Los equipos de rescate van contra reloj en Nepal para encontrar a decenas de trabajadores que podrían seguir vivos bajo toneladas de barro, agua y escombros. Las inundaciones repentinas que la semana pasada devastaron varias zonas del país han dejado cerca de 900 trabajadores de centrales hidroeléctricas desaparecidos, según la Asociación de Productores Independientes de Electricidad de Nepal (IPPAN).
Los desaparecidos trabajaban en una docena de proyectos situados a lo largo del río Trishuli, en una región montañosa y de difícil acceso. No se sabe cuántos de ellos se encontraban dentro de los túneles cuando las aguas entraron ni cuántos podrían haber sobrevivido. El barro, las malas condiciones meteorológicas y la destrucción de carreteras y puentes complican unas operaciones que avanzan con enormes dificultades.
Los trabajadores desaparecidos forman parte de un balance mucho más amplio. En Nepal y en China, unas 4.500 personas siguen sin ser localizadas después de las inundaciones, que han causado más de un millar de muertos. Las autoridades nepalesas han tenido incluso que enterrar a cientos de víctimas no identificadas en fosas comunes, mientras varios hospitales se quedan sin espacio en los depósitos de cadáveres.
Túneles de kilómetros bajo el barro
Uno de los principales focos de la búsqueda es la central hidroeléctrica Trishuli 3A. Allí, 42 personas constan como desaparecidas y los equipos de rescate intentan abrirse paso hasta una instalación subterránea situada al final de un túnel de más de cuatro kilómetros. Los especialistas han perforado la parte superior de las estructuras para intentar acceder a los espacios subterráneos. También han introducido aire y alimentos y han utilizado drones equipados con cámaras térmicas para buscar señales de vida.
El geólogo australiano Arnold Dix, que asesora a los equipos de rescate, alerta, sin embargo, de que cada metro ganado comporta nuevos riesgos. No se sabe cuánta agua y barro han entrado en los túneles y existe la posibilidad de que las salas de turbinas se hayan inundado. Abrir nuevos agujeros también podría provocar que el agua acumulada se desplazara de manera repentina y pusiera en peligro a los propios rescatadores.
En la central de Chilime, al menos seis personas también siguen desaparecidas. Los equipos solo pudieron avanzar unos 130 metros por un túnel de 250 metros antes de que el barro, que en algunos puntos llegaba hasta el pecho, les obligara a detenerse. En el interior hay una cocina y alimentos, pero los equipos desconocen si queda suficiente oxígeno para permitir sobrevivir a los posibles atrapados.
Ahora los rescatadores preparan una nueva entrada con oxígeno, material médico, cámaras y equipos de comunicación.
"Su mujer es mi hermana y está embarazada"
Entre la incertidumbre, los supervivientes intentan reconstruir qué pasó. Bhakti Ram Bohara calcula que solo un centenar de trabajadores consiguieron salir de los proyectos de la zona, de un millar aproximadamente. Entre los desaparecidos está su cuñado, con quien compartía equipo y que pasaba largas temporadas lejos de casa para enviar dinero a su pueblo. "Su mujer es mi hermana y está embarazada", explicó Bohara entre lágrimas. Otro superviviente, Ram Chandra, consiguió escapar agarrándose a las barras del techo mientras el agua arrastraba hormigón y escombros. Él y sus compañeros tardaron seis horas en llegar a la salida del túnel.
Más de 11.000 personas han sido rescatadas en todo Nepal desde las inundaciones, según el primer ministro. Las historias de los supervivientes alimentan la esperanza de que todavía queden personas con vida bajo el barro. La catástrofe también ha puesto el foco sobre el rápido despliegue de infraestructuras hidroeléctricas en el Himalaya. Nepal, la India y China han invertido cientos de millones en presas, túneles y otros grandes proyectos para aprovechar el enorme potencial de los ríos de la región.
Pero el Himalaya es también una de las zonas del planeta más expuestas a los terremotos, las inundaciones y los efectos del cambio climático. La magnitud del desastre podría obligar a los gobiernos a replantear cómo se diseñan y se ubican estas infraestructuras y a reforzar la cooperación regional para detectar y gestionar riesgos compartidos.
