Hay lugares que, por mucho que se pongan de moda, siguen teniendo algo especial. Las pozas del Torrent de la Cabana, en Campdevànol, son uno de ellos. Una ruta sencilla, fresca y muy agradecida que, en cuanto empieza el buen tiempo, se llena de gente con la misma idea: caminar un rato… y acabar metido en el agua.
Un acceso fácil… pero cada vez más controlado
Llegar no tiene misterio. Desde Campdevànol, solo hay que coger la GI-401 en dirección a Gombrèn y, en apenas 2,5 kilómetros, aparece el desvío junto al càmping Pirinenc. A partir de ahí, toca aparcar.
Y aquí viene el primer aviso importante: nada de dejar el coche donde apetezca. Las zonas están claramente delimitadas y las multas pueden llegar a los 1.501 euros. No es un capricho, es la forma que han encontrado para intentar poner orden en una zona que durante años ha sufrido bastante.
De hecho, desde hace un tiempo el acceso está regulado. No se puede reservar, pero sí hay un límite de 400 personas al día. La entrada cuesta 6 euros y se compra directamente en la caseta antes de bajar hacia los gorgs. Puede parecer incómodo, pero lo cierto es que ha mejorado mucho la experiencia: menos gente, más tranquilidad y un entorno bastante más cuidado.
Una ruta que va de menos a más
El camino arranca sin grandes complicaciones, aunque al principio conviene no despistarse. El sendero no cruza la riera, sino que avanza por la derecha, marcado con pequeñas piedras. A partir de ahí, todo fluye bastante. Y lo mejor es que no hay que esperar demasiado para el primer premio.
El gorg de la Cabana aparece pronto. Es más salvaje, más recogido, dividido en dos niveles y con una cascada de unos 15 metros que ya deja claro por dónde van a ir los tiros. Si llegas temprano, todavía conserva ese punto de calma que luego cuesta encontrar. A partir de aquí, la ruta se convierte en una especie de juego: avanzar un poco, descubrir otro gorg… y decidir si sigues o te quedas.
Siete gorgs, siete paradas
Después vienen el de la Tosca, más tranquilo pero también más concurrido; el del Pi, rodeado de vegetación; y entonces aparece uno de los grandes momentos del recorrido: el gorg de l’Olla. Visto desde arriba, impresiona. Es, probablemente, el más fotogénico y uno de los que más invita a estar un buen rato en buena compañía; además, si vais en un día caluroso, incluso puede apeteceros remojaros un poco.
Más adelante llegan el del Forat, algo más discreto, y el Colomer Petit, que para muchos es uno de los mejores. Aquí ya empiezan los saltos: unos 5 metros bastante accesibles para quien se atreva. Y al final, el gorg del Colomer, el más conocido y también el más espectacular si se dan las condiciones. Aquí los saltos pueden alcanzar los 13 metros, aunque es algo que no recomendamos hacer a la ligera; hace falta estar preparado para realizar un salto de una longitud tan elevada.
