Hay un verbo en catalán que, cuando lo descubren muchos castellanohablantes, los deja un poco descolocados: caldre. No porque sea especialmente complicado, sino porque funciona de una manera diferente a la que esperan en catalán. Lo más curioso es que, en castellano, no hay una palabra exactamente igual, y eso hace que al principio cueste entenderlo del todo, aunque se utilice constantemente en el día a día.
No es exactamente 'necesitar'
De entrada, mucha gente piensa que caldre significa 'necesitar'. Pero no del todo. Si tú dices necesito comer, estás hablando de una necesidad personal, tuya. En cambio, si dices cal menjar, el sentido cambia: ya no es 'yo necesito', sino más bien 'hay que comer', 'hace falta', 'es necesario'. Es una necesidad general, como una evidencia o una norma que no depende de una persona concreta.
Un verbo sin sujeto
Y aquí es donde viene la gracia del verbo: caldre no necesita sujeto. No hace falta decir quién lo necesita, simplemente se dice que… cal ('hace falta'). Por eso frases como cal estudiar més, caldrà veure què passa o caldria parlar-ne suenan tan naturales en catalán. Es una manera directa y práctica de decir que algo toca, conviene o es necesaria, sin tener que darle más vueltas. En castellano, normalmente lo expresas con hay que o hace falta, pero en catalán una sola palabra ya hace todo el trabajo.
El clásico 'No cal'
Una de las expresiones más típicas es No cal, que seguramente es de las primeras que aprende cualquier persona que oye catalán en la calle. Es corto, claro y resuelve muchas situaciones.
—¿Llevo paraguas?
—No cal.
—¿Hace falta que vengas ahora?
—No cal.
Y ya está. Es una respuesta muy habitual porque ahorra explicaciones y suena totalmente natural.
Otro detalle que desconcierta bastante es que caldre no se conjuga como un verbo normal. No existe yo calo o tú cales. No se dice así. Normalmente, lo encontrarás en formas impersonales como cal, calia, caldrà, caldria o ha calgut. Es un verbo que siempre flota un poco por encima de las personas, porque sirve para hablar de lo que es necesario en general, no de lo que necesita alguien en concreto.
Quizás por eso a los castellanohablantes les cuesta tanto al principio: porque el castellano no tiene un equivalente exacto. Tiene maneras de decirlo, sí, pero no una palabra tan compacta y directa. Y, cuando aprendes catalán, este verbo te obliga a cambiar un poco el chip y acostumbrarte a esta manera de expresar obligaciones o necesidades sin sujeto.
Una vez lo empiezas a entender, lo ves por todas partes: no cal patir, cal tenir paciència, cal que vinguis, ja calia. Es de aquellos verbos que sirven cada día y que acaban saliendo sin pensar. Y quizás por eso llama tanto la atención: porque es simple, pero dice mucho con muy poco. Caldre es una de estas pequeñas particularidades que hacen el catalán especial.
