Las autoridades iraníes han salido al paso de las informaciones que alertaban de una posible ejecución de Erfan Soltani, detenido a raíz de las protestas antigubernamentales que sacuden el país desde hace semanas. Un portavoz del aparato judicial ha asegurado que Soltani, de 26 años, “no ha sido condenado a muerte” y ha calificado las alertas como un “paso evidente para generar noticias” por parte de medios opositores, según informa la televisión pública IRIB.
Soltani fue detenido el 10 de enero, imputado por “colusión contra la seguridad interna del país y actividades de propaganda contra el régimen”, y actualmente se encuentra encarcelado en Karaj. Según las autoridades, si la fiscalía prueba los cargos y un tribunal competente dicta sentencia, la ley solo prevé pena de prisión. “La pena de muerte no existe en la legislación para este tipo de delitos”, ha subrayado el portavoz.
El martes, la ONG Hengaw había alertado de una ejecución inminente tras un “proceso judicial rápido y opaco”, situando el caso dentro del contexto de una oleada de protestas alimentada por la crisis económica y el deterioro del nivel de vida. Según diversas organizaciones internacionales, estas movilizaciones han causado cientos de muertos, aunque Iran Human Rights, con sede en Noruega, habla de al menos 3.428 víctimas mortales, un número mucho más elevado que el reconocido oficialmente por Teherán.
"Elementos terroristas dirigidos desde el exterior"
El ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araqchi, ha afirmado que "no hay planes" para colgar a ningún detenido por estos hechos y ha asegurado que detrás de las protestas hay "elementos terroristas dirigidos desde el exterior", a los que acusa de haber abierto fuego contra las fuerzas policiales y de seguridad. La discrepancia con las cifras de ONG internacionales es clara: mientras el régimen habla de "cientos" de muertos, los informes independientes documentan miles de víctimas.
Las autoridades han acusado explícitamente a Estados Unidos e Israel de alentar las protestas y de dar apoyo a los disturbios, sugiriendo que la violencia podría servir como excusa para que Washington intervenga militarmente. La tensión se ha intensificado después de que el presidente estadounidense Donald Trump advirtiera a Teherán sobre "acciones muy firmes" si comenzaban a ejecutar a detenidos relacionados con las movilizaciones.
A pesar de las acusaciones mutuas, Araqchi ha insistido en la necesidad de mantener el diálogo con Washington, advirtiendo, al mismo tiempo, que Irán está “preparado” para cualquier eventualidad bélica. Esta combinación de amenaza y llamada al diálogo es representativa de la estrategia del régimen: deslegitimar las críticas, controlar la narrativa interna e internacional, y al mismo tiempo proyectar fortaleza ante el mundo exterior.
El caso de Erfan Soltani es, más que un episodio aislado, un termómetro de la crisis política y social que atraviesa Irán. Muestra cómo el régimen equilibra represión y propaganda, minimiza las denuncias internacionales y responsabiliza a actores externos de sus propias dificultades internas. En este contexto, habrá que seguir de cerca cómo evolucionan tanto las comunicaciones oficiales de Teherán como la presión internacional sobre los derechos humanos en el país, especialmente mientras las protestas continúan yla tensión con Estados Unidos se mantiene alta.
