Ayer, 28 de febrero, Estados Unidos e Israel bombardearon Irán. La Operación Furia Épica ha establecido el ataque a instalaciones nucleares, sedes de la Guardia Revolucionaria, edificios gubernamentales y zonas próximas a la residencia del líder supremo, Alí Jamenei. La Media Luna Roja confirma al menos 201 muertos y 747 heridos. Reuters informa de que el yerno y la nuera de Jamenei han muerto en los bombardeos, aunque el régimen lo niega.
La respuesta iraní ha sido inmediata: misiles contra Israel, bombardeos a bases estadounidenses en Kuwait, Emiratos, Catar y Baréin, e impactos en el aeropuerto de Kuwait y un hotel en Dubái. Israel ha declarado el estado de emergencia y ha cerrado colegios. Mientras caía la noche del sábado, seguían las explosiones en Teherán. La excusa oficial es el programa nuclear iraníEstados Unidos acusa a Irán de enriquecer uranio al 60 %, un nivel peligrosamente cercano al armamento militar. Irán insiste en que su programa es pacífico

Ya en junio de 2025, Trump ordenó bombardear las plantas nucleares de Fordow, Natanz e Isfahan, asegurando que el programa había sido “borrado”. Mentira. Imágenes de satélite de febrero muestran que Irán estaba reconstruyéndolas. Y el Organismo Internacional de Energía Atómica denunció que se le negó el acceso a los sitios de enriquecimiento desde entonces. Pero hay más capas. Irán está viviendo la mayor ola de protestas de su historia desde diciembre de 2025: más de 100 ciudades en llamas. La represión ha sido salvaje: 3.428 manifestantes asesinados y 19.000 detenidos según Iran Human Rights. Amnistía Internacional habla de “masacres” con fuego real y desapariciones forzadas. El régimen de los ayatolás se está cayendo por dentro. Aunque tampoco se puede obviar el hecho de que hay intereses muy evidentes en provocar desde fuera estas protestas, generando caos y confusión, agravada por la falta de información directa (desde Irán se ha limitado el acceso a internet y es prácticamente imposible contrastar la información y contactar con fuentes directas).

Muchos analistas creen que esta guerra exterior es su última tabla de salvación. Hace apenas una semana había esperanza. Irán y Estados Unidos negociaban en Ginebra, mediados por Omán. Se habló de “progreso significativo”. Pero el 16 de febrero, en plenas conversaciones, la Guardia Revolucionaria cerró temporalmente el estrecho de Ormuz para maniobras militares. El mensaje era claro: si nos atacáis, el mundo lo pagará. 

El pasado jueves las negociaciones entre Estados Unidos e Irán parecían avanzar y se habían marcado en la agenda continuar hablando mañana, lunes. Ahora todo ha saltado por los aires.

Este no es un problema lejano. Lo vas a notar en tu bolsillo, en tu recibo de la luz y, si esto sigue escalando, en el orden mundial tal como lo conoces

Ayer, sábado, por la tarde, conocíamos que el estrecho de Ormuz se cerraba. Se trata de un cuello de botella de 30 kilómetros entre Irán y la Península Arábiga. Por ahí pasa el 20 % del petróleo mundial. La Guardia Revolucionaria comenzó a emitir señales de radio a los buques diciendo que “ningún barco puede pasar”. 

Si Irán cierra Ormuz, Goldman Sachs calcula que el barril de Brent podría dispararse hasta 90-110 dólares. Otros hablan de 120-150 dólares. El petróleo WTI ya subió casi un 10 % tras los ataques. Traducción: vuelta de la inflación, gasolina cara, luz cara, vida cara. Y esto no es un problema solamente para Oriente Medio. Es un problema para ti, porque las consecuencias se verán de manera inmediata en el recibo de la luz de tu casa, en el precio de la gasolina, en el encarecimiento de los productos básicos que consumes.

Trump ha dicho que busca el cambio de régimen en Irán. Ha llamado al pueblo iraní a “tomar las riendas de su destino” y ha pedido la “rendición total” del ejército iraní. Israel apoya la operación y considera los arsenales de misiles iraníes una amenaza directa. Rusia y China lo llaman “agresión no provocada” y “violación del derecho internacional”. China ha advertido que no se quedará “de brazos cruzados” y amenaza con represalias comerciales. La Unión Europea habla de “profunda preocupación” y Macron de “estallido de guerra”. España, con Pedro Sánchez, ha rechazado “la acción militar unilateral” pero también ha condenado al régimen iraní. Ahora hay 158 españoles en Irán intentando salir del país.

Aquí hay dos verdades incómodas que conviven: Irán es un régimen brutal que masacra a su propio pueblo, financia milicias y ha jugado con el límite del programa nuclear durante años. Pero también es cierto que Estados Unidos e Israel han atacado un Estado soberano sin autorización del Consejo de Seguridad. El propio Organismo Internacional de Energía Atómica nunca confirmó que Irán estuviera fabricando armas nucleares. Y hay quien ve en esta ofensiva un cálculo político de Trump en año electoral. Ambas cosas pueden ser ciertas a la vez. Y ambas tienen consecuencias devastadoras.

Si los ataques son breves y el estrecho se mantiene abierto, los mercados se estabilizarán, como ya pasó en junio de 2025. Pero si Trump va en serio con el cambio de régimen (y parece que sí) y el estrecho se cierra efectivamente, estamos ante la mayor crisis petrolera en décadas.

Mientras escribo estas líneas en la noche del sábado, siguen las explosiones en Teherán, los mercados energéticos están en caos y 158 españoles intentan volver a casa desde una zona de guerra. Nadie sabe cómo amanecerá este domingo.

Lo único seguro es que este no es un problema lejano. Lo vas a notar en tu bolsillo, en tu recibo de la luz y, si esto sigue escalando, en el orden mundial tal como lo conoces. Conviene estar muy atentos.