Catalunya lo tiene todo, y eso nadie lo puede negar. Quien quiera playa, la tiene de las más bonitas. Quien desee montaña, un Pirineu que no se lo acabará. Que eres de interior y de tierra firme, solo hace falta que cojas el coche y te pierdas por el centro del país. Pero por si no fuera suficiente, los amantes de los volcanes también tienen su degustación para disfrutarla sin irse demasiado lejos de casa. Se trata de un paseo único por Catalunya con volcanes dormidos y calles medievales en una ruta inolvidable.
Cómo disfrutar al máximo de una ruta de volcanes dormidos y calles medievales
La ruta por la Garrotxa es una de las escapadas más completas de Catalunya, ya que combina paisajes volcánicos, pueblos medievales y una gastronomía de gran calidad. Esta comarca gerundense destaca por la presencia de una cuarentena de volcanes extinguidos, bosques singulares y núcleos históricos que conservan intacto el encanto de la edad media.

Te proponemos una ruta que te enamorará y que no tiene nada que envidiar a los mejores planes de los viajes más exóticos. El recorrido puede empezar en Besalú, una de las villas medievales más emblemáticas del país. Su icónico puente románico del siglo XI, con dos torres defensivas, da acceso a un centro histórico lleno de calles empedradas y monumentos destacados. Son un ejemplo el micvé judío y el monasterio de Sant Pere.
A pocos kilómetros, Castellfollit de la Roca sorprende por su ubicación sobre un impresionante acantilado basáltico de más de 50 metros de altura, formada por antiguas coladas de lava. El pueblo ofrece una de las panorámicas más espectaculares de Catalunya.
La capital de la Garrotxa y sus volcanes
Seguidamente, la capital de la comarca, Olot, se encuentra dentro delParc Natural de la Zona Volcànica de la Garrotxa. La ciudad cuenta con cuatro volcanes en su núcleo urbano, entre ellos el Montsacopa, y acoge el Espai Cràter, un centro interactivo dedicado a la divulgación volcánica.

Uno de los lugares más visitados es la Fageda d'en Jordà, un bosque de hayas que crece sobre un antiguo campo de lava. Desde este espacio se puede acceder a los volcanes de Santa Margarida, con una ermita en el centro del cráter, y el Croscat, el más joven de la península Ibérica. La ruta culmina en Santa Pau, un pueblo medieval declarado conjunto histórico-artístico. Además de su patrimonio, es el lugar ideal para degustar los famosos fesols de Santa Pau. Así como otros productos locales como setas, trufas y castañas.
Con todo esto, no hay ninguna duda de que la Garrotxa ofrece una experiencia única que combina naturaleza, historia y cocina en un entorno incomparable. De nuevo, puedes encontrar verdaderos tesoros al lado de casa. ¡Anímate y descubre la magia de la Garrotxa y déjate atrapar por el misterio de una tierra que desde hace siglos ruge desde bien dentro y bien fuerte!