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La guerra de Ucrania ha cambiado profundamente desde los primeros compases de la invasión rusa, cuando las fuerzas de Moscú lograron avanzar hasta los alrededores de Kyiv y el ejército ucraniano se apresuraba para contener la ofensiva. Cuatro años después, el desarrollo de los drones de largo alcance ha permitido a Ucrania llevar los ataques a cientos e incluso miles de kilómetros del frente, hasta golpear objetivos en territorio ruso y convertir Moscú en uno de los puntos afectados por los bombardeos. La presión ejercida por estas incursiones aéreas ha llegado ahora hasta la agenda política del Kremlin. Los ataques masivos con drones ucranianos han obligado al presidente ruso, Vladímir Putin, a trasladar la campaña electoral lejos de la Rusia europea y de Moscú, con actos a miles de kilómetros de la capital que lo han llevado hasta Siberia.

A pesar de representar aproximadamente tres cuartas partes del territorio de la Federación Rusa, Siberia concentra solo unos 36 millones de habitantes de una población total de unos 145 millones, por lo que queda lejos de ser el principal vivero de votos de Rusia Unida. El desplazamiento de Putin hacia esta zona coincide, además, con un periodo del año en que habitualmente reduce la actividad pública, a pesar de que el Kremlin insiste en que el presidente no hace vacaciones. El mandatario acostumbra a reservarse varias semanas de descanso entre finales de julio y mediados o finales de agosto, pero esta vez su estancia, a unos 7.000 kilómetros de Moscú, se solapa con la campaña de las primeras elecciones legislativas celebradas desde el inicio de la guerra, que tendrán lugar el próximo 20 de septiembre.

La gira de Putin por Siberia arrancó el 24 de julio con una visita a una fábrica aeronáutica de Irkutsk, capital de la región del mismo nombre y situada alrededor del lago Baikal, el más profundo del planeta. Hasta aquel momento, y por razones de seguridad, los desplazamientos del presidente ruso durante los primeros seis meses del año se habían limitado a San Petersburgo y Kazán. De hecho, las precauciones se intensificaron después del supuesto ataque ucraniano de finales del 2025 contra la residencia presidencial de Valdai, en la región de Nóvgorod, un episodio que elevó el nivel de alerta alrededor de los movimientos del jefe del Kremlin.

La segunda parada de la gira llevó a Putin hasta Omsk, donde se reunió con el presidente de Kazajistán, Qasym-Jomart Toqaiev. El encuentro estuvo marcado por las tensiones derivadas del impacto de la guerra sobre las exportaciones de petróleo kazajas. Toqaiev trasladó al mandatario ruso que "nadie" entiende el motivo del conflicto entre Moscú y Kyiv y defendió explícitamente la soberanía de Ucrania.

A 7.000 kilómetros de Moscú

Putin intenta revertir un momento complicado en términos de popularidad, después de una caída de unos 15 puntos en los sondeos, comparable a la que sufrió en 2018 a raíz de la polémica reforma de las pensiones. El presidente ruso ha asumido un papel más activo que en otras campañas y, por primera vez desde 2007, encabeza directamente la de Rusia Unida con el lema Todo por la victoria. Esta estrategia le ha llevado incluso a las islas Kuriles, en el océano Pacífico, un archipiélago reclamado por Japón que Putin no visitaba desde hacía 26 años y donde su presencia ha generado una nueva fricción diplomática. El presidente ha atribuido esta larga ausencia a una agenda cargada, mientras que los analistas interpretan el viaje en clave electoral y propagandística, especialmente en un momento en que la ofensiva rusa en el Donbás vuelve a mostrar signos de estancamiento.