La imagen es difícil de separar de su significado histórico: por primera vez desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, un partido de extrema derecha ha ganado unas elecciones regionales en Alemania. La AfD ha obtenido el 43,8% de los votos en Sajonia-Anhalt y 39 de los 83 escaños del parlamento regional. La CDU, que gobierna el land desde hace 24 años, ha caído hasta el 17,2%, según los resultados recogidos por la agencia Associated Press.
¿Por qué triunfa tanto la AfD en el este del país?
Pero el resultado del domingo no se entiende solo mirando qué ha pasado durante esta campaña. Para comprender por qué la AfD es tan fuerte en el este de Alemania, hay que ir mucho más atrás, a una historia marcada por guerras, dictaduras, cambios económicos bruscos y, sobre todo, por la sensación de que las grandes transformaciones siempre han llegado desde fuera.
Después de la derrota nazi en 1945, la actual Sajonia-Anhalt quedó dentro de la zona de ocupación soviética. Una parte importante de la industria fue desmantelada como reparación de guerra. Un estudio histórico de Peter Nettl calcula que en la zona soviética se desmontaron total o parcialmente 1.225 plantas industriales. Después, la República Democrática Alemana construyó una economía planificada, también muy industrializada e integrada en la órbita soviética.
Pero si hay una fecha que ayuda especialmente a entender el malestar actual, es 1990. Con la reunificación, la economía del este tuvo que adaptarse de golpe al sistema de mercado occidental. La Treuhand, el organismo encargado de privatizar las empresas estatales de la RDA, vendió, fusionó o cerró miles de compañías. El resultado fue una ruptura económica enorme. Según la economista Kim Leonie Kellermann —y recoge la publicación Science Direct—, de los 8,5 millones de trabajadores de la Alemania del Este, entre 2,5 y 3 millones de puestos de trabajo se perdieron durante aquel proceso. La consecuencia no fue solo quedarse sin trabajo: en muchos pueblos, perder la fábrica significaba perder también una parte del futuro.
Una herida que todavía dura
Kellermann ha estudiado precisamente esta relación entre la Treuhand y la política actual. Su investigación concluye que las personas afectadas por aquellas pérdidas de trabajo desarrollaron menos confianza en las instituciones y más predisposición a apoyar opciones políticas radicales, efectos que todavía se pueden detectar décadas después.

En Sajonia-Anhalt, esta historia económica se mezcla con otra: la demográfica. El land sigue perdiendo población y tiene una estructura de edad especialmente envejecida. Los jóvenes que se marcharon hacia el oeste después de la reunificación no siempre han vuelto. El problema, por lo tanto, no es solo encontrar trabajo. Es ver cómo desaparecen servicios, cómo algunos municipios pierden habitantes y cómo cada vez cuesta más imaginar un futuro.
La AfD encuentra nicho de mercado
Es aquí donde la AfD ha encontrado una manera muy efectiva de hablar con una parte de este electorado. El partido toma problemas diferentes y los convierte en una misma historia: la de una Alemania del Este que ha perdido industria, población y poder de decisión y que considera que Berlín no la ha escuchado lo suficiente.
La inmigración forma parte de esta explicación, pero no lo explica todo. Sajonia-Anhalt sigue teniendo menos población extranjera que la media alemana. Aun así, el número de residentes extranjeros ha aumentado mucho: a finales de 2025 había 192.155, unos 109.000 más que diez años antes, según los datos de la Oficina de Estadística del land, que recoge Welt.
Para la AfD, esta transformación encaja en un discurso más amplio sobre el control de las fronteras y la identidad nacional. Su programa va mucho más allá: defiende salir del euro, reducir drásticamente el peso de la Unión Europea y frenar la inmigración. En política exterior, el partido apuesta por recuperar los vínculos con Rusia, levantar las sanciones y poner fin al apoyo alemán a Ucrania. Reuters ha descrito esta orientación como una de las principales diferencias entre la AfD y los partidos tradicionales alemanes.
¿Una relación diferente con Rusia?
En el este, este discurso también encuentra un terreno particular. No porque la población sea simplemente "prorrusa", sino porque cuatro décadas de RDA han dejado una relación diferente con Rusia, Estados Unidos y Occidente. Una crónica de Reuters publicada antes de las elecciones recogía esta división y recordaba que, después de la reunificación, muchos habitantes del este vieron cómo empresas e instituciones pasaban a ser dirigidas por occidentales mientras se destruían puestos de trabajo. Pero hay otra clave: votar AfD ya no es tan excepcional como hace diez años.
El partido lleva años presente en los parlamentos regionales y en el Bundestag y ha construido una estructura política estable. En Sajonia-Anhalt, además, los partidos tradicionales han dejado un espacio importante. La CDU ha perdido más de la mitad de su apoyo respecto a 2021 y el resultado también es un castigo al gobierno federal de Friedrich Merz. La AfD ha sabido presentarse como la opción que no solo critica Berlín, sino que promete romper con algunas de las reglas que han definido la política alemana durante décadas.
¿Qué aglutina el voto a la AfD?
Esto explica que su electorado sea tan diverso. No todos los que han votado AfD quieren salir del euro o comparten su política hacia Rusia. Algunos votan contra la inmigración; otros, contra la CDU. Unos pueden estar enfadados con el gobierno federal y otros simplemente quieren castigar a los partidos que consideran responsables de décadas de declive. La fuerza de la AfD es haber conseguido poner todos estos malestares bajo un mismo paraguas.
La paradoja es que muchas de las zonas donde el partido es más fuerte son también las que más podrían sufrir algunas de sus políticas. Un estudio del DIW Berlin calcula que una salida del euro y de la UE, junto con una reducción de la inmigración y de la inversión pública, afectaría especialmente a los territorios más débiles económicamente, entre ellos Sajonia-Anhalt.
Ahora la AfD tiene la victoria, pero no el gobierno. Le faltan tres escaños para la mayoría absoluta y el resto de partidos mantienen, de momento, el cordón sanitario. Sea cual sea el resultado de las negociaciones, sin embargo, el cambio ya se ha producido.
Un malestar que dura décadas
Lo que ha pasado en Sajonia-Anhalt no es solo una protesta contra la política de hoy. Es el resultado de un malestar que lleva décadas acumulándose: empresas que desaparecieron, jóvenes que se marcharon, pueblos que se vaciaron y una sensación persistente de que las decisiones importantes siempre se toman en otro lugar. La AfD ha conseguido convertir todo esto en un mensaje sencillo: si el este de Alemania siente que ha perdido demasiadas veces, ahora toca recuperar el control.
De hecho, esta es probablemente la clave de su auge. No que todos sus votantes sean extremistas, ni que todos compartan el mismo programa, sino que el partido ha sabido dar una respuesta política a una sensación de pérdida que los partidos tradicionales no han conseguido resolver.