La crisis migratoria de Ceuta ha abierto una nueva grieta entre el gobierno de Giorgia Meloni y sus socios europeos. La primera ministra italiana ha mantenido el pulso con España por la suspensión del espacio Schengen, mientras Roma intenta rebajar tensiones con Alemania ante la posibilidad de que Berlín le devuelva migrantes que entraron en la Unión Europea a través del territorio italiano.
Las fuerzas de izquierdas italianas han acusado a Meloni de utilizar la migración como una herramienta política y consideran que la respuesta italiana a la situación de Ceuta ha sido desproporcionada. Graziano Delrio, senador del Partido Demócrata (PD) y presidente del comité parlamentario que controla el acuerdo de Schengen, ha calificado la reacción italiana de "excesiva" y ha advertido del riesgo de que la migración se convierta en un "arma política". Delrio ha reclamado al ministro del Interior, Matteo Piantedosi, que comparezca en el Parlamento para abordar la suspensión de Schengen y el conflicto con España.
El diputado europeo del PD Sandro Ruotolo ha resumido sus críticas con una acusación contra los gobiernos nacionalistas: "Un país contra otro. Todos contra todos". Matteo Renzi, líder de Italia Viva y ex primer ministro, ha considerado que Meloni se ha marcado "un gol en propia puerta", mientras que Nicola Fratoianni, de la Alianza Verdes-Izquierda, ha hablado de un "efecto bumerán".
Alemania, un frente más delicado
La disputa con Madrid coincide con otro conflicto migratorio, esta vez con Alemania. El gobierno de Friedrich Merz quiere devolver a Italia migrantes que se encuentran en territorio alemán y que habían entrado en la UE a través del país transalpino. Roma rechaza asumir buena parte de estas devoluciones y reclama un mecanismo europeo de compensación.
La cuestión gira en torno al Convenio de Dublín, que establece que el primer estado miembro al que llega una persona extracomunitaria es, en general, el responsable de tramitar su solicitud de asilo. Italia ha cuestionado este sistema y reclama más solidaridad de los países del norte de Europa.
Sin embargo, según diversas informaciones de prensa, Meloni intenta llegar a un acuerdo con Berlín para evitar una escalada. A diferencia del conflicto con España, la primera ministra italiana mantiene una relación especialmente estrecha con Alemania y comparte con el Govern de Merz intereses dentro de las instituciones europeas.
El ministro de Exteriores italiano, Antonio Tajani, ya ha contactado con su homólogo alemán, Johann Wadephul, y con Manfred Weber, presidente del Partido Popular Europeo. El conflicto tiene una fecha marcada en el calendario: el 19 de agosto, cuando Alemania prevé enviar a Italia a una joven somalí.
De la cooperación al choque con España
La crisis de Ceuta ha deteriorado una relación que, a pesar de las diferencias ideológicas entre Meloni y Pedro Sánchez, había mantenido una cierta cordialidad. Ambos gobiernos habían cooperado en cuestiones comunes a los países del sur de Europa, especialmente en materia migratoria. Ahora, sin embargo, Madrid y Roma mantienen el pulso por la suspensión de Schengen. El ministro de Exteriores español, José Manuel Albares, ha acusado a Italia de intentar explotar la situación de Ceuta por motivos de política interna y ha recordado que Italia registra más entradas irregulares que España.
El gobierno de Meloni mantiene, de momento, su posición. Tajani ha asegurado que la suspensión italiana de Schengen se mantendrá al menos hasta el 15 de agosto ante la posibilidad de una nueva llegada de migrantes a Ceuta. Paralelamente, Meloni ha reforzado su discurso migratorio con la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, con quien ha defendido más repatriaciones y la creación de centros para migrantes fuera de la Unión Europea.
