunión diplomática se produce en un contexto en el que la relación económica entre Ucrania y los Estados Unidos ha ido ganando forma y contenido a lo largo del último año. El noviembre pasado, la U.S. International Development Finance Corporation (DFC) seleccionó la firma Alvarez & Marsal como asesor para ayudar a desplegar el nuevo fondo que debe canalizar estas inversiones, un paso que fue celebrado como avance hacia una operatividad completa.
El 18 de diciembre de 2025 la misma DFC anunció que el Fondo de Inversión de Reconstrucción Ucrania–EE. UU. era ya plenamente operativo y estaba a punto de comenzar a examinar las primeras inversiones previstas para 2026. Este fondo pretende movilizar capital privado norteamericano y aliado en sectores estratégicos como minerales críticos, energía, transporte o tecnología de la información, áreas que consideran vitales para la seguridad económica y la prosperidad de ambos países.
La iniciativa no ha nacido de cero. El 30 de abril de 2025, la Casa Blanca y el ejecutivo ucraniano firmaron un acuerdo que establecía las bases legales de este fondo de reconstrucción, un instrumento que debe permitir canalizar, con criterios claros de gobernanza y transparencia, recursos hacia proyectos de infraestructura, energía y sectores productivos que han sido golpeados o paralizados por la invasión rusa.
Además, en septiembre de 2025, la DFC y el Gobierno de Ucrania hicieron efectiva una contribución inicial de 150 millones de dólares al fondo, con 75 millones aportados por cada parte, un gesto que fue interpretado como una señal de compromiso firme con la recuperación económica del país.
Cuatro años de guerra en Ucrania
Pero más allá de los números y de los mecanismos financieros, el encuentro de Ginebra pone sobre la mesa también un elemento político y simbólico que no se puede obviar. La guerra con Rusia, desencadenada a gran escala el 24 de febrero de 2022, ha dejado centenares de miles de muertos, millones de desplazados y una destrucción masiva de infraestructuras civiles e industriales. La necesidad de rearmar no solo la economía, sino la misma estructura social e institucional de Ucrania, está en el centro de cualquier debate sobre futuro y estabilidad.
A medida que las conversaciones avanzan, la comunidad internacional observa con atención cómo se definen los términos de este paquete económico multilateral. La voluntad declarada es que no sea un instrumento de dependencia, sino un puente hacia un futuro de crecimiento y autosuficiencia para Ucrania, garantizando al mismo tiempo intereses estratégicos compartidos con los Estados Unidos y sus aliados.
La reunión de este jueves en Ginebra aspira, pues, a ser este punto de inflexión que convierta compromisos políticos en alianzas económicas sólidas, capaces de hacer frente a los efectos devastadores de la guerra y de proyectar una Ucrania reconstruida e integrada dentro de la economía global del siglo XXI.
