Bajo los tejados de los elegantes edificios haussmannianos —estilo arquitectónico del Segundo Imperio francés (1852-1870)— de París se esconde otra cara de la ciudad. Son las chambres de bonnes, pequeñas habitaciones concebidas hace más de un siglo para alojar el servicio doméstico de las familias adineradas. Hoy, muchas han dejado de ser habitaciones de sirvientas para convertirse en una de las pocas opciones que permiten a estudiantes y trabajadores con pocos recursos vivir en el centro de la capital francesa.
Su principal peculiaridad es también su principal problema. Situadas habitualmente en las últimas plantas de los edificios, bajo los tejados, son espacios minúsculos, con poca ventilación y muy expuestos al sol. Durante el invierno pueden ser fríos y húmedos, pero es en verano cuando las condiciones se vuelven especialmente duras. Y ahora, con la crisis de la vivienda también afectando a la capital francesa, su precio ya no es tan asequible como antes.
¿Vivir en una plaza de aparcamiento?
El Atelier Parisien d’Urbanisme (APUR) explica —y recoge la CNN— que estos espacios proliferaron en los edificios burgueses construidos entre los siglos XIX y XX y que tradicionalmente estaban separados del resto del inmueble por una escalera de servicio. Con la desaparición progresiva del servicio doméstico, muchas de estas habitaciones pasaron a ser ocupadas por estudiantes, trabajadores con salarios bajos y personas con dificultades para acceder a una vivienda convencional.
Su tamaño es una de sus características más extremas. La normativa francesa establece que una vivienda debe disponer de una superficie habitable mínima de nueve metros cuadrados para poder ser alquilada como residencia principal, siempre que también cumpla otros requisitos de habitabilidad. Algunas chambres de bonnes tienen precisamente esta dimensión: el equivalente aproximado a una plaza de aparcamiento.
À Paris, une chambre de 6 m2 proposée à la location pour... 438 euros par mois 😮
— Le Parisien (@le_Parisien) April 23, 2026
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A pesar de las limitaciones, su principal atractivo es la ubicación. En barrios donde los precios de las viviendas son muy elevados, estas pequeñas estancias permiten pagar alquileres considerablemente más bajos. Para muchos estudiantes, sacrificar metros cuadrados es el precio para poder vivir en el centro de París.
La APUR contabilizó más de 114.000 habitaciones de servicio en París en 2013, a pesar de que aproximadamente el 85% estaban desocupadas. Su distribución también explica su origen: se concentran sobre todo en los distritos occidentales de la capital, donde hay una presencia más elevada de los grandes edificios residenciales construidos para las clases pudientes.
El calor extremo, un problema añadido
Ahora estas habitaciones afrontan un nuevo problema: el calor extremo. Situadas justo bajo los tejados, acumulan fácilmente temperatura y a menudo disponen de poca ventilación y escasa protección solar. Un estudio de la APUR citado por la misma cadena norteamericana señala que las viviendas situadas en las últimas plantas y sin una protección solar adecuada pueden llegar a registrar temperaturas interiores hasta 10 ºC superiores a las del exterior.
Este verano ha demostrado hasta qué punto el problema puede agravarse. Francia ha vivido varios episodios de calor excepcional. Según Météo-France, la tercera ola de calor del verano, entre el 28 de julio y el 19 de agosto, duró 23 días, una de las más largas jamás registradas. Durante el pico del episodio, el 13 de agosto, se superaron los 40 ºC en varios puntos del país.
París tampoco ha quedado al margen. Durante la ola de calor de julio, la capital encadenó diez noches consecutivas con temperaturas superiores a los 20 ºC. Météo-France calificó julio de 2026 como el más caluroso registrado hasta ahora en Francia, con una temperatura media de 24,9 ºC.
Ante este escenario, lo que antes podía ser simplemente una vivienda pequeña e incómoda puede convertirse en un espacio difícil de soportar y, en algunos casos, inadecuado para vivir. El calor se añade así a problemas que estas habitaciones ya arrastran: poca superficie, falta de comodidades, ventilación deficiente y, en algunos casos, baños compartidos o instalaciones muy limitadas.
Falta de vivienda
La cuestión tiene una dimensión social importante. Según los datos del INSEE —Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos de Francia—, las chambres de bonnes siguen formando parte del parque de vivienda ocupado de la región parisina, mientras que el número de estudiantes en la capital ha crecido durante las últimas décadas. Si estos alojamientos dejan de ser una opción viable, la pregunta es inevitable: ¿adónde irán las personas que no pueden asumir los precios de los pisos convencionales?
El reto es especialmente complejo porque no se trata solo de construir vivienda asequible. También hay que adaptar edificios históricos protegidos sin alterar las fachadas y las características arquitectónicas que forman parte de la identidad de París. Las chambres de bonnes nacieron como una solución para una ciudad muy desigual. Más de un siglo después, siguen reflejando las dificultades para encontrar un lugar asequible en la capital francesa. Pero ahora el cambio climático añade una nueva amenaza: que aquello que durante generaciones ha sido pequeño e incómodo acabe siendo, sencillamente, inhabitable.
