Dina Esfandiary, de ascendencia iraní, es especialista en el Oriente Próximo, en desarme y no proliferación nuclear. Trabaja en el Centro de Estudios de Ciencia y Seguridad del Departamento de Estudios de la Guerra del King's College de Londres. Ha pasado por Barcelona invitada por el Institut Europeu de la Mediterrània, donde habló sobre el juego de intereses geoestratégicos en Oriente Medio.

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Comparado con sus vecinos, Irán es el país más estable y previsible de Oriente Medio. ¿Le parece extraño que los países occidentales, especialmente los Estados Unidos, lo traten con tanta dureza?
Irán es previsible actualmente. Tras la revolución [de 1979, encabezada por el ayatolá Jomeini] era muy diferente. Sostenía principios radicalmente opuestos a los valores de los países occidentales: exportar la revolución —un principio básico de la República Islámica—, o establecerse como potencia islámica regional... En el caso de los EE.UU., además, hay que añadir la crisis de los rehenes [la ocupación de la embajada y el secuestro durante 444 días de hasta 66 ciudadanos norteamericanos entre el 4 noviembre de 1979 y el 20 enero de 1981], que es el momento que define las relaciones entre los EE.UU. e Irán. Todavía hoy, funcionarios iraníes admiten en privado —en público no pueden— que la república islámica, en sus inicios, cometió errores que aun le pesan mucho. Por muy previsible que sea el Irán de hoy, la crisis de los rehenes siempre será la piedra en el zapato con los EE.UU. Nada cambiará eso. Los cantos de "¡muerte a América!" en la plegaria de los viernes [en las mezquitas] tampoco ayudan mucho... Sé que en bastantes ambientes de los EE.UU. estarían dispuestos a pasar página, pero la crisis de los rehenes todavía hace que muchos países vean el Irán como un estado poco fiable.

Pero Irán ha combatido a los talibanes en Afganistán y también a Daesh...
Sí. Y buena parte de la administración de Hassan Rouhani [el actual presidente, calificado de moderado] rechaza el sectarismo, la corrupción o el apoyo a dictadores como el de Siria. Pero algunos de estos asuntos no los gestiona él directamente, sino el Consejo de la Revolución o los Guardianes de la Revolución, que son gente de la línea dura.

Irán tiene planes para producir armas nucleares. ¿Quiere ser hegemónico en el Oriente Próximo?
Es perfectamente razonable. Lo haría cualquier país en su situación, como hacen los mismos Estados Unidos. En este sentido, Irán es un estado normal. Lo que no es tan normal es su naturaleza, fundamentalmente religiosa, cosa que se opone a los gobiernos, las políticas y los valores occidentales...

¿Normal? ¿No es un poco atrevida? Irán castiga a la oposición política y no respeta los derechos humanos y civiles de sus ciudadanos, cosa que ha provocado formidables protestas en la calle y su represión...
Eso pasa en todas partes, también en países occidentales...

...diría que en Irán pasa con una intensidad, digamos, más elevada.
Exacto. Eso tiene que ver con la naturaleza religiosa de la república. Ciertamente, el gobierno iraní no se ayuda mucho, pero Irán ya no es el poder maléfico en todo y siempre, a pesar de algunas declaraciones de políticos iraníes.

¿Qué declaraciones?
Por ejemplo la de un diputado que en 2014 se vanagloriaba de que Irán ya controlaba cuatro capitales en la región [hablaba de Sana'a, Damasco, Bagdad y Beirut]. Además de ser una mentira absoluta —Irán no controla absolutamente nada— presenta al país como fuente de todos los males en Oriente Medio.

Eso es lo que ha dicho hace un mes James Mattis, el secretario de Defensa de los EE.UU.
Exacto. Ya ve que Irán no se ayuda mucho.

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A la represión interna, y a su actuación como el rufián del barrio en el Líbano o en Siria, y también con Israel, hay que añadir otros problemas, como la elevada tasa de paro o la corrupción rampante... ¿No le toca a Irán resolver estos problemas para ganarse una buena reputación?
Ciertamente. La economía es un desastre después de ocho años de mala gestión de Ahmadinejad [el anterior presidente, de 2005 a 2013]. A eso hay que añadir las sanciones de Occidente. Es necesario que Irán arregle sus problemas económicos y este es el motivo por el que Rouhani necesita resolver antes la cuestión nuclear [cumplir el acuerdo para frenar la producción de armas nucleares bajo la amenaza de sanciones económicas] si quiere abordar la economía. Rouhani ofreció a la gente unas expectativas altísimas: resolver la cuestión nuclear sería la clave para ponerlo todo en orden. Pero lo gestionaron muy mal. Ocultaron a la gente que la recuperación no sería inmediata y ahora pagan las consecuencias: el paro es muy elevado y también la inflación, la economía no es nada transparente y muy pocas empresas e inversiones exteriores que se habían prometido han vuelto o se han hecho efectivas.

Y la gente protesta en las calles.
Los iraníes han sido muy pacientes con el gobierno. Confiaban en Rouhani, pero nada de lo que había prometido se cumplió. El resultado son las actuales protestas, que no son tan nutridas como las del 2009 pero sí más frecuentes. Ahora bien, este gobierno no ha respondido sólo con mera violencia sino que también ha reconocido públicamente que las razones del descontento son legítimas. Y si les reconocen legitimidad dan a la gente más razones para protestar de nuevo. Eso libera a Rouhani de presión y le abre espacio para dedicarse a resolver los problemas económicos.

¿Sólo los económicos?
Rouhani no podrá implantar cambios políticos reales. No creo que eso figure en su agenda. Tratará de promover cuantos más cambios económicos mejor. Cuando su administración fijó como prioridades la economía y el respeto del acuerdo nuclear, dejó de lado los problemas sociales, de derechos humanos, de libertades... que han empeorado. La gente lo soportó porque sabían que era la contrapartida que necesitaba Rouhani para atacar las dificultades económicas.

¿Se han cansado de esperar?
Sí. Ahora Rouhani también tendrá que atacar los problemas sociales, de libertad política y de expresión... Habrás visto las protestas de las mujeres, que se quitan el pañuelo en público...

Claro.
Pues eso. Además, hay otros conflictos de lo que se habla poco, como los medioambientales, que se han agravado. Los iraníes ya no quieren esperar y dejar de lado todo eso mientras se resuelven las dificultades económicas. Ahora vuelven a protestar por la falta de libertades.

¿Entonces, qué se puede esperar de Rouhani?
O bien sigue intentando poner orden en la economía, o bien, cosa que creo más probable, tratará de atacar esos problemas sociales y medioambientales con más interés que hasta ahora.

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¿Piensa que los duros pueden volver a tomar el control?
De la misma manera que creo que Irán es previsible en su política exterior, creo que no lo es en su política interna. [Las actuales protestas] no son el principio del fin de la república islámica. Depende de cómo se movilice la gente y de cómo responda el estado —si quiere abrir la república o si quiere resistir hasta el final, incluso con violencia. Sin embargo, tal como yo lo veo, el hecho de que hayan reconocido la legitimidad de las protestas significa que la república islámica da cuenta de que hay que cambiar algunas cosas desde dentro si quieren permanecer en el poder. No será suficiente con reprimir a la gente para que se esté quieta. Todo eso ya no funciona.

¿Hay que esperar cambios, pues?
Serán lentos, muy lentos. Será un tira y afloja. Veremos si la gente lo acepta y hasta qué punto.

¿Existe una oposición más o menos organizada dentro del país?
No. De hecho, le diría que los iraníes, en general, excepto algunos miembros de la élite súper-rica, no quieren un cambio de sistema. Quieren reformas. La última vez que Irán cambió de sistema ha acabado como ahora vemos y las personas no se fían. No lo quieren cambiar todo porque no saben si lo que vendrá será mejor. Por eso, la república islámica se tiene que espabilar y reformarse tanto como sea posible.

Una pregunta ingenua. Los iraníes están acostumbrados a votar. A pesar de todo, saben qué significan las urnas, cosa nada común en Oriente Medio, donde tribus y clanes todavía tienen más fuerza que el sufragio. Siempre se había dicho que Indonesia o Turquía serían el modelo de estado con mayoría islámica y han sido un fiasco. ¿Por qué un país como Irán, con una sociedad y una historia que va mucho más allá del actual régimen, es una teocracia y no un modelo para otros países islámicos?
Irán es un país partido entre los problemas provocados por sus propias actuaciones y los que otros le han colgado con sus percepciones. Es un país extenso, poderoso, rico en recursos, muy poblado... Siempre oímos hablar mal de la república islámica, pero olvidamos algunos de sus éxitos, por ejemplo el alto nivel de alfabetización y de escolarización. Lo podían haber hecho mejor, ciertamente, pero hay que decir que incluso se han cuidado de las provincias más remotas.

Recuerda lo que se decía de Cuba con la sanidad.
Mira, no es casualidad que, a pesar de la oposición interna y externa, la república islámica se haya sostenido, diría que confortablemente, excepto en algunos momentos como las revueltas de 2009. Ahora bien, también se ha infligido algunos daños, relacionados con su fundación y sus principios originarios, como exportar la revolución; enfrentarse a los estados del Golfo Pérsico, especialmente Arabia Saudí; la crisis de los rehenes; la pugna con los EE.UU. e Israel... Todo eso ha creado una mala percepción de Irán entre otros países, una percepción tan fuerte que da igual si Irán cambia poco o mucho... Siempre lo acaban mirando en aquel contexto de hace treinta años. Al mismo tiempo, se olvida de que también hace treinta años se promovió la guerra Irán-Iraq, el hecho más determinante en la vida de casi cualquier funcionario o cargo oficial iraní. También hay que contar los valores de los otros países: Arabia Saudí, un poder suní, se opone de raíz a la república islámica, una potencia chií... Haga lo que haga, en Irán siempre lo verán mal.

Pero los hechos no engañan. En Líbano, Irán ayuda a Hezbolá, una organización calificada como grupo terrorista. En Iraq pasa algo parecido.
¿Ves? Es lo que decía. Por una parte, influyen las perspectivas de la gente. De la otra, la misma república islámica se perjudica. Los iraníes no ven Hezbolá como un grupo terrorista. Para ellos es el partido que ha ganado las elecciones en Líbano. En Occidente se ve como una especie de partido con milicia, que es lo que era originalmente. Hoy, sin embargo, es parte del estado libanés. Pero da igual. Si se considera que Hezbolá es un grupo terrorista, Irán siempre es un estado que patrocina el terrorismo. En Irán, sin embargo, le dirán que son hermanos a los cuales se ayuda porque lo han pedido y que, además, han ganado las elecciones. Eso es lo que piensan y nunca dejarán de darles apoyo. A todo eso, se añaden los perjuicios auto-causados por la misma república islámica. Diez años atrás, uno de sus líderes dijo que controlaban a las milicias chiíes del Iraq. Ahora, cuando Irán dice que no interfiere de esa manera en Iraq, nadie le cree. Hace diez años no era cierto y ahora tampoco.

¿No es muy pesimista? ¿No hay nada que pueda favorecer los cambios?
De entrada, no creo que aislar Irán ayude a mejorar las cosas. Por ejemplo, cuando los EE.UU. avisan de que romperán el acuerdo nuclear y amenazan continuamente con nuevas sanciones. Eso no favorece en nada a los moderados. En cambio, la actitud de la Unión Europea es muy positiva. Especialmente porque se trata de un compromiso de doble vía. La UE se aviene a pactar en asuntos que interesan a Irán —inversiones, comercio, etcétera— y al mismo tiempo es muy exigente con respecto a derechos humanos y libertades, cosa que a Irán no le gusta tratar, pero que está obligado a negociar porque no quiere perder inversiones o comercio.

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