Cargando...

Nueva York volverá a convertirse esta semana en la capital política del mundo. Durante unos días, casi toda la política mundial se concentrará en unas cuantas calles de Manhattan. Cerca de 130 jefes de Estado y de Gobierno llegarán a la sede de las Naciones Unidas para participar en la semana de alto nivel de la 81.ª Asamblea General de la ONU. El nuevo período de sesiones abrió formalmente el pasado 8 de septiembre, pero el gran escaparate político comenzará el martes 22 de septiembre, cuando se abrirá el debate general. Durante seis días —del 22 al 26 y de nuevo el 28 de septiembre— los representantes de los 193 Estados miembros subirán al icónico atril de mármol verde de la Sala de la Asamblea General para exponer su visión del mundo. Y este año no faltan asuntos. Las guerras, la seguridad internacional, el cambio climático, las pandemias, la inteligencia artificial, el aumento del nivel del mar, el racismo y el retraso en los Objetivos de Desarrollo Sostenible forman parte de una agenda que se celebra, además, en medio de un debate cada vez más profundo sobre la misma capacidad de la ONU para actuar ante las grandes crisis mundiales.

No es casual que el lema escogido para esta 81.ª sesión sea Restaurar la confianza, gestionar la transformación: unas Naciones Unidas que cumplan para todos. La presidencia de la Asamblea ha pasado a manos del diplomático y ministro de Exteriores de Bangladés Khalilur Rahman, elegido el pasado junio por 99 votos frente a los 91 obtenidos por el candidato chipriota Andreas Kakouris. En una edición marcada por las guerras, la crisis del multilateralismo y la rivalidad entre las grandes potencias, Donald Trump será uno de los principales focos de atención. Pero no será ni mucho menos el único. Estas son las diez claves para seguir la Asamblea General de la ONU de 2026.

1. Trump, en el centro de todas las miradas

La tradición reserva a Brasil la primera intervención del debate general y a Estados Unidos, país anfitrión de la sede de la ONU, la segunda. Esto situará a Donald Trump muy pronto ante la tribuna más importante de la diplomacia mundial. Pero Trump no llegará a Nueva York solo para pronunciar un discurso. Lo hará con un acuerdo sobre Groenlandia recién anunciado que se prevé rubricar precisamente durante la Asamblea General. Estados Unidos, Dinamarca y Groenlandia han pactado reforzar la seguridad de la isla y del Ártico, con una mayor presencia estadounidense y con el objetivo de impedir que potencias como China o Rusia establezcan bases o presencia estratégica. Trump ha presentado el acuerdo como una garantía de "control permanente" de Estados Unidos sobre la seguridad de Groenlandia, mientras que Copenhague y Nuuk ponen el acento en otro aspecto: la soberanía del Reino de Dinamarca y el derecho de autodeterminación de los groenlandeses se mantienen intactos. El pacto deberá ser ratificado posteriormente por los parlamentos correspondientes. La firma en Nueva York dará así a Trump un primer éxito diplomático visible antes incluso de que termine la gran semana de la ONU y convertirá a Groenlandia en uno de los símbolos de la nueva competición geopolítica por el Ártico. Y no será el único frente. Su intervención llega en un momento en que Washington es determinante en prácticamente todos los grandes dosieres internacionales: Ucrania y Rusia, Oriente Próximo, el futuro de la OTAN y la rivalidad con China. Trump ya aprovechó la tribuna de la ONU en septiembre de 2025 para exponer extensamente su visión de la política exterior estadounidense. Este año, sin embargo, su agenda paralela puede ser casi tan importante como el discurso. Los encuentros bilaterales del presidente estadounidense serán una de las piezas que habrá que seguir durante toda la semana.

2. Los líderes confirmados en Nueva York

Además de Donald Trump, que volverá a concentrar buena parte de la atención política y mediática, así como el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, encargado de abrir tradicionalmente el debate general, se ha confirmado la presencia de figuras de primer orden. También participará el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, en una Asamblea en la que la guerra con Rusia volverá a ocupar un lugar central, mientras que Vladímir Putin no asistirá y Moscú estará representada por el ministro de Exteriores, Serguei Lavrov. Otro de los discursos más seguidos será el del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, que tiene previsto intervenir el 24 de septiembre, mientras que el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, no podrá asistir presencialmente en Nueva York porque la Administración Trump ha vuelto a negar los visados a la delegación palestina e intervendrá telemáticamente. Entre los otros nombres destacados se encuentran el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, el presidente francés, Emmanuel Macron, el primer ministro británico, Andy Burnham, que aprovechará la cita para reunirse con Trump, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. China, en cambio, tampoco estará representada por Xi Jinping, sino por el vicepresidente Han Zheng, otra ausencia significativa en una cita que reunirá cerca de 130 líderes mundiales, unos 81 jefes de Estado y 50 jefes de gobierno. También se espera una presencia importante de los países del Golfo. Trump tiene previsto reunirse con representantes de Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Catar, Baréin, Kuwait y Omán para abordar el futuro de Irán y la seguridad regional. También mantendrá un encuentro con la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez.

3. Las guerras que la ONU no consigue detener

Por encima de la Asamblea planeará una realidad paradójica difícil de ignorar: los líderes se reúnen para reivindicar la cooperación internacional mientras continúan abiertos diversos conflictos que han puesto en evidencia los límites de la organización. Ucrania volverá inevitablemente a los discursos y a las reuniones de los líderes occidentales, Rusia y los países del Sur Global. Pero también ocuparán un lugar central la situación en el Próximo Oriente, el conflicto con Irán y guerras menos presentes en los titulares occidentales, como la de Sudán. La ONU presenta oficialmente la semana como una oportunidad para impulsar la cooperación en materia de paz, seguridad y desarrollo sostenible, pero la Asamblea General no tiene capacidad para imponer por sí misma una solución a estas guerras. Aquí aparece de nuevo el problema estructural de las Naciones Unidas: en la Asamblea todos los países tienen voz, pero las decisiones vinculantes sobre paz y seguridad corresponden esencialmente al Consejo de Seguridad, donde Estados Unidos, Rusia, China, Francia y el Reino Unido disponen de derecho de veto.

4. Un mundo que ya no gira solo alrededor de Occidente

La Asamblea también mostrará hasta qué punto ha cambiado el equilibrio mundial. Las potencias occidentales continúan teniendo un peso enorme, pero países de África, Asia y América Latina reclaman más poder de decisión en unas instituciones que todavía reflejan en buena parte el orden surgido de la Segunda Guerra Mundial. El caso más evidente es el Consejo de Seguridad, donde cinco países mantienen asiento permanente y derecho de veto, mientras África, con 54 estados miembros de la ONU, no tiene ninguno. El continente reclama al menos dos asientos permanentes. La demanda va más allá. El Sur Global quiere más peso en el Banco Mundial, el FMI y el resto de la arquitectura financiera internacional, y también más autonomía diplomática ante conflictos como Ucrania u Oriente Próximo. No se trata de un bloque homogéneo alineado con Rusia o China, sino de un conjunto muy diverso de estados que quieren menos dependencia de los bloques tradicionales y más capacidad de decidir por sí mismos. Esta reivindicación tendrá también un altavoz institucional en el nuevo presidente de la Asamblea General, el diplomático de Bangladés Khalilur Rahman, que ha situado la cooperación Sur-Sur y una representación más equilibrada de los países en desarrollo entre sus prioridades. El auge de los BRICS, la Unión Africana o el G77 refleja este cambio. De fondo, la pregunta es clara: ¿quién decide las reglas del mundo y qué peso tendrán los países que durante décadas han quedado en la periferia del poder internacional?

5. La última gran Asamblea de António Guterres

La cita tendrá también un componente de final de etapa. Será la última Asamblea General de António Guterres como secretario general de la ONU, antes de que acabe su segundo mandato a finales de 2026. Guterres abrirá el debate general presentando su informe anual sobre la actividad de las Naciones Unidas, como establece el protocolo de la organización. Pero su discurso tendrá inevitablemente un significado especial después de una década marcada por la guerra de Ucrania, Gaza, las tensiones entre Estados Unidos y China, la crisis climática y el cuestionamiento de la eficacia del sistema multilateral. Su sucesión será, por lo tanto, una de las conversaciones que circularán por los pasillos aunque no sea el principal punto del orden del día. La carrera para ocupar la secretaría general de la ONU en 2027 ya está en marcha y, después de varias votaciones informales en el Consejo de Seguridad, las candidatas mejor situadas son Rebeca Grynspan, exvicepresidenta de Costa Rica y actual secretaria general de la UNCTAD, y Carolyn Rodrigues-Birkett, diplomática y exministra de Exteriores de Guyana. También continúa en la carrera el argentino Rafael Grossi, director general de la Agencia Internacional de la Energía Atómica. El proceso tiene, además, una fuerte carga simbólica: nunca una mujer ha dirigido las Naciones Unidas y existe presión para que esta vez el cargo recaiga en una candidata de América Latina o el Caribe. En última instancia, sin embargo, la clave estará en los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, ya que cualquiera de ellos puede vetar el nombre que después deberá ratificar la Asamblea General.  

6. El clima: del discurso a una amenaza muy concreta

El cambio climático tendrá un espacio propio. El miércoles 23 de septiembre, Guterres convocará una reunión de alto nivel sobre acción climática y transición justa, con grandes economías, países desarrollados y en desarrollo, estados especialmente vulnerables y productores de energía. Al día siguiente, 24 de septiembre, la cuestión será aún más concreta: una reunión especial estará dedicada al aumento del nivel del mar, considerado una amenaza existencial para algunos pequeños estados insulares y para muchas zonas costeras. El encuentro intentará impulsar compromisos comunes sobre adaptación, protección de la población y cooperación internacional.

7. De las pandemias a la inteligencia artificial

La semana servirá también para hablar de crisis que no tienen ejércitos ni fronteras. El 25 de septiembre, los gobiernos celebrarán una reunión de alto nivel sobre prevención, preparación y respuesta ante futuras pandemias, con el objetivo de aprobar una declaración política acordada entre los estados. La inteligencia artificial también tendrá presencia en la semana de alto nivel, dentro de un debate cada vez más amplio sobre gobernanza tecnológica, seguridad y las reglas internacionales que deberían regular una tecnología que avanza mucho más rápidamente que las instituciones. La ONU incluye la gobernanza de la IA entre los asuntos de la semana. A esta agenda se añaden los Objetivos de Desarrollo Sostenible, la desigualdad y el derecho al desarrollo.

8. La sombra nuclear vuelve a la agenda

La cuestión nuclear tendrá un espacio propio justo después del debate general. El 29 de septiembre, la Asamblea celebrará una reunión de alto nivel dedicada a la eliminación total de las armas nucleares, en un momento especialmente delicado después de que la Conferencia de Revisión del Tratado de No Proliferación Nuclear del pasado mayo terminara sin un documento final consensuado. La ONU recuerda que el desarme nuclear sigue siendo su máxima prioridad en materia de desarme, pero la realidad es que las tensiones entre las grandes potencias y la guerra de Ucrania han vuelto a situar la amenaza atómica en el centro de la seguridad internacional.

9. El desarrollo y la desigualdad también quieren hacerse oír

Más allá de las guerras, la Asamblea intentará evitar que la agenda internacional quede monopolizada por la seguridad. El 23 de septiembre se celebrará una reunión de alto nivel coincidiendo con los 40 años de la Declaración sobre el Derecho al Desarrollo, que defiende que todas las personas y todos los pueblos deben poder participar y beneficiarse del progreso económico y social. Es un debate especialmente relevante para los países del Sur Global, que reclaman más financiación, menos carga de la deuda y unas reglas económicas internacionales más equilibradas.

10. Lo que ocurre fuera de la tribuna puede ser más importante

La última clave no aparece en ningún orden del día. Durante la semana de la Asamblea, Nueva York se convierte en una gigantesca sala de reuniones diplomáticas. Presidentes que difícilmente coinciden en ningún otro lugar pueden verse durante veinte minutos en una sala de la ONU, en un hotel o en alguna de las misiones diplomáticas repartidas por Manhattan. Es aquí donde pueden aparecer las sorpresas. Los discursos ante la Asamblea sirven para marcar posiciones y enviar mensajes a la opinión pública. Las reuniones a puerta cerrada pueden servir, en cambio, para desbloquear negociaciones, explorar acuerdos o simplemente comprobar si existe algún margen de diálogo. Por eso, más allá de las intervenciones de Trump, Zelenski o el resto de dirigentes, habrá que mirar sobre todo quién se reúne con quién.