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Tomàs Molina ha dedicado buena parte de su vida profesional a la meteorología, pero todo apunta a que sus hijos no seguirán exactamente el mismo camino. El popular meteorólogo reconoce que, aunque ambos han crecido en un entorno muy vinculado a la ciencia, sus intereses académicos se están orientando hacia otros campos. “Me temo que no serán meteorólogos, estudian ingeniería y física”, explica con naturalidad.

La frase refleja también una realidad habitual en muchas familias: compartir inquietudes no significa necesariamente repetir profesión. En casa de Molina, la ciencia continúa teniendo mucho peso, pero cada uno ha encontrado su propia manera de acercarse a ella. Ingeniería y física mantienen ese vínculo con el conocimiento científico, aunque desde perspectivas diferentes a la meteorología.

La ciencia sigue muy presente en la familia

Molina siempre ha mostrado una enorme pasión por entender cómo funciona la atmósfera y por trasladar ese conocimiento al público. Esa curiosidad científica forma parte de su identidad y, de alguna manera, también está presente en la formación que han escogido sus hijos.

Tomàs Molina Instagram (8)

Que uno estudie ingeniería y otro física demuestra que existe una continuidad en el interés por disciplinas técnicas y científicas. Sin embargo, el propio meteorólogo asume que eso no tiene por qué acabar desembocando en mapas del tiempo, predicciones o modelos atmosféricos.

No necesita que sigan exactamente sus pasos

La reflexión tiene también un punto de humor. Cuando dice “me temo que no serán meteorólogos”, no transmite una decepción real, sino la constatación de que sus hijos están construyendo un camino propio. Para Molina, lo importante parece estar más en la inquietud por aprender que en reproducir exactamente su trayectoria. Además, física e ingeniería mantienen muchos puntos de contacto con áreas que también aparecen en meteorología: matemáticas, análisis de datos, modelización y comprensión de fenómenos complejos. Por eso, aunque no terminen presentando el tiempo, la distancia respecto a la profesión de su padre tampoco es absoluta.

Molina ha hablado en otras ocasiones de su dedicación casi total a la meteorología, hasta el punto de asegurar que su tiempo libre también se lo dedica “al tiempo”. Sus hijos, en cambio, parecen haber encontrado otros intereses dentro del mismo universo científico. La familia mantiene así una conexión clara con la ciencia, pero sin necesidad de repetir profesiones. Molina puede ser uno de los meteorólogos más reconocidos de Catalunya, pero en casa todo apunta a que la siguiente generación tomará una dirección distinta: más cerca de la ingeniería y la física que de los mapas del tiempo.