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La imagen desconcierta a casi cualquier persona que visita Catalunya por primera vez. Cientos de personas forman una masa compacta de cuerpos mientras, encima, una colla vestida con faja y camisa de colores se sube unos sobre otros hasta alcanzar diez pisos de altura. En lo alto de todo, una criatura de unos cuatro años levanta el puño en alto y corona la construcción. El castell se ha completado. Y no de forma casual, ya que según la antropóloga Candela Antón, "La razón por la cual los catalanes subimos castells tiene que ver con la confianza".

La confianza de los 'castells' y su mensaje antropológico

Este es el punto de partida de la nueva serie divulgativa sobre antropología catalana que Antón ha iniciado en Instagram. Con vídeos breves y un lenguaje cercano, la especialista analiza costumbres y rituales colectivos de Catalunya desde una mirada antropológica. El primer episodio está dedicado a los castells, una de las tradiciones más emblemáticas del país. En este sentido, la antropóloga asegura que la razón por la cual los catalanes subimos castells tiene que ver con la confianza.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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La divulgadora explica que los castells no son solo una exhibición física o festiva, sino una metáfora viva de la confianza colectiva.  La construcción castellera tiene una estructura cargada de significado. La piña, situada abajo del todo, es la base anónima que sostiene el conjunto. El tronco está formado por los cuerpos que soportan el peso de la torre, mientras que en la parte superior sube la chiquillería. La anxaneta, el niño o niña que corona el castell, simboliza la culminación del esfuerzo colectivo.

El poder de la comunidad

La interpretación antropológica de los castells no es nueva. En su estudio de 2015 Catalonian’s Human Towers: Nationalism, Anthropology and Performance, la investigadora Marian Vaczi, de la Universidad de Nevada, observa que los castells distribuyen el riesgo de manera colectiva. Nadie cae solo porque la piña existe precisamente para recoger a quien cae. Según Vaczi, se trata de "una arquitectura mutua hecha cuerpo", basada en la confianza y la interdependencia.

La antropóloga también defiende que los castells funcionan como un ritual de igualdad performativa. Aunque dentro de la colla existe una jerarquía, esta es funcional y no social ni económica. La posición de cada miembro no depende de su origen o clase, sino del peso, la habilidad o la edad. La presencia de los niños en la parte más alta tampoco es casual: si el cuerpo más frágil puede llegar hasta la cima y bajar sano y salvo, es porque la comunidad ha funcionado.

Los 'castells', una forma de mostrar la identidad de los catalanes al mundo

Los castells nacieron en el Camp de Tarragona durante el siglo XVIII como competiciones entre collas locales. Con el tiempo, sin embargo, se han convertido en un icono identitario de Catalunya y fueron reconocidos como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad por la UNESCO.

Para Antón, este proceso es especialmente fascinante desde el punto de vista antropológico. Entre muchos rituales posibles, la sociedad catalana acabó escogiendo una torre de cuerpos humanos para representarse ante el mundo. Una imagen espectacular que, más allá de la fuerza física, habla sobre todo de una confianza y fuerza compartida que nos define como pueblo.