La nueva epidemia de Ébola declarada en el este de la República Democrática del Congo (RDC) está llevando el sistema sanitario local al límite. Los hospitales y centros médicos de la provincia de Ituri, epicentro del brote, se encuentran completamente saturados ante el aumento acelerado de casos sospechosos, según ha denunciado este miércoles la organización humanitaria Médicos Sin Fronteras (MSF). La situación es especialmente crítica en Bunia, capital provincial, donde los equipos médicos alertan de que ya no disponen de espacios de aislamiento suficientes para contener la propagación del virus.
“Estamos desbordados de casos sospechosos, no tenemos espacio”. Con esta frase, repetida por los centros sanitarios de la zona, MSF describe el colapso creciente de un sistema de salud extremadamente frágil. La responsable de emergencias de la organización, Trish Newport, ha relatado que varios pacientes con síntomas compatibles con el ébola fueron rechazados incluso por hospitales de referencia porque las áreas de aislamiento ya estaban llenas.
El brote, declarado oficialmente el pasado viernes, ha provocado al menos 139 muertes y más de 600 casos sospechosos entre la RDC y Uganda. Las autoridades sanitarias trabajan con especial preocupación porque esta vez el virus corresponde a la variante Bundibugyo, una cepa mucho menos frecuente del ébola y para la cual existen menos herramientas diagnósticas y menos conocimiento epidemiológico. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), es solo la tercera vez en la historia que esta variante provoca una epidemia significativa.
La dificultad para detectar casos
La dificultad para confirmar casos es uno de los principales obstáculos. Hasta ahora, solo 51 infecciones han sido verificadas en laboratorio, principalmente porque las infraestructuras existentes en la región estaban preparadas para detectar la variante más habitual, la cepa Zaire, pero no la Bundibugyo. Este retraso en la detección dificulta el rastreo de contactos e incrementa el riesgo de transmisión comunitaria.
La expansión geográfica del brote también preocupa a la comunidad internacional. El virus ya ha llegado a la vecina provincia congoleña de Kivu del Norte, una región marcada por la violencia armada y la presencia de grupos rebeldes, hecho que complica enormemente cualquier respuesta sanitaria coordinada. Fuera de la RDC, Uganda ha confirmado casos en Kampala, incluido el de un ciudadano congoleño muerto después de cruzar la frontera. Sudáfrica y Sudán del Sur también han detectado infecciones sospechosas vinculadas al foco original.
Ante este escenario, la OMS declaró el domingo una emergencia internacional de salud pública, a pesar de mantener que el riesgo global sigue siendo "bajo". A pesar de ello, varios países africanos ya han reforzado controles fronterizos y Ruanda ha optado por cerrar completamente los pasos terrestres con la RDC.
MSF intenta reforzar la respuesta sobre el terreno con la llegada de más de 3.000 equipos completos de protección personal enviados desde Uganda. Pero las organizaciones humanitarias admiten que el material por sí solo no será suficiente si el brote sigue avanzando en territorios marcados por la pobreza, el conflicto armado y las enormes dificultades logísticas.
El ébola, detectado por primera vez en 1976 precisamente en la RDC, sigue siendo una de las enfermedades más letales del planeta. Se transmite por contacto directo con fluidos corporales y puede provocar hemorragias internas severas, fiebre alta y fallo multiorgánico. En función de la variante, la mortalidad puede llegar hasta el 90 %.
