Con la llegada del verano, las ventanas abiertas y las horas de sol, hay un visitante que parece inevitable: las moscas. Pequeñas, rápidas e incansables, son capaces de ponerte de mal humor en cuestión de según. Entran en la cocina, se pasean por la comida e incluso se cuelan en las habitaciones. Ante esta situación, muchas personas buscan soluciones que sean efectivas, pero también seguras, sin tener que recurrir constantemente a los insecticidas químicos que dejan olor y pueden ser perjudiciales. La buena noticia es que existen remedios de toda la vida que siguen funcionando y desde La Gandula d'ElNacional.cat membranas daremos a conocer.

🤔El truco de abuela para lavar las zapatillas deportivas a la lavadora y que queden perfectas

 

La bolsa de agua: un clásico sorprendente

Uno de los trucos más conocidos es el de la bolsa transparente llena de agua. En muchos hogares, sobre todo en pueblos y terrazas en verano, es habitual verlas colgando en ventanas o puertas. Algunas personas añaden bolas de papel de aluminio o unas cuantas monedas, de manera que cuando la luz incide se crean reflejos brillantes y cambiantes.

Este juego de luces provoca una ilusión óptica que desorienta las moscas. Estos insectos tienen unos ojos muy sensibles al movimiento y a los reflejos, y ante este espectáculo de destilos deciden marcharse antes que acercarse. El truco es colocar las bolsas en los puntos de entrada habituales, como las ventanas de la cocina o las puertas que dan al patio o al balcón.

El papel de aluminio como repelente visual

Si no quieres complicarte tanto, puedes recurrir a una versión todavía más simple: el papel de aluminio en solitario. Solo hace falta recortar unas tiras y engancharlas en lugares|sitios estratégicos: marcos de ventanas, encima del frutero, entre las plantas del balcón o incluso colgadas del techo de la cocina.

Su brillo metálico y el reflejo constante incomodan a la visión de las moscas. Es como si vieran una serie de espejos que las hacen sentir inseguras, y por eso deciden mantenerse alejadas. Además, es un método que puedes improvisar en cuestión de minutos, con materiales que casi todo el mundo tiene en casa. Estos remedios tienen ventajas claras: no contaminan, no representan ningún riesgo para niños ni mascotas, y no dejan ningún olor desagradable. A diferencia de los aerosoles químicos, que pueden afectar a las vías respiratorias y dejar restos en los alimentos, la bolsa de agua y el papel de aluminio son opciones seguras y respetuosas con el entorno doméstico.

También son económicos: no requieren inversión ni productos especiales. Una bolsa reutilizada o un trozo de aluminio son suficientes para conseguir un efecto sorprendente. Y lo mejor de todo es que se pueden mantener colocados durante días sin perder efectividad.